Draxcan: La Paz no Llega

Capítulo VIII: El Despertar de Nalia

En las profundidades del Reino Subterráneo, donde la luz nunca había llegado y las sombras tenían la densidad específica de la carne, Nalia esperaba.

No era una espera pasiva. No lo había sido nunca, ni siquiera en los siglos anteriores a que Paul llevara los símbolos hasta el fondo del cráter de Eltrix. Sus criaturas recorrían los túneles del subsuelo llevando información de un extremo a otro de su dominio, los huevos que quedaban pulsaban con el ritmo lento de algo que espera sin desesperar, y su conciencia se extendía hacia arriba con la persistencia de una raíz que ha aprendido a crecer alrededor de los obstáculos en lugar de a través de ellos.

Pero algo había cambiado desde el corte del vínculo.

El punto de contacto que Fox había sellado en el sur seguía cerrado, con la lentitud de reapertura que Paul había predicho semanas atrás. El vínculo directo con la superficie, la línea que le había permitido ver Draxcan, coordinar a sus bestias con precisión táctica y hablar con Darmir sin intermediarios, ya no existía. Lo que quedaba era más difícil, más lento, más limitado: fragmentos de percepción que le llegaban a través de las escasas grietas menores que todavía se formaban de manera natural, sin que ella tuviera que abrirlas deliberadamente.

Era como intentar ver el mundo de arriba a través de un cristal empañado en lugar de una ventana abierta.

—Madre —dijo una voz en la oscuridad.

Nalia no se volvió. Reconocía la presencia de su hijo antes de que hablara, con la misma certeza con que reconocía el latido de sus propios huevos.

—Kidtez —respondió—. ¿Qué te trae?

—Sigo sin saber nada de Darmir.

Nalia guardó silencio un momento. Era la cuarta vez en una semana que Kidtez preguntaba, y cada vez la pregunta llegaba con un matiz distinto de urgencia que Nalia había empezado a notar con más atención de la que había dedicado a las preocupaciones de su hijo en siglos anteriores.

—Lo sé —dijo, finalmente.

—Han pasado semanas. Si estuviera bien, habría encontrado una manera de comunicarse.

—A menos que no pueda.

—¿Y si lo capturaron? ¿Si le hicieron algo?

Nalia sintió, en algún lugar debajo de la calma que llevaba practicando durante milenios, algo que se parecía peligrosamente a la inquietud.

—Si lo capturaron —dijo—, no hay nada que podamos hacer al respecto todavía. No sin el vínculo directo. No sin saber dónde está, en qué condición, o qué le hicieron.

—Podríamos enviar más bestias. Forzar la situación.

—Podríamos —respondió Nalia—. Y perderíamos más de lo que tenemos, con la única certeza de confirmar lo que ya sospechamos sin ganar nada a cambio. La paciencia, Kidtez, es lo único que no se agota mientras uno tenga tiempo suficiente para ejercerla.

Kidtez guardó silencio, con la frustración visible en la tensión de sus alas de sombra.

—¿Qué hacemos entonces? —preguntó.

—Esperamos —dijo Nalia—. Y buscamos otras vías. El punto de contacto principal está cerrado, pero no es el único lugar donde el mundo de arriba y el subsuelo se tocan. Hay grietas menores, más débiles, que se forman de manera natural en lugares donde la tierra ha sido dañada lo suficiente.

—¿Como dónde?

Nalia cerró los ojos. Extendió su conciencia con el cuidado de quien busca algo específico entre demasiado ruido.

—Como el bosque al norte de Draxcan —dijo, finalmente—. Donde los árboles murieron hace meses, cuando el avance del Caos pasó cerca sin necesitar atravesarlo del todo. La tierra ahí quedó debilitada. Lo suficiente para que algo pequeño pueda filtrarse, aunque no lo suficiente para abrir un canal como el que teníamos antes.

—¿Qué podemos enviar por una grieta tan pequeña?

—No las bestias grandes. Algo más ágil. Más numeroso.

Kidtez inclinó la cabeza.

—¿Quiere que vaya yo?

—Quiero que abras el paso y dejes que lo que salga por él haga su trabajo —respondió Nalia—. No es una ofensiva. Es una prueba. Necesito saber si Draxcan sigue tan vulnerable como antes del sellado, o si lo que Paul hizo cambió más de lo que hemos podido medir desde aquí.

—¿Y si me ven?

—Entonces actúa con la discreción que aprendiste hace siglos, antes de que la guerra te volviera descuidado.

Kidtez no respondió a eso, aunque la reprimenda encontró su marca con la precisión que Nalia había calculado.

Desplegó las alas.

La oscuridad lo tragó.

El Bosque al Norte

El bosque donde Fox había cruzado el puente de Kaelan meses atrás, en el camino hacia Eltrix, seguía siendo un lugar de árboles muertos y silencio antinatural. Ningún pájaro anidaba en sus ramas desnudas. Ningún animal cruzaba entre sus troncos sin necesidad urgente de hacerlo.

Esa noche, el silencio cambió de carácter.

El suelo, en un punto que ningún mapa marcaba con precisión, se agrietó con un sonido bajo que ninguna de las patrullas nocturnas de la capital, a varios kilómetros de distancia, alcanzó a escuchar. Una luz rojiza emergió de la grieta, más tenue que la que había caracterizado el punto de contacto principal, pero suficiente para que las sombras que empezaron a filtrarse por ella tuvieran forma reconocible.



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En el texto hay: poder y fantasia, amor prohido, altafantasia

Editado: 09.07.2026

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