Draxcan: La Paz no Llega

Capítulo XVI: Lo que Darmir Sabía

Yorvenn preparó la sala con el mismo cuidado meticuloso que había dedicado a cada procedimiento relacionado con el cristal desde que lo selló, semanas atrás.

No era la misma sala del ala este donde habían separado a Darmir de Ren. Esta era más pequeña, más profunda en el subsuelo del castillo, elegida específicamente porque las paredes de piedra maciza que la rodeaban por todos los lados ofrecían, según los textos que Eril había traído de Eltrix, una capa adicional de contención en caso de que algo saliera mal durante el procedimiento.

—Repasemos las precauciones una vez más —dijo Yorvenn, colocando el cristal sobre un soporte de piedra tallado específicamente para la ocasión, con runas de contención grabadas en su base.

—El sello permanece activo durante toda la conversación —respondió Tilio, repitiendo lo que Yorvenn le había explicado tres veces en los últimos días—. Darmir puede hablar a través del cristal, pero no puede salir de él bajo ninguna circunstancia mientras el sello se mantenga.

—Correcto. Y si en algún momento siento que el sello se debilita, o que Darmir intenta manipularlo de alguna manera que no anticipamos, corto la comunicación de inmediato, sin previo aviso, sin importar en qué punto de la conversación estemos.

—Entendido.

Paul, sentado en un rincón de la sala con Martina a su lado, observaba los preparativos con la atención específica que había desarrollado desde el cráter de Eltrix.

—¿Puedes sentir algo de él? —preguntó Yorvenn, dirigiéndose a Paul—. Antes de que empecemos formalmente.

Paul cerró los ojos, concentrándose en la presencia contenida dentro del cristal.

—Está despierto —dijo, después de un momento—. Y sabe que estamos aquí. Ha estado esperando esto desde que lo contuvimos.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Fox, que completaba el pequeño grupo reunido para el procedimiento.

—Porque su firma no tiene la calidad de algo dormido o inactivo. Tiene la calidad de algo que espera, con paciencia, el momento en que alguien finalmente decida hablar con él.

Tilio asintió, con la seriedad de quien está a punto de tomar un riesgo calculado.

—Empecemos —dijo.

La Voz del Cristal

Yorvenn pronunció las palabras que abrían el canal de comunicación limitada, con la precisión de quien ha practicado ese conjuro específico docenas de veces en los días anteriores, aunque nunca lo hubiera usado en circunstancias reales.

El cristal, que había permanecido con su luz azulada estable desde el sellado, cambió de tono, adquiriendo un brillo más intenso, casi pulsante, como si algo en su interior hubiera despertado del todo ante la apertura del canal.

—Tilio —dijo una voz, con la misma resonancia múltiple que Yorvenn había descrito semanas atrás, aunque ahora más clara, más definida, sin la interferencia que había caracterizado el residuo grabado en el cristal de Aldric hace tanto tiempo—. Esperaba que llegaras a esto, tarde o temprano.

—Darmir —respondió Tilio, con la voz firme de quien no piensa mostrar más vulnerabilidad de la estrictamente necesaria—. Tengo preguntas.

—Todos las tienen. La cuestión es si estás dispuesto a pagar el precio de las respuestas.

—¿Qué precio?

—Información por información —dijo Darmir—. No espero que me liberes. No soy tan ingenuo como para creer que considerarías eso, ni loco para pedirlo. Pero tampoco voy a regalar lo que sé sin recibir algo a cambio.

Tilio intercambió una mirada con Fox, que asintió casi imperceptiblemente, con la señal acordada de antemano: proceder con cautela, pero proceder.

—¿Qué quieres saber? —preguntó Tilio.

—El estado de mi hermano. Kidtez. Nalia me ha mantenido aislado desde que me contuvieron. No sé si sigue vivo, si sigue leal a ella, si ha intentado buscarme.

Paul, desde su rincón, sintió el peso de esa pregunta con una empatía que no esperaba sentir hacia una entidad como Darmir.

—Kidtez sigue vivo —dijo Tilio, después de considerar cuánto revelar—. Sigue trabajando para Nalia. Ha intentado, según nuestra información, encontrar alguna manera de confirmar tu estado.

Un silencio siguió a esa respuesta, con una calidad que Yorvenn, observando atentamente el brillo del cristal, describió después como distinta a cualquier otra pausa en la conversación.

—Gracias —dijo Darmir, finalmente, con una voz que había perdido, por un instante, parte de su resonancia calculadora—. Ahora pregunta lo que viniste a preguntar.

—Equimio —dijo Tilio, sin rodeos—. ¿Qué es?

El cristal pulsó con una intensidad que hizo retroceder instintivamente a Yorvenn, con la mano ya en la posición para cortar el canal si la situación lo requería.

—Es un nombre que no se pronuncia a la ligera en el subsuelo —dijo Darmir, con un cuidado distinto al que había mostrado hasta entonces—. No porque sea peligroso en el sentido en que ustedes entienden el peligro. Sino porque nombrarlo sin necesidad es, entre los míos, una falta de respeto hacia algo que existe desde antes de que existiera nadie para nombrarlo.



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En el texto hay: poder y fantasia, amor prohido, altafantasia

Editado: 12.07.2026

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