Los cuatro días pasaron con la velocidad que tienen los plazos cuando la preparación que se hace en ellos es insuficiente para lo que se prepara, lo que es siempre.
En esos cuatro días, Paul comió lo que Aelindel le trajo y durmió las horas que el cuerpo le permitió sin que la mente consiguiera apagarlas completamente. Los símbolos permanecieron en latencia. Las visitas fueron pocas y breves: Tilio una vez al día, Fox por las mañanas, Martina siempre. Andreisis, que había vuelto de Eltrix con la confirmación de que el cráter estaba preparado y que Torvin y Sera tenían la ciudad, visitó a Paul el segundo día con la postura de alguien que ha crecido en el tiempo que duró un viaje de ida y vuelta.
En esos cuatro días, Yorvenn confirmó lo que Fox había intuido.
No con certeza absoluta — Yorvenn era un hombre que llevaba cincuenta años ejerciendo su oficio con la honestidad de quien sabe que la certeza absoluta es el lujo de quienes no han estudiado suficiente — pero con una probabilidad que Tilio tradujo como suficiente para actuar sobre ella.
El residuo elemental de Ren tenía capas que no correspondían a un Elemens ordinario. Debajo de la frecuencia correcta de su gema de conexión, Yorvenn había detectado algo más antiguo, más denso, con la firma específica de una presencia que ha habitado múltiples cuerpos y que deja en cada uno una marca que el tiempo no borra del todo.
Era Darmir.
En esos cuatro días, Dessen encontró el cuerpo de Cilion en la cisterna vacía del muro norte.
Tilio usó los cuatro días para construir lo que iba a darle a Darmir — a través de Ren, a través del canal elemental de comunicación que Ren tenía activo y que Darmir estaba usando — que era una versión del plan de Eltrix diseñada para ser suficientemente verosímil para que Nalia actuara sobre ella y suficientemente incorrecta en los detalles que importaban para que actuar sobre ella no cambiara el resultado real.
El cuarto día al amanecer, el grupo partió hacia Eltrix.
La Partida
No salieron por la puerta principal.
No por el canal del acueducto, que ya había sido el camino del equipo al punto de contacto y que por lo tanto podía estar comprometido si Darmir había transmitido esa información.
Salieron por la puerta del mercado — la más ancha del castillo, diseñada para los carros de suministros, que abría hacia la calle del mercado de víveres y que se confundía fácilmente con el movimiento ordinario de proveedores en las horas tempranas. El grupo era pequeño suficiente para mezclarse: Paul y Martina en el carro que Dessen — bajo la supervisión de Tilio — había preparado como si fuera un cargamento ordinario de medicamentos para los hospitales del sur. Fox y los dos Elemens de las brigadas a pie, con la ropa de los proveedores de los mercados. Seraphine y Fuego, que no podían pasar por ningún tipo de proveedor, siguieron por el aire pero con una ruta diferente y un punto de encuentro establecido fuera de la vista de Draxcan.
Ren no fue invitado.
La noche anterior, Tilio había llamado a Ren a una reunión en la sala de estrategias y le había encargado, con toda la naturalidad de quien asigna una tarea ordinaria, la supervisión del punto de guardia del corredor norte durante los próximos tres días. Una tarea que lo mantenía en el castillo, ocupado, lejos del conocimiento de adónde iban los demás.
Ren — Darmir — aceptó sin preguntar más de lo que habría preguntado Ren.
Lo que le había dicho Tilio sobre el plan de Eltrix en esa reunión era que Paul necesitaba descanso en un lugar protegido y que Eltrix era la opción más segura disponible. Nada sobre el borde del cráter. Nada sobre cortar el vínculo de Nalia. Solo la imagen de un anciano exhausto en traslado a la ciudad más defensible del reino.
Darmir lo transmitiría. Nalia lo recibiría. Las unidades que enviara, si las enviaba, buscarían a Paul en Eltrix como objetivo de protección o de captura — no como el lugar desde donde su derrota podía producirse.
El Camino
El camino a Eltrix desde Draxcan era diferente al camino desde el sur.
Desde el sur había bosques muertos y grietas de Caos y puentes que hablaban. Desde el norte, el paisaje que separaba la capital de la ciudad de los Elemens era más abierto, más despejado, con las colinas que el mapa describía con precisión porque alguien las había cartografiado desde este ángulo con tiempo suficiente para hacerlo bien. Las rutas estaban marcadas. Los postes de las jornadas seguían en su lugar.
Era un camino que parecía normal porque en circunstancias normales lo era.
Paul viajó la mayor parte del tiempo tumbado en el carro, con la capota cerrada y el traqueteo de las ruedas marcando el paso de las horas con la monotonía de algo que no distingue entre los momentos. Martina viajó sentada junto a él, como había estado sentada en la sala del hospital del castillo, con la diferencia de que en el hospital el suelo era de piedra y el techo de piedra y la piedra era lo único que había en todas las direcciones, y aquí afuera existía el cielo.
—¿Puedes sentirlo? —preguntó Martina, en un momento en que el sonido de las ruedas era el único sonido disponible.
—¿Sentir qué?
—Eltrix. Los símbolos del cráter.