La nueva rotación de guardia entró en vigor tres días después de la conversación con Nalia, y con ella llegó una tensión distinta en los pasillos del castillo: la de saber que cualquier rostro conocido podía, en teoría, no serlo.
Yorvenn había diseñado el procedimiento con la meticulosidad de quien lleva décadas desconfiando de las apariencias: cada guardia, cada sirviente, cada consejero que cruzara el umbral del ala privada donde vivían Tilio y Seraphine debía someterse a una breve verificación con el cristal de comunicaciones, un proceso que tomaba apenas unos segundos pero que, repetido decenas de veces al día, había convertido los corredores del castillo en algo parecido a un ritual constante de sospecha.
—Esto no puede sostenerse para siempre —se quejó Marcus, en la reunión matutina, mientras Yorvenn verificaba su propia frecuencia por tercera vez esa semana, un procedimiento que él mismo insistía en cumplir para no dar la impresión de estar por encima del sistema que había creado—. La gente empieza a mirarse entre sí con desconfianza. Eso también debilita al reino, aunque de una forma distinta a las bestias.
—Lo sé —respondió Tilio—. Pero prefiero la incomodidad de la sospecha a la comodidad de la ignorancia. Al menos hasta que sepamos más sobre qué es esto que enfrentamos.
—¿Alguna novedad de Fox?
—Está con Filaen esta mañana. El consejero cree haber encontrado algo.
El Patrón de Filaen
Filaen había pasado los últimos días reconstruyendo, con la paciencia obsesiva de quien no puede permitirse otro error, el mapa completo de las reuniones y decisiones anómalas dentro del consejo élfico. Cuando Fox llegó a su despacho esa mañana, lo encontró rodeado de pergaminos extendidos sobre cada superficie disponible, con líneas trazadas entre nombres, fechas y lugares.
—Mira esto —dijo Filaen, sin levantar la vista, señalando un patrón que había marcado en tinta roja—. Cada anomalía que encontré ocurrió en un radio de tres días alrededor de una fecha específica. Y esa fecha coincide, casi exactamente, con la desaparición de Herminio Vasc en Draxcan.
Fox se inclinó sobre el pergamino, siguiendo las líneas con el dedo.
—¿Crees que actúa en oleadas?
—Creo que necesita tiempo para sostener cada suplantación. La consejera Ilyra, el consejero Vaenith, incluso yo mismo hace meses: cada engaño requirió semanas de preparación antes de manifestarse en una decisión concreta. Pero ahora, viendo el patrón completo, hay algo más inquietante.
—¿Qué?
—Las suplantaciones se están acortando. Al principio necesitaba meses para sembrar una duda que germinara en una decisión. Ahora, según los tiempos que he podido reconstruir, apenas necesita días.
Fox sintió que el peso de la advertencia de Nalia —*cuando decida quién quiere ser, quizás ya sea tarde*— cobraba un sentido mucho más urgente del que había imaginado.
—Se está fortaleciendo.
—Eso me temo. Y hay algo más. —Filaen señaló otro pergamino, más pequeño, apartado de los demás—. Ayer, durante una sesión rutinaria del consejo, propuse a Lirael que revisáramos juntos, en privado, los archivos de asistencia de los últimos seis meses. Quería verificar si había patrones en quién estaba presente durante las decisiones anómalas.
—¿Y?
—Lirael accedió sin dudar. Pero cuando llegamos al archivo, ella insistió en que debíamos empezar por un mes específico, uno que yo no había mencionado. Cuando le pregunté por qué, no supo darme una razón clara. Solo dijo que "le parecía lo correcto".
Fox sintió que un escalofrío le recorría la espalda.
—¿Crees que Lirael...?
—No lo sé. Y esa incertidumbre es exactamente el problema, Fox. No puedo acusar a la líder del consejo élfico de estar suplantada, o manipulada, sin pruebas más sólidas que una sugerencia extraña. Pero tampoco puedo ignorarlo.
—Necesitamos a Yorvenn aquí. Con el cristal.
—Ya envié un mensaje pidiendo su presencia. Pero, Fox... si es cierto, si Lirael está siendo manipulada, o algo peor, esto ya no es solo un problema de Draxcan. Es un problema que amenaza directamente la estabilidad del consejo élfico completo, en un momento en que necesitamos que los cuatro clanes se mantengan unidos más que nunca.
La Verificación de Lirael
Yorvenn llegó a Eltrix dos días después —había estado allí supervisando el sello del cristal de Darmir junto con Eril, y el viaje de regreso a Draxcan le habría tomado más tiempo del que la urgencia permitía— y solicitó una audiencia privada con Lirael bajo el pretexto de una consulta rutinaria sobre protocolos de seguridad para el consejo.
Lirael lo recibió sin sospechar nada, con la cortesía distante que la caracterizaba desde que había apoyado, finalmente, la enmienda de sucesión racial.
—Yorvenn. Hace tiempo que no nos visitas.
—Los tiempos lo exigen, consejera. Necesito hacer una verificación de frecuencia, un procedimiento nuevo que estamos aplicando en Draxcan para todos los que tienen acceso a información sensible.
—¿A mí también? —preguntó Lirael, con una ceja arqueada, aunque sin mostrar resistencia.