Dos mundos, saga Histria Oculta, Tomo 2

Sesenta y seis.

El Principio del Fin

Tal como Kira Talin se lo había prometido al Consejo Oscuro, esa mañana el sol era negro, bañando al mundo en una extraña sombra, cual si fuese la que precede a la oscuridad de un eclipse. Este sería el llamado para que las tropas del ejército negro se movilizaran hacia una de las ciudades más perversas del mundo.

En algunas calles de lo que fue el mundo humano podían verse grupos movilizándose en dirección al este. Era una imagen aterradora que terminaba con la esperanza que aún quedara en sus corazones. El silencio en el mundo era abrumador; los corazones de algunos se estremecían de temor, desconociendo lo que en secreto se llevaba a cabo, mientras que los corazones de otros gozaban de ese instante.

En el gran valle, fuera del Castillo Oscuro de las tierras malditas de Somery, iban llegando lentamente las hordas. La mañana era cálida; el viento parecía haberse resguardado con el oscuro amanecer. El día transcurrió en una tensa y excitante calma; a media tarde se había reunido casi todo el ejército negro: millones de seres con un solo propósito, llevar al Grimma a su victoria, esperando que este fuera benevolente con ellos y les cediera un pedazo de su reino.

Sin embargo, sabían que esto era imposible, pues el Grimma no podía sentir emoción alguna. Toda la tarde se escucharon los cantos del ejército, cánticos de guerreros que murieron en guerras pasadas. La mayoría se preguntaba por qué habían decidido marchar en lugar de simplemente viajar entre las sombras; quizá solo era para atemorizar al mundo entero.

Kira Talin los observaba desde la ventana de la torre más alta del castillo, esbozando una macabra sonrisa.

—Ingenuos... van hacia su propia muerte y se sienten felices —pensó, sonriendo aún más.

Ella no marcharía con ellos esa noche; los vigilaría desde uno de los lugares con más poder en la tierra: La Torre de los Dragones. En esta pasarían dos de tres cosas: que el ejército negro venciera al blanco y la caída de la Torre; o bien, que el ejército blanco ganase y ella tuviera que eliminarlos, sumado a la caída de la Torre. Esto último con el único fin de terminar con el fuego azul, una magia tan poderosa capaz de recuperar la vida del mundo entero.
—Están listos en la sala del consejo.

Dijo Grolie, parado en la puerta a espaldas de Kira, atrayendo su atención. La habitación en la que se encontraba no tenía muebles, pero estaba cubierta de madera de techo a piso; la madera negra que salía de los Jazabell, aquellos que habían muerto cuando la venda había caído. Era un antiguo salón que había sido utilizado para albergar a Torrenz antes de su muerte; todo lo que le había pertenecido había sido destruido para su redecoración.
—Vamos entonces —pidió Kira volviéndose a verlo. Colocó su mano sobre el hombro del pequeño Grolie y salieron de la habitación, bajando al segundo piso del lado sur del castillo.

La cámara era inmensa; parecía un salón de baile de la época de los reyes mortales. En las líneas de los arcos del lugar se apreciaban las monturas en oro y, en las grandes paredes, podían verse algunas pinturas que retrataban lo que había sido su mundo. Los gigantescos candelabros de plata y oro iluminaban la habitación con una extraña luz blanca. Todos los líderes de cada raza que aún sobrevivían estaban ahí reunidos, sentados en las sillas que habían dispuesto para cuando ese día llegara. Kira y Grolie entraron abriendo las puertas de dos aguas de madera negra, labradas con los dragones de antaño.

—Esta noche, mis señores, pelearemos contra un ejército idéntico al nuestro y venceremos —dijo Kira con voz fuerte, parándose en el centro de la habitación para captar su atención. Todos aplaudieron sus palabras—. El mundo recordará este día como "El Día Negro" —concluyó.

La ovación en la cámara fue mayor. Los veía con una sonrisa; por muchos años imaginó el momento que estaba por venir.

—¿Cuándo partiremos, mi señora? —interrogó el Troll de nombre Nugor con cautela, haciendo una reverencia de respeto.
—Se reunirá el ejército completo esta tarde y saldrá esta noche, justo al oscurecer. Nos apoderaremos del mundo desde la Torre de los Dragones, aquella donde el consejo de los Rosseliu dio vida al mundo —respondió Kira con una macabra sonrisa, extendiendo sus brazos entre gritos y ovaciones.

La Didrak hizo una reverencia, dándoles la espalda y saliendo de la cámara seguida de Grolie, quien se había convertido en su consejero y guardián. Parecían amigos, pero ambos sabían que esa amistad no existía; solo era una relación por conveniencia.

—Tengo entendido que la sede actual del ejército blanco es la Torre de los Dragones; ve y dime si es verdad —pidió Kira caminando por el pasillo—. Quiero que estén ahí para poder verlos caer —concluyó casi en un suspiro, saboreando la victoria, pues sabía que Triztan no tardaría en morir si es que no lo había hecho ya.
—A su orden, mi señora —dijo Grolie, abriendo un portal que lo llevaría al valle de la Torre.

Tal como le habían dicho a Kira, todo el gigantesco ejército blanco estaba reunido allí. Sonrió complacido y volvió para darle la respuesta al Grimma.

"¡No sabes a lo que te enfrentas hasta que está frente a tus ojos!"




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.