Los Rosseliu, Destin.
La muerte de aquel inocente había cimbrado al mundo como si hubiese sido un terrible, inmenso e interminable terremoto. Pero en medio de las sombras, nadie pudo percatarse de que la oscuridad se recrudecía. Sólo los más viejos sabían lo que eso significaba y temían por el curso que las cosas habrían de tomar. Triztan Talin había regresado a Tellmon; apareció en medio de la plazuela central que estaba al norte de la ciudad. Se sentía devastada. No le sorprendió ver a Gregor Dulacc ahí; con calma se acercó a él y este la abrazó, sentándose en el suelo con Triztan, quien se había dejado caer.
—No fue tu culpa —dijo Gregor en tono conciliador, tratando de que el sentimiento de desolación de Triztan desapareciera, pero sabía que no sería así—. No fue tu culpa.
—¡Sí lo es! —corrigió ella entre sollozos.
La desesperación en su corazón no era por las consecuencias que eso traería, sino por haber terminado con la vida de ese pequeño.
Tres figuras sin rostro, de larga cabellera roja, amarilla y azul, vestidas con largas túnicas antiguas, aparecieron rodeándolos en un triángulo. Las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer. Triztan y Gregor los observaban con cautela; los habían estado buscando por un largo tiempo y ahora estaban frente a ellos. Parecía ser una broma cruel del destino.
—Has sido dirigida por una magia tan antigua, poderosa y oscura, que tu agonía apenas comienza —dijeron las tres figuras al mismo tiempo; su voz se escuchaba un tanto melodiosa y su amenaza sumamente terrible.
—Ella no ha hecho nada —dijo Gregor furioso, volviéndose hacia la figura de color azul.
—Tampoco lo impidió —respondieron los tres con cautela, dejando que su voz resonara en la cabeza de Triztan. Pero, ¿cómo podía haber impedido algo que para ella no estaba pasando?
—Eso es injusto. ¿Cómo podría haberlo impedido? —murmuró Gregor abrazando a Triztan, tratando de defenderla de tan terrible acusación.
—Destin tiene razón —dijo Triztan interrumpiendo a Gregor casi en silencio, rozando con su mano la mejilla de este para que se volviera a verla—. Pude haber hecho más...
—Eso no es verdad.
Le reprochó viéndola a los ojos, tocando la mejilla de ella con sus dedos para que se volviera a verlo.
—Ese era su destino —corrigió Destin, quienes eran los tres destinos que controlaban el curso de la vida de cualquier criatura mortal e inmortal que caminaba sobre este vasto prado llamado universo.
—¿No les parece que ya ha sido suficiente?
Interrogó en un grito sin soltar a Triztan.
—Yo no le impuse nada en su camino, ella es quien lo ha forjado… le dimos la libertad que a ningún otro ser de su especie, para moverse por el mundo a voluntad.
—Nosotros existimos desde el principio, desde el primer ser que caminaba sobre este planeta; así que no es mi deber decidir cuál será el camino de cada uno, mi deber es hacer que se cumpla el camino elegido —continuó Destin de color rojo. Era difícil saber si los tres destinos los observaban por individual o al mismo tiempo, ya que en sus rostros no existía rastro alguno de ojos, nariz o boca.
—¿Qué pasará conmigo ahora? —interrogó Triztan con lágrimas en los ojos, alejando un poco a Gregor Dulacc de ella y volviéndose a ver a los tres destinos.
—En tu destino estaba marcada la muerte de ese inocente por tu propia mano; ahora la sombra te consumirá —respondió Destin de color amarillo.
—Ese no puede ser su destino; su vida ha estado controlada por eventos fuera de su alcance, por personas y seres que han decidido por ella —explicó Gregor con calma tratando de defenderla, como si él fuera su abogado defensor en un juicio, ayudándole a ponerse de pie.
—Eventos que definieron su destino, dejando que ella tomara cada una de sus decisiones —explicaron los tres destinos—. Pero, mi joven oráculo, usted sabe que cuanto más difíciles son las cosas, aún hay esperanza —concluyeron con amabilidad desviando sus cabezas hacia Gregor.
—Ustedes se encontraron con una sola razón: cumplir cada uno con lo que le aguardaba —dijo Destin de color azul señalándolos con una mano.
—¿Cómo sabré cuándo regresar al camino? —interrogó Triztan casi en silencio, cruzando los brazos sobre su pecho, sintiendo apenas el frío de la lluvia.
—Todo a su momento, Triztan, todo a su momento.
Le dijeron, como pidiendo calma, los tres destinos; con una paz como si con ello pudieran desaparecer el dolor y la desesperanza que estaban consumiendo a la Didrak.
—Quiero saber… algo más —pidió Triztan en tono conciliador, secándose las lágrimas de los ojos—. ¿Cómo es que mi padre es aquel que controla su destino? —interrogó viendo a los tres destinos uno a uno con cautela.
—Porque sacrificó su propia vida para salvarme la primera vez que atrapó al Grimma; ese acto lo dejó fuera de tiempo, del mismo modo en que su camino terminará cuando él quiera partir… le dimos un poder único en el universo, es similar al tuyo, solo que él no necesita ser atacado o tener contacto con el portador —explicaron los tres destinos con ternura en su voz.
—Eso lo convierte en uno de nosotros —dijo Triztan con un atisbo de nostalgia en su voz, agachando el rostro y clavando la mirada en el suelo.
—No podría ser de otro modo —respondieron al unísono—. El principio del fin se acerca; cuando esto pase, recurran a sus hermanos; el control de ese antiguo poder nos pertenece.
—¿Qué poder?
Interrogó Triztan confusa levantando el rostro; no entendía aún, en realidad, lo que ser único era.
—Dejen que sus corazones les guíen —pidió Destin de color amarillo, desvaneciéndose en el viento. Destin desapareció en un montón de polvo de color amarillo, como si este fuera soplado por el viento; seguido desapareció Destin azul del mismo modo, y el último fue Destin rojo, dejándolos solos.
—¿A qué se referían? —interrogó ella volviéndose a ver a Gregor con calma.
—No lo sé.
—Eres el oráculo —reprochó Triztan acercándose a él. La lluvia se había acentuado—. Deberías saberlo.
—Así es, pero aún hay cosas ocultas para mí.
—Lo sé —murmuró con un nudo en su garganta que ahogaba su voz, tratando de entender las palabras de los tres destinos. Lo abrazó con fuerza—. Por favor, lee ese maldito libro —pidió desvaneciéndose, dejando a Gregor preocupado en Tellmon.
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Editado: 15.08.2026