Draxcan: La Paz no Llega

Capítulo XIII: El Llamado del Subsuelo

Las profundidades del Reino Subterráneo no conocían el paso del tiempo de la manera en que lo conocía el mundo de arriba.

Allí abajo, los días y las noches se confundían en una penumbra constante, rota solo por el resplandor de los huevos que aún latían y por el brillo rojizo, cada vez más débil, de las grietas menores que Nalia seguía intentando abrir en distintos puntos del reino. Kidtez había regresado de su incursión en el bosque del norte con las alas todavía tensas del esfuerzo, y con una noticia que no sabía cómo entregar sin que sonara peor de lo que ya era.

—Madre —dijo, arrodillándose ante ella.

—La grieta se cerró —respondió Nalia, sin necesidad de que él se lo dijera—. Lo sentí desde aquí.

—Paul la selló. Desde su cama, sin moverse del hospital.

—Lo sé.

Kidtez levantó la vista, sorprendido por la calma con que su madre recibía lo que él había interpretado como un fracaso.

—¿No le molesta?

—Fue una prueba —dijo Nalia—. Quería saber si Paul conservaba algo útil después de que los símbolos se consumieran en el cráter. Ahora lo sé: conserva la sensibilidad para sentir el Caos, aunque ya no tenga el poder para enfrentarlo directamente. Necesita ayuda de otros para cerrar lo que percibe.

—Eso es una debilidad que podemos explotar.

—Es una debilidad que ya intentamos explotar, sin éxito completo —corrigió Nalia—. Y hay algo más urgente que Paul en este momento.

—¿Qué?

—Darmir sigue sin responder.

Kidtez sintió el peso de esa frase con una intensidad que llevaba semanas acumulándose sin que encontrara la manera de descargarla.

—Han pasado más de un mes —dijo—. Si sigue contenido en algún lugar de ese castillo, necesitamos saberlo con certeza. No podemos seguir actuando como si aún tuviéramos sus ojos y sus oídos dentro de Draxcan.

—Lo sé.

—Entonces déjeme ir. Déjeme averiguarlo directamente.

Nalia guardó silencio un momento, con la calidad de silencio que Kidtez había aprendido a interpretar como el de una madre calculando el riesgo de perder a un segundo hijo en la misma guerra.

—No vas a entrar en Draxcan —dijo, finalmente—. No directamente. Pero hay otra vía. La misma que hemos estado cultivando desde hace meses, con paciencia mayor que la que cualquiera de mis hijos ha tenido nunca.

—¿La figura del almacén?

—La figura del almacén —confirmó Nalia—. Sigue teniendo acceso al consejo de ancianos, aunque Orlin haya empezado a dudar. Y tiene algo que ni tú ni Darmir tuvieron nunca: paciencia suficiente para esperar el momento exacto.

El Impostor

En el almacén del Distrito Sur, la figura que se hacía llamar Aldric aguardaba la llegada de la noche con la misma quietud metódica de siempre.

No era Darmir. No era Kidtez. Era algo distinto, algo que había estado construyendo su presencia en Draxcan con una paciencia que ninguno de los hijos directos de Nalia había demostrado jamás, y que ahora, con la sospecha de Orlin creciendo cada día, sabía que necesitaba acelerar sus planes antes de que la trampa que Tilio y Fox llevaban semanas preparando terminara de cerrarse.

Estableció la conexión con el subsuelo de la manera silenciosa que le era propia, sin la formalidad ceremoniosa que Darmir y Kidtez usaban con su madre.

—Nalia —dijo, sin arrodillarse, sin ningún gesto de sumisión que un observador hubiera esperado de quien se comunicaba con la entidad más poderosa del Reino Subterráneo.

—¿Cómo va el plan? —preguntó Nalia, con un tono que tenía menos de la calidez maternal que había usado con Kidtez y más de la transacción directa entre dos poderes que se necesitaban mutuamente sin depender el uno del otro por completo.

—Orlin sospecha. La trampa que Fox está preparando se cerrará pronto, según mis propios cálculos, en menos de una semana.

—¿Y qué propones?

—Que actúe antes de que la trampa se cierre. No contra Paul directamente —eso ya lo intentaron con Darmir, y el resultado fue perderlo—. Contra algo más simple. Más efectivo.

—Explícate.

—La enmienda de sucesión. Tilio necesita cuatro clanes para que avance. Si consigo que el voto de los elfos se incline en contra en el momento crítico de la votación, la enmienda fracasa, la relación con Seraphine queda técnicamente ilegal de nuevo, y el reino que Tilio ha construido con tanto esfuerzo estos meses empieza a fracturarse desde dentro, sin que ninguna bestia tenga que cruzar una sola muralla.

Nalia consideró eso con el silencio específico de quien evalúa un plan que le agrada más de lo que está dispuesta a admitir de inmediato.

—¿Cómo piensas influir en el voto élfico?

—Lirael, la líder de su consejo, tiene un consejero mayor que se opone a la enmienda por principio. Ya lo cultivé durante meses, sin que él supiera exactamente para quién trabajaba. Solo necesito darle el argumento correcto en el momento correcto, y su voz tendrá el peso suficiente para inclinar la balanza.

—¿Y si fracasa este plan también?



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En el texto hay: poder y fantasia, amor prohido, altafantasia

Editado: 12.07.2026

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