Dragones y Brujos

capitulo 40 - un adios y un recuerdo

La calma apenas había llegado, y ya anunciaba su partida. No era que el destino se presentara únicamente como desastres y desgracias, pero así era como se manifestaba en la vida de Kamir y Oreyet.

No era algo habitual, pero por primera vez se encontraban cerca de Kimiri sin intentar escapar. Sin embargo, la incomodidad se cernía sobre ellos como una sombra. Había transcurrido una hora desde que la silueta de Kimiri y Orefiyet se desvaneció en la maleza, y aún así, el sueño no venía. Nerviosos y asustados, esperaban la llegada del nuevo día.

Un ligero canto flotaba en el aire vacío, mientras Kamir entonaba una melodía al son del viento:

**“Mañana..., mañana... cuando por fin los ojos abras...
Mañana..., mañana... cuando por fin la vida se acaba...
Quizá nunca más vuelvas a ver el sol,
quizá nunca más vuelvas a ver la luna.
¿Qué más da si vives o mueres? No hay nada en tu vida que sea amor...
Tal vez habites en un mundo de pena y dolor,
pero nunca vivirás por amor.
Quien sea, quien sea, mi niña, te digo que hoy morirás por dolor...”**

—Deja de decir eso —interrumpió Oreyet, que se hallaba a su lado—. Nadie va a morir mañana.

—Oreyet, me aseguraré de que tú no mueras. Es mi vida la que está en juego y... no se siente bien saber que mañana podría ser el último. Yo... tengo miedo —confesó Kamir, su voz temblando como las hojas en el viento.

**KAMIR:**

—Tengo miedo..., tengo miedo...
Hoy puede ser mi última noche y... no hay nadie a mi lado que se preocupe. Yo... quiero saber que si muero, al menos habrá alguien que me recuerde y...

Un recuerdo aturdió su mente.

—¡HAY ESTÚPIDA! —gritó, haciendo que Oreyet se levantara del susto.

—¿Qué, qué sucede? —preguntó, alarmado.

—¡Olvidamos por completo a Morel!

—¿Quién? —inquirió Oreyet con una expresión de confusión.

—¡El niño! ¡Al que llamas pedazo de carne! ¡Imbécil! —gritó, perdiendo la paciencia.

—Aaaaah... —respondió él, muy olvidadizo.

Kamir lo miró, molesta.

—¿Sabes dónde cayó?

—Sí, lo vi cerca de la costa este de la isla, creo. Pero descuida, estaba sano y salvo.

—Voy por él.

—¿En verdad? —dijo Oreyet, sorprendido.

—¿Por qué no iría? —preguntó ingenuamente.

Oreyet se recostó de nuevo en las suaves hierbas, mirándola atentamente, como si dijera: "No te entiendo, pero en verdad lo intento."

—Ahora, energías y trata de dormir —dijo después de un momento, metiendo su enorme cabeza entre sus alas.

—Lo siento, pero debo ir a buscarlo —respondió Kamir con firmeza, dándole la espalda.

—¿Y para qué? ¿Para decirle que morirás? —gritó, y su voz le llegó al corazón, pues cada palabra era cierta.

¿Qué le diría cuando lo viera? Sus ojitos azules la mirarían llorosos y diría: "Al fin te encuentro, hermana." Le había prometido que eran familia, pero si ella moría mañana, ese niño solo conocería penas y dolores a su lado.

—¿Qué mentira le dirás esta vez, Kamir? —preguntó Oreyet.

—¿Esta vez? —replicó ella, confundida.

—No te entiendo, Kamir. Sabías muy bien que no podías darle a ese niño una familia, y mucho menos un hogar o siquiera dejarle un buen recuerdo. No estamos hechos para esas vidas. Kamir, escúchame bien —dijo Oreyet, sintiendo cómo su cuerpo temblaba. Sus ojos se llenaron de lágrimas; una de sus garras levantó su rostro, obligándola a mirar sus verdes ojos—. Mírame bien, Kamir, y recuerda mis palabras: tú no eres una humana, eres una bruja, una hechicera. Nunca sentirás lo mismo que siente un humano —terminó de hablar y la soltó, dejándola caer al suelo.

La vio volver a acostarse, mientras su espíritu corría hacia Morel. Quería darle un fuerte abrazo, limpiar sus lágrimas y decirle que, pase lo que pase, siempre serían familia...

**Adiós, pequeño guerrero...**

**OREYET:**

Kamir tal vez muera mañana; lo más seguro es que este sea un plan de Kimiri y Reur. Pero no estoy tan seguro de ello. Aun así, puso su vida como condición. Cualquier amo hubiera puesto primero la vida de su sirviente, pero... ella no. Al final, sí me ayudaste, amo.

—Kamir —dije mientras ella miraba hacia las olas, sin responder, destrozada—. Ya que mañana morirás..., ¿sabes por qué te escogí a ti y no a tu hermano? Porque si así hubiera sido, Kimiri tendría que escoger entre Orefiyet y yo, y claro que me hubiera escogido a mí.

—¿No era porque necesitabas mi poder para vencerlo? —preguntó, aún mirando el océano.

—No... No recuerdo nada sobre mi antiguo hogar, ni cómo me separé de Orefiyet. Según yo, debe ser a causa de un golpe o algo parecido, pero lo primero que recuerdo eres tú.

—¿Qué?

—Tú me salvaste, Kamir.




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