Dote de Sangre

Capítulo I

CAPÍTULO 1

Gracias por su postulación, lamentamos informar que su perfil no cumple con lo que buscamos de momento, sin embargo, estaremos comunicándonos mediante este medio en caso de abrirse nuevas vacantes”.

Me animo a leer el correo de “Márquez & Asociados” después de diez minutos rogándole al cielo una respuesta positiva de parte de la empresa. Sin embargo, es la décima a la que aplico esta semana y de la cual he sido rechazada. Maldigo por lo bajo la profesión que elegí; maldigo haber sido tan idiota al no haber comenzado a hacer pasantías cuando apenas estaba estudiando, y maldigo más veces al hombre que había amado toda mi vida.

No lograba entender por qué todas las empresas a las que aplicaba me rechazaban. Mi promedio era casi perfecto y tenía muy buenas referencias personales, sin contar que tenía muchísimas notas positivas de los servicios comunitarios a los que había aplicado.

Sin duda estaba viviendo en carne propia la pesadilla del estudiante recién graduado, sin contar que tenía una deuda impagable con mi universidad, y el corazón hecho trizas.

— Estoy jodida. — susurro, llevando mi cabello hacia atrás con frustración.

El estrés me ha consumido tanto los últimos días que mi manicura está hecha una pena y mi cabello ha tomado un rubio menos cenizo debido a la grasa. Lo peor de todo, ha sido que no lo he notado hasta que me he visto en el espejo, ¿acaso habría hecho las video-llamadas con las empresas luciendo así?

Un suspiro baila por toda mi habitación.

Con miedo, tomo entre mis dedos la pequeña nota de aviso que está sobre mi mesa de trabajo, cristalizando por completo mis ojos al leerla nuevamente:

“Estimada Señorita Roose,

El despacho de cobranzas de la Universidad del Norte, lamenta comunicarle que no podrá acudir al acto de grado pautado para el periodo octubre 2025... de no cancelar el monto correspondiente a la deuda de su matrícula más 10% por mora, le recordamos que quedan cinco días hábiles para el vencimiento de dicha fecha.

Saludos cordiales”.

Mi almuerzo amenaza con salir disparado por mi garganta.

Era claro que la universidad no me daría más plazos para cancelar la deuda y era imposible que consiguiera 10.000 dólares antes del viernes ¡Ni siquiera recurriendo a medios ilícitos sería capaz de lograrlo!

No podía conseguir esa suma de dinero y lo sabía; ni corriendo a un casino y logrando ser la mujer más suertuda del mundo podría conseguir los 10.000 dólares que me pedían en 48 horas.

—Maldito seas, Joshua. —maldigo al instante en que propicio un golpe a la mesa.

Me pregunto si alguien ha escuchado el golpe que he dado y se ha preocupado, pero no creo que mi madre y mi hermana hayan alcanzado debido a que la parte de debajo de la casa tiene paredes bastante “protectoras”.

Para mi suerte, ninguna de las dos sabe por lo que estoy pasando, me he asegurado de que piensen que todo está bien y que en una semana recibiré mi título de Psicología Judicial. También les he mentido con que tengo muchas ofertas de trabajo y ellas están tan emocionadas, que no puedo evitar sentirme aterrada de que descubran que soy una completa farsa.

Lo más difícil de mentirles ha sido verlas planear mi fiesta de graduación y escucharlas hablar de que vestido usaré y como conseguiremos dinero para costearlo, pero si tan solo supieran que ni siquiera podré acudir a mi graduación, o no al menos este año.

—¡Christine! — el grito de Sophie es tan agudo que puedo sentir un pinchazo en mi cabeza.

Detesto los gritos y tanto mi madre como mi hermana lo saben a la perfección; sin embargo, respiro ligeramente antes de iniciar una pelea y gritarle a mi pequeña hermana. Ella no tiene la culpa de que fuera tan ingenua de confiar en un hombre, ni mucho menos de que la Universidad esté dándome un ultimátum para cancelar mi deuda.

Para mi sorpresa, a lo lejos alcanzo a escuchar voces distintas a las de mi madre y mi hermana, específicamente la de una mujer ajena a ellas y la de un hombre.

¡Genial! Debo atender visitas familiares en el peor momento de mi vida, y cuando mi apariencia física no es la más agradable de observar.

Sin embargo, voy tan perdida en mis pensamientos, que omito por completo el último escalón y me tropiezo por todas las escaleras, cayendo de completamente culo en el frío suelo de mi sala.

Desde el suelo, logro visualizar una sonrisa burlona y despreocupada en e l rostro de un hombre alto, de contextura gruesa y cabello casi tan negro como su vestimenta. Al parecer le ha causado bastante gracia verme caer.

—Señorita Roose. — dice la mujer que lo acompaña.

Su rostro divisa una aparente preocupación bastante difícil de disimular. Ella es tan esbelta que puedo apostar los diez mil dólares que necesito, que de seguro hace ejercicios de fuerza dos veces al día.

No puedo evitar ver sus pechos, los cuales se ven bastante firmes –por lo que asumo son prótesis-.

—Gracias. — le susurro a la mujer al tomar su mano.

Logro observar que sus nudillos se ven magullados, como si acabara de darle una paliza a alguien.




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