Poder.
Triztan y Domenicus Talin llegaron por una de las puertas laterales de la cámara del Valle de Oro; estaban sorprendidos al ver la agitación del lugar. Había seres incluso que Triztan solo había leído que existieron; por un segundo pensó que había entrado en uno de sus viejos sueños. Había mesas por doquier, seres que iban y venían. Parecía ser una gigantesca oficina de algún tipo; incluso podían encontrarse algunos mortales en el lugar.
—¡Triztan! —gritó la voz desde el otro lado de la cámara. Era un hombre que sonaba enteramente familiar—. ¡Triztan! —llamó una vez más la voz.
Ella buscaba alrededor de la cámara el punto de origen de esa llamada.
—Ven conmigo —pidió Triztan tomando la mano de Domenicus y comenzando a caminar al otro lado de la cámara.
Atravesó el lugar con cautela ante la mirada extraña de todos; los ahí presentes sabían perfectamente quién era ella. Conocían de sobremanera las historias de aquel día en donde cientos de Zelldres murieron por su propia mano; la observaban como si fuese una especie de enfermedad o de celebridad. Algunos con odio y otros con gusto. Llegó hasta el otro lado de la cámara donde se encontraba Lawrence Hawthorn; este era el que la llamaba.
—Lawrence —saludó Triztan acercándose a él y abrazándolo con fuerza.
—Tu abuela estará feliz de verte —dijo Lawrence en un suspiro respondiendo el abrazo. El verla le regresaba un poco de la esperanza que creía perdida.
—Hay alguien a quien debo presentarte —le soltó un poco el brazo a Lawrence—. Él es tu tío Domenicus Talin, mi padre —presentó con calma señalando a Domenicus.
Lawrence extendió la mano; Domenicus correspondió al saludo.
—Un placer —dijo Lawrence con calma esbozando una gran sonrisa, reconociendo en el rostro de este el rostro de su madre.
—Es compartido —respondió Domenicus viendo a Lawrence a los ojos. Por primera vez sintió que su vida estaba completa; tenían a su hija, un recuerdo fiel de Julián, y ahora al resto de su familia.
—Tal parece que Lukyan logró reunir a toda su familia —murmuró Triztan con una sonrisa tierna en los labios y los ojos llenos de lágrimas.
—Creo que sí.
Concordó Lawrence con calma colocando su mano en el hombro de Triztan. Sin darse cuenta, los tres empezaron a ser rodeados por los seres mágicos que estaban en la cámara.
—¿Qué hace ella aquí? —interrogó una ninfa de nombre Shati de cabello corto plateado muy brillante; su piel era tan blanca que parecía papel y sus ojos de mil colores como si fuera un arcoíris. De rasgos amables, vestía con ropas pertenecientes al clan Aimus y se acercaba a ellos—. Es peligroso que esté aquí —concluyó dejando ver la preocupación que la embargaba.
Algunos de los seres mágicos presentes en el lugar estuvieron de acuerdo con sus palabras, mientras que otros renegaban de ese comportamiento. Su interrogante había atraído la atención de muchos en el lugar.
—No hay nada de qué temer —corrigió Triztan en tono conciliador volviéndose hacia la ninfa.
—Todos sabemos que el lado oscuro es parte de ti; no debiste matar a todos esos Zelldres, Jakzen y Wizdart negros —explicó Shati dejando ver su desprecio por Triztan. Era la primera que se atrevía a reclamarle ese hecho.
—En ese tiempo no sabía nada de mí —respondió Triztan con cautela, sintiéndose apenada por algo que sabía había estado fuera de su control—. Estaba tan perdida y, aunque sé que no es justificación, no puedo cambiar lo que he hecho en el pasado.
—Déjala, ella puede estar donde desee —reprimió Lawrence en tono conciliador acercándose a Shati.
—¿Y quién te dice que no nos matará también?
—Ella nos libró de muchos de nuestros enemigos, y también eliminó a muchos de nuestros amigos —reprochó un troll de cabello negro llamado Ytel. Lo que había dicho, los tres no sabían si era un reproche o palabras de apoyo.
—Sé que me temen, me ven como un monstruo y no los culpo, pero no pretendo dañarlos. Hay cosas que aún desconocen —comenzó a explicar Triztan en tono conciliador—. Logré reunir las espadas de poder y eso me costó mis recuerdos; una vez que los recuperé ella se separó... pero eso no es lo más grave... el Grimma se apoderó de mi lado oscuro —concluyó casi en un suspiro guardando silencio.
Las palabras que acababa de decir retumbaban en las paredes de la cámara como si hubieran tocado una gigantesca campana dentro del lugar. Nadie se atrevía a hablar.
—¿Qué has dicho? —interrogó el dragón negro Necrum acercándose al grupo reunido, que se abría paso entre ellos.
—El Grimma se reveló después de desaparecer lugares y amigos —respondió Triztan con calma tratando de ocultar la nostalgia de su corazón—. Fue él el que ha maquilado todo este juego. Dejará que nosotros hagamos el trabajo sucio y sé que este será el comienzo del fin —concluyó muy segura de sí, viendo los enormes ojos negros de Necrum.
—Si todo esto es verdad, podrás salvarnos. Tú puedes regresar en el tiempo tal como lo hacía Lukyan —sugirió Trea atrayendo la atención de todos, acercándose a Triztan.
Esa idea fue de agrado para muchos de los seres ahí presentes.
—No lo haré.
Respondió con tono tajante viendo los ojos de Trea; aun cuando no lo aceptara, su corazón también estaba deseoso de volver en el tiempo y hacer que las cosas fueran distintas.
—Vamos, Triztan, tienes el poder para hacerlo —dijo Trea con sarcasmo parándose frente a ella—. Evitarías todo esto —concluyó señalando a su alrededor.
—No lo entiendes. Por alguna razón ese don solo lo tienen algunos descendientes de la raza de Slavik; ese poder es demasiado peligroso para usarlo a la ligera —dijo Triztan furiosa entre dientes, clavando su mirada en esta.
—Pero podrías evitar que todo esto pasara —repuso Trea segura de lo que decía.
Muchos en el lugar la apoyaron con protestas para que lo hiciera, pero eso no era algo que Triztan estuviera dispuesta a hacer.
#1419 en Fantasía
#682 en Personajes sobrenaturales
magia, magia amor fantacias, seres sobrenaturales mágicos místicos
Editado: 15.08.2026