La Gran Guerra II
En la Torre de los Dragones hacía un par de minutos que había comenzado a llover como en mucho tiempo no había pasado; era una tormenta fuerte, no se podía ver más allá de un par de metros. Kira observaba a Triztan tendida en el suelo; la pateó un poco para poder comprobar que hubiera muerto, tocó el rostro de esta y ya no se movía. Sin duda, la victoria que tanto anhelaba había llegado…
—¡Te he vencido! —gritó Kira entre dientes tomándola por el brazo; la levantó un poco y la arrastró hasta la orilla de la torre—. ¡Aquí yace su esperanza! —gritó arrojándola.
Triztan cayó al campo de batalla pesadamente sin moverse, tal como lo hiciera un bulto.
La caída de Triztan provocó una onda de choque que hizo que la tierra se cimbrara. En ese instante aparecieron los Rosseliu parándose alrededor de ella, creando un campo de fuerza para alejarlos del cuerpo sin vida de Triztan. La confusión en los rostros de todos comenzó a verse; la pelea poco a poco se detuvo al ver la presencia de los Rosseliu. Se tomaron este tiempo para reagruparse en sus unidades del lado de sus ejércitos, diezmados, heridos y cansados de esa larga pelea.
Del lado derecho donde estaba el ejército blanco, justamente entre ellos comenzó a caminar una figura híbrida hasta que al salir a campo abierto se percataron de quién era en realidad, pero sólo unos cuantos podían identificarlo completamente. Todos lo observaban conteniendo el aliento; en su mano llevaba algo, pero nadie sabía qué era.
Él se acercó a Triztan hincándose a un lado de ella; con cuidado atrajo la cabeza de ésta hacia su regazo.
—Es hora de regresar —dijo él acercando su rostro al de ella. En su mano derecha tenía la piedra que Nhia le había entregado en Sylensce; la colocó en su cuello con calma. El brillo de la roca comenzó a cubrirla como si fuera una segunda piel de color verde—. Déjate ir —murmuró él. Triztan Talin respiró por última vez, dejándose ir.
De entre el ejército oscuro salió Domenicus Talin caminando con calma para acercarse a ellos. Para Kira parecía ser una escena de una extraña película que ya antes había vivido.
—¡No! —gritó Kira saltando desde la Torre de los Dragones, cayendo en cuclillas sobre el césped ensangrentado por todos aquellos que habían caído—. ¡Tú debes estar muerto!
Gritó el Grimma con su voz grotesca y con el Corazón Sombrío en sus manos, apuntándolo hacia Domenicus. Este se detuvo en seco volviéndose a verlo. El mismo asombro que tenía ella en su rostro podía verse en muchos de los rostros de ambos ejércitos.
—No ganarás —sentenció Domenicus parándose frente a Kira, dejando a Triztan a su espalda.
—Desde que se dividió, mi victoria estaba asegurada —respondió el Grimma con un tono un tanto vacilante y a la vez tembloroso. Estaba perdiendo el control y a Domenicus le pareció que la cordura también.
—Jamás estuve dividida —dijo Triztan levantándose lentamente. Kira abrió los ojos desmesuradamente, tanto que parecía que iban a salir de sus órbitas.
—¡Eso no es posible! —gritó el Grimma furioso apuntando la espada hacia ella; la mano le comenzaba a temblar.
—Mi gente, mi familia nació con un propósito… igual que yo —dijo Triztan con tranquilidad colocando su mano en el maneral de Almedan.
—Sacrificaste a muchos para tenderme esta trampa —opinó él furioso, señalando con la espada al pasto que estaba ensangrentado y lleno de cadáveres.
—¡Esta victoria era merecedora de un gran sacrificio! —respondió Triztan con calma, escuchándose un tanto perversa al decirlo—. ¡Proteger su mundo! —gritó Triztan brincando como si quisiera atravesarla, fusionándose con ella otra vez.
Kira cayó al suelo de espaldas y una inmensa luz la envolvía; unos minutos después se apagó. Se levantó poco a poco; todos la observaban con cautela, tal parecía que su plan había fracasado.
—No lo lograste —dijo el Grimma en un grito perverso con la espada única en su mano—. ¡Ataquen! —gritó ondeando la bandera de un lado a otro.
Ambos ejércitos buscaban atacarse, pero el campo de fuerza que los Rosseliu habían creado lo impedía. Absorbía los ataques y les mantenía lejos. Colt Hawthorn se acercaba a ella lo más cuidadoso posible, pero el Grimma lo descubrió. Volvió su rostro, levantando la mano en un modo siniestro. Un portal parecido al de un hoyo negro se abrió detrás de él.
—Debiste morir hace mucho, Hawthorn —murmuró lanzándole una orbe de fuego fatuo que lo arrojó dentro del portal, desapareciendo con este.
Kira Talin se quedó parada en medio de todos; parecía haberse congelado como si fuese una estatua con la espada en alto. En su interior ocurría algo sobrenatural, algo que él mismo no podría controlar.
Un mundo sin color, en trazos grises y negros, se abría paso ante sus ojos; podía ver a sus amigos, a sus hijos y a todos aquellos con los que vivió toda su vida. No había sonido, no podía escuchar su propia voz. A su espalda se encontraba ella, de pie observándolo.
—¿Qué haces aquí? —Voy a llevarte conmigo.
Colt sentía cómo su corazón latía de un modo acelerado; recordaba cómo es que ella había planeado todo a detalle. Cuando fue a verle y le pidió ayuda, organizó cada uno de sus pasos con el único fin de llegar allí, a ese momento, en donde ambos tendrían que ser fuertes para enfrentar lo que estaba por venir y salvar sus vidas.
—Primero deberás enfrentarme.
—Ya te enfrenté una vez y te vencí, Grimma. Nada impedirá que lo logre esta vez.
—Estás muy seguro de vencerme, Colt Hawthorn, pero no enfrentas a un ser ordinario, estás enfrentando a un Rosseliu. —La sonrisa en el rostro de ella se veía sumamente aterradora.
—Entonces voy a divertirme mucho —murmuró Colt sonriendo; extendió su mano. Una pequeña nube de rocas muy fina se unió en el viento a la altura de su mano, formando una espada. La giró, mostrándole al Grimma su habilidad de esgrimista.
El primer ataque de Kira lo resistió con fuerza; sería una batalla difícil. Conocía los movimientos de ella mejor que nadie; había sido ella misma quien lo entrenó.
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Editado: 15.08.2026