Draxcan: La Paz no Llega

Capítulo VI: El Secreto a Voces

Los rumores comenzaron como comienzan siempre los rumores que terminan importando: como algo demasiado pequeño para que nadie lo tomara en serio al principio.

Primero en los mercados, donde las vendedoras de verduras del Distrito Sur —lo que quedaba de él, reconstruido a medias entre los escombros que todavía no habían terminado de despejarse— intercambiaban noticias con la misma facilidad con que intercambiaban el peso exacto de una col. Luego en las tabernas, donde los soldados que habían sobrevivido a las murallas norte y este bebían para olvidar lo que habían visto y terminaban, en el proceso, recordando y compartiendo más de lo que la sobriedad les habría permitido decir. Finalmente en los cuarteles, donde los rumores crecían con la velocidad específica de las cosas que encuentran terreno fértil entre soldados que llevan meses sin nada más interesante de qué hablar que la guerra misma.

—Dicen que el Gran Sabio tiene una amante —decía uno.

—¿Quién?

—No lo sé con certeza. Pero dicen que es de otra raza.

—¿Humana de otro distrito?

—Peor. Elemens.

—Eso va contra la ley.

—Por eso es un secreto. O lo era.

—¿Y cómo se sabe entonces?

—Porque alguien los vio. En la torre oeste, la noche antes de la batalla en la muralla este. Dos sombras. Y una luz que brillaba de una manera que ninguna vela produce.

El rumor llegó a Fox al atardecer, a través de tres canales distintos que confirmaban independientemente el mismo contenido con suficiente coincidencia en los detalles para que Fox supiera, con la certeza de quien lleva meses gestionando información, que esto no era una invención aislada sino algo que ya tenía la fuerza de una verdad a medio confirmar en la mente de demasiada gente.

—Gran Sabio —dijo, entrando en la oficina de Tilio sin llamar—. Tenemos un problema.

—¿Uno más? —preguntó Tilio, sin levantar la vista de los informes de reconstrucción que llevaba días revisando.

—Los rumores sobre usted y Seraphine.

Tilio dejó la pluma. La tinta se secó en la punta, formando una pequeña mancha negra sobre el pergamino que en otro momento habría corregido de inmediato y que ahora dejó ahí, sin importarle.

—¿Qué exactamente dicen?

—Que alguien los vio en la torre oeste. Que hubo luz de una gema. Que la sombra más alta era la suya y la otra la de la comandante.

—¿Quién los vio?

—No lo sé todavía. Pero el rumor tiene tres fuentes independientes que coinciden en los detalles, lo que sugiere que no nació de la nada. Alguien vio algo real y lo contó, y lo que se contó se ha ido ampliando con cada repetición.

Tilio se recostó en la silla, con el peso de una preocupación que llevaba meses acumulando en el fondo de todas las demás y que ahora, finalmente, subía a la superficie donde tenía que atenderse directamente.

—¿Qué tan extendido está?

—Los mercados, las tabernas, los cuarteles. En una semana, si no se contiene, llegará a los clanes de manera oficial en lugar de como rumor de calle.

Tilio guardó silencio un momento.

—¿Qué sugieres? —preguntó, aunque sospechaba la respuesta antes de escucharla.

—Que lo aborde antes de que los clanes lo hagan por usted —dijo Fox—. Convoque una reunión. Controle la narrativa mientras todavía puede controlarla.

—¿Y qué digo en esa reunión?

Fox lo miró con la honestidad directa que había desarrollado a lo largo de meses de servir a Tilio en las decisiones más difíciles.

—Eso depende de si está dispuesto a que el reino sepa la verdad, o si prefiere ganar tiempo negándola.

Tilio pensó en Seraphine. En la torre oeste, en la casa que habían prometido, en el collar de plata que ella llevaba desde hacía veinte años. Pensó también en los clanes Elemens, en Vorn, en lo que la ley que él mismo tenía la obligación de hacer cumplir decía sobre las relaciones entre razas cuando una de ellas ocupaba el trono. Pensó en Aldric, cuyo nombre el consejo de ancianos había sugerido con un énfasis que todavía no había terminado de descifrar del todo.

—Convoca a los clanes —dijo, finalmente—. Mañana, en el salón del trono.

—¿Qué va a decir?

Tilio no respondió de inmediato.

—Todavía no lo sé —admitió—. Pero lo sabré antes de mañana.

La Reunión en el Salón del Trono

Al día siguiente, el salón del trono estaba más lleno de lo que había estado en meses.

No solo los representantes de los clanes que Tilio había recibido tras la batalla en la muralla este. También los ancianos, con Orlin al frente, con la expresión de quien anticipa que lo que está a punto de escuchar confirmará algo que llevaba tiempo sospechando. Los generales, incluido Aldric, cuya presencia Tilio notó con la atención específica que llevaba semanas dedicándole desde que Fox mencionó el nombre distorsionado que su espía había escuchado en el almacén del Distrito Sur.

Seraphine estaba entre los presentes, con su uniforme de comandante y la expresión de calma profesional que había aprendido a usar en cada situación pública desde que su relación con Tilio se había vuelto un secreto que ambos protegían con el mismo cuidado que dedicaban a proteger el reino. Nadie que no la conociera con la profundidad de Tilio habría podido adivinar lo que sentía debajo de esa calma.



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En el texto hay: poder y fantasia, amor prohido, altafantasia

Editado: 09.07.2026

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