Draxcan: Lo que Perdimos en la Guerra

Capítulo VII: La Voz Tras el Cristal

El templo del Sabio del Tiempo —así lo llamaban en Draxcan desde generaciones atrás, aunque pocos recordaban ya por qué, más allá de que el nombre honraba a la deidad que había tejido a los Siete en el origen de todo— permanecía en penumbra cuando Yorvenn terminó de preparar el ritual. Había pasado la noche entera reforzando cada runa de contención alrededor del cristal donde Darmir permanecía sellado, verificando tres veces cada símbolo, como si la vida de todos los presentes dependiera de que ninguno de esos trazos fallara.

Porque, en cierto sentido, así era.

—¿Está listo? —preguntó Tilio, entrando al templo con Seraphine y Fox a su lado.

—Todo lo listo que puede estar algo tan peligroso —respondió Yorvenn, sin apartar la vista del cristal—. He triplicado el sello. Si Darmir intenta algo más allá de hablar, lo sentiré antes de que pueda completarlo, y cerraré el canal de inmediato.

—¿Y si el fragmento está cerca, como sospechaste la última vez?

—Entonces lo sabremos también. He colocado runas adicionales alrededor del templo completo, no solo del cristal. Si algo se acerca, lo detectaré antes de que llegue a la puerta.

Seraphine observaba el cristal con los brazos cruzados, la desconfianza dibujada en cada línea de su rostro. Llevaba semanas sin poder usar su propio poder elemental con la misma fuerza de antes —una fatiga persistente que atribuía, sin darle mayor importancia, al desgaste acumulado de meses de guerra— y aquella mañana, de pie en el templo frío, sentía un peso extraño en el pecho que no lograba identificar del todo.

—No me gusta esto —dijo, por tercera vez esa semana—. Darle voz a Darmir, aunque sea por unos minutos, es darle una oportunidad que quizás no debería tener.

—Lo sé —respondió Tilio—. Pero si hay alguien que puede llegar hasta Kidtez sin que el fragmento controle toda la conversación, es su propio hermano. Y necesitamos que Kidtez sepa que Darmir sigue vivo, de su propia voz, no de la nuestra.

—¿Y si Darmir usa esto para escapar? ¿Para enviarle un mensaje a Nalia, o al fragmento, sin que lo notemos?

—Por eso estoy yo aquí —dijo Yorvenn—. Cada palabra que pronuncie pasará por mi vigilancia. Si intenta algo más que hablar con su hermano, lo sabré antes que él mismo termine la frase.

Seraphine no pareció del todo convencida, pero no discutió más. Se limitó a colocarse junto a Tilio, con una mano apoyada, sin que él lo notara del todo, sobre su propio vientre, un gesto que llevaba haciendo sin darse cuenta desde hacía días, como quien busca calmar una inquietud que no sabe nombrar.

El Despertar de Darmir

Yorvenn extendió las manos sobre el cristal, murmurando palabras en una lengua antigua que ni Tilio ni Fox reconocían del todo, restos de un idioma que se hablaba en los templos mucho antes de que Draxcan tuviera ese nombre. El pulso débil que latía en el interior del cristal comenzó a acelerarse, como el corazón de alguien que despierta de golpe de un sueño profundo.

¿Yorvenn?

La voz de Darmir llegó fragmentada, distante, como si atravesara capas de agua antes de alcanzar el aire.

—Darmir. Necesito que escuches con atención. No estás aquí para negociar, ni para intentar nada. Estás aquí porque alguien quiere hablar contigo.

¿Quién?

Yorvenn miró a Tilio, que asintió.

—Tu hermano quiere saber si sigues vivo —dijo Tilio, acercándose al cristal—. Vamos a intentar conectarte con él. Solo unos minutos. Si intentas algo más que hablar, el canal se cerrará de inmediato, y no volverás a tener esta oportunidad.

Hubo un silencio largo dentro del cristal, un silencio que Yorvenn interpretó, por la calidad de la energía que sentía fluctuar en su interior, como algo parecido a la sorpresa.

¿Kidtez? ¿Está bien?

—Vivo. Pero con dudas que podrían costarle caro, si algo o alguien las aprovecha de la forma equivocada.

Entonces déjenme hablar con él.

Yorvenn extendió el ritual, tejiendo un segundo canal, mucho más delicado que el primero, uno que debía atravesar la distancia entre Draxcan y las ruinas del sur sin que el fragmento —si es que vigilaba a Kidtez de cerca, como todo indicaba— pudiera detectar la conexión antes de que se completara.

El proceso tomó minutos que se sintieron como horas. Yorvenn sudaba, con las manos temblando ligeramente por el esfuerzo de sostener dos frecuencias tan distintas a la vez. Finalmente, con un último murmullo, el canal se abrió.

Los Hermanos

¿Darmir?

La voz de Kidtez, llegando desde el sur, sonó primero incrédula, luego quebrada, como si llevara meses conteniendo una pregunta que finalmente encontraba respuesta.

Soy yo, hermano.

Pensé... pensé que estabas muerto. Madre nunca me lo confirmó. Nunca me dijo nada claro.

Estoy vivo. Contenido, pero vivo. No puedo prometerte que esto dure para siempre, pero por ahora, respiro.

Kidtez guardó silencio un momento. Tilio, Seraphine y Fox escuchaban en silencio absoluto, conscientes de que cualquier interrupción podía romper la fragilidad del canal.




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