Los Rosseliu: Cronos
Kira Talin había subido a su habitación, que estaba en la tercera torre que le habían agregado a la fortaleza. Desde ese lugar podía apreciarse mucho del mundo, o lo poco que quedaba de este. Esta torre era la más alta; le llamaban “La Torre del Vigía”. Tenía un par de horas que se había recostado y que había quedado profundamente dormida. Su habitación estaba llena de lujos, con las paredes oscuras y una gran cama en el centro.
Todo estaba perfectamente iluminado, como si fuese la recámara de un rey de antaño. Desde hacía tiempo ella no soñaba; lo único que podía ver al cerrar los ojos era el inmenso vacío en su interior.
—Ven a un lugar seguro —susurró una voz en el viento.
Kira entró a un mundo que estaba enteramente lejos de las manos del Grimma. Comenzó a soñar con su vieja casa; era exactamente tal como la recordaba. Por un tiempo se sintió libre, segura y en paz. Estaba parada en medio del recibidor contemplando todo a su alrededor cuando un anciano de toga gris, con una hoz en la mano izquierda, apareció frente a ella.
—¿Sabes quién soy?
—¿Por qué debería saberlo? —respondió Kira con algo de molestia, cruzándose de brazos y retirando su vista del anciano.
—Se llama Cronos, es el padre del tiempo que nos rige y, por una extraña casualidad, el padre del universo quizá —dijo Triztan saliendo de la biblioteca. Se veía enferma, muy pálida y cansada.
—Triztan, qué gusto verte —saludó de forma sarcástica, volviéndose a ver a Triztan sin obtener respuesta.
—No las traje aquí para fraternizar —reprochó Cronos, golpeando el piso con su voz para atraer la atención de ambas mujeres que, por mucho, lucían muy diferentes una respecto a la otra.
—¿Cuál es el motivo? —interrogó Kira volviéndose a ver al anciano con la furia en su mirada; ella no le conocía de nada y en verdad poco le interesaba.
—Luz y oscuridad —respondió con seriedad—. Eso es realmente lo que están enfrentando, pero desconocen lo que están haciendo —concluyó guardando silencio. Las dos mujeres se quedaron calladas pensando un poco en esas palabras.
—El Grimma —dijo Kira con presunción, colocando su mano sobre el Corazón Sombrío.
—Esto va más allá de él, incluso del bien y del mal —respondió Cronos molesto. Triztan solo observaba desde la puerta de la biblioteca—. Obsérvala a ella y dime qué es lo que ves —pidió el anciano señalando a Triztan con su mano. Kira volvió su rostro con calma para observar a quien estaba en la puerta de la biblioteca.
—Una luz que está menguando —respondió unos segundos después, cuando terminó su exhaustivo examen sobre ella.
—Así es. Has permitido que la oscuridad se apodere de ti; has olvidado por qué estás haciendo todo esto —sentenció Cronos apoyándose sobre su hoz. Su voz, aunque se escuchaba cansada, era reconfortante y amigable.
—Sólo debía... salvarlos —dijo Triztan recargándose en el marco de la puerta con un atisbo de tristeza en su voz y en su mirada.
—Eso no implicaba que te perdieras —corrigió Cronos en un tono fuerte, atrayendo la atención de las dos.
—Eso puedes solucionarlo tú.
Lo sentenció Kira con ironía en su voz, señalando a Cronos.
—¿Cómo te atreves? —gruñó Cronos molesto, levantando un poco su hoz del piso.
—Sería tan fácil que regresaras al día en que el Grimma quedó libre otra vez —dijo Kira con sarcasmo, como si no alcanzara a comprender la magnitud de lo que estaba diciendo. Ella no razonaba las consecuencias de ello, ni siquiera sentía nostalgia alguna. Era no solo distinta por fuera; sobre todo lo era por dentro—. O bien podrías evitar que lograra atravesar a nuestro mundo.
—Muchos morirían, las cosas no serían como deben ser —sentenció Triztan acercándose a ellos con un grito ahogado, ya que ella había visto lo que un poder como este ocasiona en un corazón corrupto.
—Mi amada Triztan, esto se llama "hacer sacrificios" —dijo Kira volviéndose a verla a los ojos, haciendo un ademán con su mano simulando abrir las comillas de la frase.
—Eso no lo voy a hacer. Sería facilitar las cosas, jamás sería lo que debe ser —sentenció Cronos lo más tranquilo posible—. Conocen la razón por la que esto está pasando, pero lo que deben hacer es aprender a controlar la oscuridad y la luz que se alberga en ustedes.
—No tengo motivo para continuar, ya no hay nada en mí —dijeron las dos al mismo tiempo, con la nostalgia que embargaba su alma.
—¿Están hablando ustedes o la oscuridad que su corazón alberga?
—¿Cómo te atreves a burlarte de mí? —dijeron las dos mujeres desarrollando sus alas al mismo tiempo, como si la reacción hubiese sido de una sola persona.
—Estoy acentuando un hecho —respondió Cronos—. Por esa razón es que Almedan se dividió —explicó con calma señalando a la espada de Triztan a su derecha, que tenía guardada en las bolsas de su gabardina—. Y por ello el ataque a Djabeil tuvo tanto éxito. No fue por el poder del Grimma, fue el tuyo —concluyó señalando a Kira, que tenía la espada del Corazón Sombrío y estaba parada frente a él.
—¿Cómo sabes eso? —interrogaron ambas mujeres sorprendidas.
—Del mismo modo que sé de ese niño al que mataste —respondió Cronos con ternura en su voz—. Eso te está llevando a un oscuro abismo que tienes que atravesar. Todos los grandes campeones del mundo han caído antes de levantarse; si lo dudas, mira el pasado... les han puesto muchos nombres distintos, pero todos ellos han surgido de infortunios —concluyó con cautela. Ambas mujeres comenzaron a respirar con dificultad; tal parecía que las palabras de Cronos las estaban asfixiando.
—Esto es un error.
—No, Kira, no lo es. Debes ser fuerte y dejarte llevar; conoce todo lo que la oscuridad puede darte... entre sombras encontrarás lo que buscas. Todo tiene dos lados, dos formas distintas y, del mismo modo, la luz: aun en la oscuridad puedes ver las sombras —dijo Cronos golpeando su hoz en el suelo.
—Está bien, lo haré a tu manera —dijeron las dos tratando de tranquilizarse para respirar de un modo normal—. ¿Algo más que deba saber?
—Sólo un detalle más, en realidad: solo tú podrás traer de regreso a aquel que tu corazón anhela —respondió Cronos con tranquilidad, dándole la espalda a las dos.
—¿Cómo haré eso? —interrogó Kira frunciendo el ceño, volviéndose a ver a Cronos.
—Eso debes descubrirlo tú.
—Eso lo he escuchado un millón de veces —reprochó Kira un tanto confusa y furiosa. Las dos hablaban al unísono.
—Porque es lo mejor —Cronos esbozó una sutil sonrisa—. Es hora de volver a su hogar.
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Editado: 15.08.2026