Nunca creí en las conexiones instantáneas.
Siempre pensé que el amor era algo que se construía con el tiempo, con paciencia, con coincidencias que poco a poco se volvían costumbre.
Hasta que apareció.
No fue un momento perfecto. No hubo música, ni miradas eternas, ni palabras profundas. Fue algo simple. Casi insignificante.
Pero hubo algo.
Algo en la forma en que me miró.
Algo en la manera en que el mundo pareció quedarse en pausa por un segundo... solo un segundo.
Y aunque en ese momento no lo supe, ahí empezó todo.
Lo que más tarde nos rompería.