Draxcan: La Guerra Sagrada

Capítulo XVI: Cuatro Días

La mañana después de la batalla en la muralla este, Draxcan contaba sus muertos.

No de manera figurada — literalmente contaba. Los soldados asignados a los registros de bajas recorrían los puntos de combate con sus tablillas de cera, anotando los nombres que los compañeros de los caídos daban y los nombres que nadie podía dar porque no quedaba nadie que los hubiera conocido, y esos últimos se registraban como desconocido del turno este, que era la manera que el ejército había desarrollado para nombrar lo que no podía nombrarse sin mentir.

El número provisional al mediodía era doscientos cuarenta y siete.

Tilio lo leyó en su oficina sin modificar la expresión, con la práctica de semanas de leer cifras que al principio producían un golpe físico y que con el tiempo producían algo diferente — no insensibilidad, sino el procesamiento diferido de quien ha aprendido que la reacción inmediata consume lo que la siguiente decisión necesita.

La decisión que la siguiente hora necesitaba ya estaba formada en su mente desde la noche anterior, mientras Seraphine dormía y él miraba el techo con la claridad específica que produce el insomnio cuando la mente ha procesado suficiente para llegar a una conclusión y todavía no tiene nada más en que gastar la vigilia.

Llamó a Fox.

El Regreso

Fox entró sin llamar, que era cómo entraba siempre, con la diferencia de que esta vez la razón de no llamar no era la costumbre sino el estado físico: el viaje de vuelta desde el sur con Paul entre Kael y Dorn había tomado más de lo calculado, y Fox llevaba cuarenta y ocho horas con el sueño que el cuerpo recibe cuando puede tomar lo que hay en lugar de lo que necesita.

Pero estaba de pie.

—Han llegado —dijo Tilio, cuando Fox entró.

No era pregunta.

—Hemos llegado —confirmó Fox—. Paul está en el hospital. Aelindel lo tiene. Los demás están en sus cuarteles.

—¿La grieta?

—Sellada. No permanentemente — Paul dijo que Nalia puede intentar reabrirla desde el lado subterráneo, pero el sellado desde arriba más los elementos de Kael y Dorn en la roca circundante hacen el proceso significativamente más lento de lo que sería sin eso.

—¿Cuánto más lento?

—Paul calculó semanas. Quizás un mes si Nalia no concentra recursos específicamente en ese punto. —Fox se sentó en la silla frente al escritorio sin que Tilio se lo ofreciera, con el gesto de quien ha llegado al límite de lo que el cuerpo acepta hacer de pie—. Las bestias que atacaron la muralla este esta mañana —dijo—, ¿tenían la misma potencia que las de las oleadas anteriores?

—No. —Tilio lo había notado también, en los informes de Seraphine y de Marcus—. Menos cohesión. Menos adaptación táctica. Las que enfrentamos en el norte tenían algo que estas no tenían.

—El canal abierto que Nalia había establecido a través del punto de contacto. —Fox asintió—. El sellado funcionó.

El silencio que siguió tenía la calidad de los silencios donde dos personas verifican la misma conclusión sin necesidad de que la segunda lo diga en voz alta porque la primera ya lo ha dicho.

—¿Y Paul? —preguntó Tilio.

Fox tardó.

—Los símbolos están al nivel más bajo que he visto. —Una pausa—. Lo que le queda es lo que le queda. Y él lo sabe.

—¿Te dijo qué planea hacer con lo que queda?

—Me dijo que lo que venga después del sellado es una conversación para cuando el sellado estuviera hecho. —Fox lo miró—. Creo que eso significa que tiene algo en mente que todavía no ha dicho.

Tilio asintió.

—Lo visitaré esta tarde. Cuando Aelindel dé permiso.

El Consejo

Tilio convocó a los generales a mediodía.

No a todos — a Elroan, Marcus y Seraphine. Aldric recibió la convocatoria también, pero la versión de la convocatoria que llegó a Aldric tenía un propósito diferente al que tenía para los otros tres: era la continuación de la información falsa que Tilio había estado canalizando a través de él, y la reunión que Aldric creía que iba a tener era la reunión que Tilio quería que Nalia creyera que iba a tener.

La reunión real fue en la sala pequeña del ala norte, que no tenía ventanas al corredor principal y que Tilio usaba para las conversaciones que necesitaban ser conversaciones antes de convertirse en decisiones.

—El sellado del punto de contacto cambió la naturaleza del problema —dijo, sin preámbulo—. No lo resuelve. Nalia sigue en el Reino Subterráneo. Las bestias que ya están en la superficie siguen existiendo. La Convención de Darmir sigue controlando el sur. —Una pausa—. Pero el número de bestias que podemos enfrentar ya no es indefinido. Tiene un límite. Y los límites se pueden calcular.

—¿Qué propone? —preguntó Marcus.

—Que dejemos de defender y empecemos a cerrar.

—¿Cerrar qué?

—El perímetro. Las bestias que están en la superficie se mueven hacia el norte — hacia la capital, hacia los subreinos que quedan. Si conseguimos establecer una línea que no cedan, las bestias que ya existen se desgastan en el intento de atravesarla sin que lleguen nuevas. —Tilio miró el mapa—. No es victoria. Es el cambio de condiciones que hace la victoria posible.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.