Dos mundos, saga Histria Oculta, Tomo 2

Cincuenta y tres.

Ecos en las Ruinas

—¡Ahora, observa mi obra! —decía Kira volando sobre las ruinas del mundo. Se detuvo sobre lo que alguna vez fuera su hogar—. Debes aceptar que me han facilitado las cosas de una manera inimaginable —concluyó con una sonrisa macabra, observando el jardín muerto de la casa.
—Sólo responde una cosa…

Le pidió observando las ruinas de la ciudad, tratando de recordar cómo es que esta había sido en sus mejores épocas: las calles, los edificios, las personas, el barullo de la ciudad; la vida misma.

—Dime —indicó el Grimma con calma, dispuesto a tener una conversación tranquila, pero no sensata.
—Tú podías haber destruido ambos mundos con facilidad, ¿por qué no lo hiciste?
—Así es, pero es más divertido de este modo. Es más divertido ver cómo se autodestruyen y hacen desaparecer todo lo que han construido, cómo aniquilan su mundo.
—¿Divertido?

Interrogó Kira furiosa, tratando de recuperar el control de su cuerpo; peleando desde dentro como un animal furioso.

—Debes calmarte —le pidió la voz de una mujer que sonaba un tanto extraña, atrayendo la atención de Kira. El Grimma no podía verla; sin embargo, estaba frente a él. Pese a esto, no podía escucharle ni hablar con ella.
—¿Qué quieres? —interrogó Kira viéndola frente a ella como si fuera un fantasma.

Era la ninfa Igmos, del Valle de Oro, que al igual que todo en el mundo, estaba muriendo.

—Ya lo sabes: terminar con todo esto. Esa es mi naturaleza y no me voy a detener —respondió el Grimma como si Kira estuviese hablando con él.
—Él no puede verme —dijo Igmos, esbozando una irónica sonrisa—. Solo tú —concluyó con un tono conciliador. Un clon de Kira apareció frente a ella.
—Este poder es magnífico: poder estar en dos lugares al mismo tiempo.

El Grimma veía a Kira de frente e Igmos estaba entre ellos. Ese lugar quizá era el más peligroso de todos, pues frente a sí tenía a uno de los Didraks más peligrosos controlados por el Corazón Sombrío y, a su espalda, la amenaza que se estaba devorando al mundo; sin embargo, no tenía temor alguno de ellos.

—Así es —dijo Kira entre dientes viendo de reojo al Grimma.
—Escucha, solo podré decirlo una vez; no tengo tiempo en este momento para responder tus dudas —explicó Igmos con calma, haciendo un ademán para señalar al Grimma—. No porque no quiera hacerlo.
—Bien —dijo Kira tratando de controlar la furia que la abordaba.
—Bien, ¿qué te parece bien? ¿Que lo entendieras? —interrogó el Grimma molesto, cruzando sus brazos.
—Todos y cada uno de tus actos te han traído severas consecuencias; debes dejar de ser tan impulsiva y controlar tus actos —comenzó a explicar Igmos con calma, esperando que, pese al corazón oscuro de Kira, le escuchara.
—¿Crees que no entiendo eso? —interrogó Kira interrumpiéndola en un grito.
—¿Qué es lo que acabo de decir? —interrogó él, comenzando a ponerse furioso observando a Kira con detenimiento.
—Sé que lo sabes, pero debes darte cuenta de que has provocado la mayoría de los trágicos eventos en tu vida —explicó la ninfa. Kira la observaba un tanto molesta—. Cuando fuiste atacada por Lukyan, aun cuando eras lo que más amaba, no pudo salvarte... pusiste a tus amigos en contra por no querer alejarte de él. Aun cuando el dragón negro te previno, tú decidiste continuar cerca de Zardok Torbal y, al final, en un impulso lo mataste... solo para lograr que el Grimma se apoderara de ti —concluyó Igmos señalándola. La voz de esta se comenzaba a escuchar un tanto aturdida.

—No podía evitarlo —murmuró Kira tratando de controlar su furia, su tristeza y su dolor para no alertar al Grimma de la presencia de esta.
—Claro que no; aun cuando decidieran regresar el tiempo esto pasará de un modo u otro —respondió este con sarcasmo, como si con ello rompiera las últimas esperanzas de Kira por evitar aquella oscura tragedia.
—Claro que sí. En el futuro sigue a tu corazón, él te dirá cuándo sea momento de continuar y de salvarle. No soy yo quien quería decirte esto, pero el mundo aún necesita de ti. Has atravesado cada aterradora puerta o ventana que ha aparecido frente a ti; te has levantado cuando nadie cree que eres capaz de hacerlo. Pero, como a todos, llegará un punto en el que no tengas fuerzas y sola no podrás... Escucha esto y con mucha atención: debes ir a Avaricum, allí encontrarás una ayuda más valiosa de la que yo puedo darte. Pero, sobre todo, cuida que el Grimma no lo sepa... Tú sabrás cómo resolverlo —concluyó Igmos desvaneciéndose en el viento.
—Eso lo he escuchado muchas veces —murmuró Kira—. Pero nunca lo entendí hasta ahora —concluyó en un tono triste, desviando su mirada hacia las ruinas de la ciudad.
—De modo que tenías que convencerte para comprender cuál era tu destino en este juego, mi amada Kira —dijo el Grimma con su sarcasmo acostumbrado, colocándose frente a ella.
—¿Por qué hemos venido aquí? —interrogó Kira descendiendo al suelo con lentitud.
—Recorreremos tu andar por este mundo; quiero que reconstruyas cada uno de tus recuerdos —respondió este parándose a un lado de Kira. Sin duda disfrutaba el hecho de trastornarla.
—¿Qué buscas? —interrogó Kira con suspicacia, tratando de ocultar su confusión.
—Torturarte, simple diversión; estoy un poco aburrido —respondió en un tono un tanto misterioso.

El clon de Kira se desvaneció. Era evidente que el Grimma recobraba el control completo del cuerpo de ella, y esta creía que el hecho de que dieran un vistazo a su vida era porque algo estaba buscando; tendría que utilizar el doble de su poder para que no sucediera.

—No pierdas ese tiempo; mientras más rápido se libre esa gran batalla, más rápido terminará —murmuró Kira furiosa, cansada de haber sido utilizada por tantos años por todas las personas que se habían cruzado en su camino, tan solo para llegar a ese abrumador momento.
—Bien, entonces es hora del primer ataque —respondió el Grimma esbozando una terrible sonrisa en su rostro—. Volvamos a casa; una célula del ejército hará una visita a la perfecta Djabeil —concluyó desapareciendo unos segundos después.




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