Draxcan: La Paz no Llega

Capítulo XII: Las Cuevas del Norte

Las cuevas del norte llevaban meses siendo el único hogar que muchos refugiados de los subreinos del sur habían conocido desde que sus propias casas cayeron ante el avance de la Convención.

Los primeros Elemens que habían tallado esas galerías en la roca viva, siglos atrás, lo habían hecho pensando en un refugio temporal para las emergencias ocasionales que un reino en paz podía anticipar: una inundación severa, quizás, o el paso de un invierno particularmente duro. No habían anticipado que, generaciones después, esas mismas cuevas albergarían a miles de personas durante meses seguidos, con las runas defensivas en las paredes trabajando sin descanso para mantener a raya lo que ningún Elemens antiguo habría podido imaginar que llegaría a amenazar el reino.

Sera, la consejera Elemens que Martina había dejado a cargo de la coordinación de las cuevas cuando partió hacia Eltrix meses atrás, caminaba por los túneles con la linterna de cristal que los magos habían encantado para durar semanas sin necesitar aceite.

—¿Cómo están los niños esta noche? —preguntó a una curandera que pasaba con un cesto de vendas.

—Mejor —respondió la mujer—. Algunos ya no lloran tanto como antes. Se están acostumbrando a la oscuridad, aunque no debería tener que ser así.

—Nadie debería tener que acostumbrarse a esto —dijo Sera, con el cansancio acumulado de meses gestionando una crisis que había durado más de lo que ninguno de ellos había anticipado al principio—. ¿Y los ancianos?

—Los que sobrevivieron al frío del mes pasado están estables. Pero necesitamos más provisiones antes de que llegue el próximo invierno completo.

Sera asintió, con la determinación de quien lleva meses resolviendo un problema tras otro sin el lujo de detenerse a procesar cada uno completamente.

—Voy a enviar otro mensaje a Draxcan —dijo—. Si Tilio puede liberar aunque sea una fracción de las reservas de los distritos que ya se están recuperando, podríamos aguantar hasta la primavera sin el riesgo que estamos corriendo ahora.

La Noticia

Al atardecer, un mensajero llegó a las cuevas desde Draxcan, con una carta sellada con el emblema del Gran Sabio.

—Traigo noticias —dijo el soldado, entregando el pergamino a Sera—. La guerra ha cambiado de forma otra vez. Nalia abrió una nueva grieta hace semanas, más pequeña que las anteriores, pero real.

—¿Y la capital?

—Resistió. El Gran Viejo Paul, desde su cama en el hospital, guio a los soldados hacia el punto exacto donde había que sellarla. Perdió los símbolos que llevaba en la piel meses atrás, pero conserva algo — una sensibilidad al Caos que sigue siendo útil, aunque ya no tenga el poder que tenía antes.

Sera sintió el peso familiar de las noticias mixtas, ni completamente buenas ni completamente terribles, que se habían convertido en la norma de los últimos meses.

—¿Y las provisiones que pedimos?

—El Gran Sabio autorizó una parte. No todo lo que necesitan, pero es un comienzo. —El soldado hizo una pausa—. También traigo un mensaje personal. Para usted y para Torvin. Andreisis quiere saber cómo está Eltrix, y si las cuevas necesitan que envíe refuerzos desde allí.

Sera asintió, procesando la información con la eficiencia práctica que había desarrollado durante meses de gestión constante.

—Dile a Andreisis que Eltrix nos manda lo que puede, y que se lo agradecemos. Dile también que aquí resistimos, aunque el invierno no será fácil.

El mensajero asintió y se retiró a descansar antes del viaje de vuelta.

La Decisión de Sera

Esa noche, Sera reunió a los líderes de los refugiados en la cámara central de las cuevas: Torvin, el anciano Elemens que había compartido con ella la responsabilidad del gobierno de Eltrix desde que Martina y Andreisis partieron hacia el norte; tres curanderas que llevaban meses siendo el corazón médico del refugio; y el capitán de la pequeña guardia que protegía los túneles.

—Las provisiones que envió Tilio no serán suficientes para pasar todo el invierno —dijo Sera, sin rodeos—. Necesitamos considerar si trasladamos a una parte de los refugiados, especialmente a los niños y a los ancianos más frágiles, hacia Draxcan, donde la reconstrucción ya está en marcha y las condiciones de vida serán mejores que aquí.

—¿Es seguro el camino? —preguntó Torvin.

—Nada es completamente seguro en esta guerra —respondió Sera—. Pero las bestias, sin el vínculo directo de Nalia, ya no tienen la coordinación que tuvieron durante el asedio principal. Un grupo bien escoltado, con dragones de acompañamiento, tiene buenas posibilidades.

El capitán de la guardia frunció el ceño.

—¿Cuántos dragones podemos conseguir?

—He enviado mensaje a Eltrix pidiendo apoyo —dijo Sera—. Andreisis prometió enviar tantos como pudiera reunir entre los que quedan disponibles en el cráter.

Una de las curanderas, la más joven de las tres, habló con la vacilación de quien no está segura de si su opinión tiene el peso suficiente para contradecir a los demás.

—Los niños llevan meses sin ver el sol como corresponde —dijo—. Sin importar el riesgo del camino, creo que muchos preferirían intentarlo antes que pasar otro invierno completo bajo tierra.



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En el texto hay: poder y fantasia, amor prohido, altafantasia

Editado: 12.07.2026

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