El mensaje llegó a Eltrix al amanecer, con la letra apretada y urgente de Fox, explicando en pocas líneas lo que había ocurrido en el cráter: la revelación robada, la voz que ya hablaba con fragmentos de frases completas, la certeza cada vez más firme de que el fragmento se acercaba a decidir su propio nombre.
Paul lo leyó dos veces, sentado en el patio donde solía meditar, con Martina observándolo desde la puerta de la cocina, atenta a cualquier señal de que su corazón no estuviera a la altura de lo que se le pedía.
—No —dijo ella, antes de que él pudiera siquiera proponerlo—. Ya sé lo que estás pensando, y la respuesta es no.
—Martina, si no negociamos con Nalia ahora, de forma directa, el fragmento podría completarse antes de que encontremos otra forma de detenerlo.
—Y si tu corazón falla en mitad de la negociación, no habrá nadie que pueda completarla en tu lugar. ¿Eso lo consideraste?
Paul se quedó en silencio un momento, sopesando el peso de la pregunta. Llevaba semanas sintiendo que su cuerpo se desgastaba con cada esfuerzo, con cada intento de tocar la balanza de Equimio, con cada visión que buscaba en el silencio de la meditación. Pero también sentía, con la misma certeza, que había cosas que solo él podía hacer, y que negarse a hacerlas por miedo a su propia fragilidad sería una traición mayor a todo lo que había sacrificado ya.
—Andreisis podría ayudarme a sostener el canal —dijo finalmente, con cuidado—. No para hablar con Nalia directamente, pero sí para mantenerme estable mientras lo hago. Ella tiene la fuerza que a mí me falta ahora.
Martina lo miró largamente, con esa mezcla de amor y resignación que había aprendido a dominar durante los años en que había estado casada con un hombre que nunca sabía cuándo detenerse.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero lo hacemos aquí, en el templo, con Eril presente, y con Andreisis lista para intervenir si algo sale mal. Y si en algún momento siento que tu corazón no lo soporta, lo detengo, sin importar lo que estemos a punto de descubrir.
—Trato hecho.
El Templo de Eltrix
Reunieron a Andreisis y Eril esa misma tarde, en la cámara interior del templo donde generaciones de guardianes habían custodiado los textos antiguos sobre los símbolos y la separación de entidades. Lantro, el hermano menor de Andreisis, se quedó en la puerta, con instrucciones estrictas de no entrar bajo ninguna circunstancia, algo que aceptó con la misma resistencia adolescente de siempre, aunque sin discutir demasiado.
—¿Qué necesitas que haga? —preguntó Andreisis, colocándose junto a su padre, con la seriedad que la caracterizaba desde los días en que había gobernado Eltrix en ausencia de sus padres.
—Sostenerme —respondió Paul—. Físicamente, si es necesario. Y si sientes que mi energía flaquea durante el canal, avísale a tu madre de inmediato.
Andreisis asintió, colocando una mano firme sobre el hombro de su padre, mientras Eril se posicionaba al otro lado, con su bastón de madera negra apoyado contra el suelo de piedra, listo para intervenir si el ritual requería su conocimiento de los textos antiguos.
—Cuando quieras —dijo Martina, aunque su voz llevaba una tensión que no lograba ocultar del todo.
Paul cerró los ojos, y por tercera vez desde el cierre de la grieta principal meses atrás, buscó el canal débil que lo conectaba con Nalia, esta vez con un propósito distinto: no solo obtener información, sino proponer algo que ninguno de los dos bandos había considerado formalmente hasta ahora.
El Canal se Abre
Esta vez, la conexión llegó más rápido que en ocasiones anteriores, como si Nalia misma hubiera estado esperando, atenta, la posibilidad de que alguien volviera a buscarla.
Paul.
—Nalia. Necesito hablar contigo sobre algo distinto a lo de siempre.
Escucho.
—El fragmento habló conmigo, o más bien, habló con Tilio, en el cráter. Ya forma frases completas. Ya negocia. Y usó algo que no debería haber sabido para desestabilizarnos.
Lo sé. Lo sentí, aunque de forma distante. Se acerca a su decisión más rápido de lo que temía.
—Necesitamos trabajar juntos. No una alianza formal, no algo que ninguno de los dos pueda anunciar ante nuestros propios consejos. Pero sí una cooperación real. Intercambio de información. Coordinación cuando sea necesario.
El silencio que siguió duró tanto que Paul comenzó a sentir el peso familiar del esfuerzo en su pecho, un latido irregular que Andreisis notó de inmediato, apretando su hombro con más firmeza.
¿Por qué habría de confiar en Draxcan después de todo lo que hemos hecho el uno al otro?
—Porque ninguno de los dos puede permitirse enfrentar esto solo. Tú misma lo dijiste: si el fragmento logra lo que busca, dejará de ser tu problema para convertirse en el problema de todos, incluida tú.
Es cierto. Pero la confianza no se construye con palabras, Paul. Se construye con acciones.
—Entonces propongo una acción concreta. Kidtez ha estado en contacto con el fragmento. Darmir ha logrado sembrar dudas genuinas en él. Si pudiéramos coordinar, entre Draxcan y tú, una forma de proteger a Kidtez de forma más activa, sin que eso implique invasión ni escalada, sería un primer paso real.