Yorvenn y Eril intercambiaron cartas durante tres días completos, comparando los textos del templo de Draxcan con los que Eril custodiaba en Eltrix, buscando cualquier referencia a rituales de reunificación para entidades fragmentadas. El trabajo era lento, meticuloso, y cada hallazgo traía consigo más preguntas que respuestas.
—Aquí hay algo —dijo Yorvenn, durante una de las visitas que Eril hizo a Draxcan para consultar directamente los archivos del templo del Sabio del Tiempo—. Un pasaje que habla de "el llamado del hilo original", una técnica que, en teoría, podría atraer a los fragmentos dispersos de vuelta hacia un punto central, permitiéndoles reunirse bajo control, en lugar de dejarlos completarse por su cuenta.
—¿Qué se necesita para el ritual? —preguntó Eril, inclinándose sobre el pergamino antiguo.
—Según esto, se necesita un ancla física, similar a lo que el fragmento intentó crear en el almacén, pero diseñada específicamente para atraer en lugar de fijar poder. Y se necesita, además, algo que el texto llama "voluntad compartida": la disposición genuina de quien realiza el ritual a ofrecer un propósito nuevo a la entidad reunificada, en lugar de simplemente contenerla.
—Eso suena peligrosamente parecido a negociar con el enemigo.
—Lo es, en cierto sentido. Pero también podría ser la única forma de resolver esto sin que termine, tarde o temprano, en una guerra abierta contra una entidad que ya demostró ser capaz de robar los secretos más íntimos de quienes toca.
Eril se quedó pensativo, con el peso de la decisión asentándose sobre sus hombros de anciano guardián.
—Necesitamos consultar esto con Tilio antes de avanzar más. Un ritual de esta naturaleza no puede improvisarse sin el consentimiento pleno de quienes arriesgan sus vidas en él.
La Propuesta
Tilio escuchó la explicación completa en su despacho, con Seraphine a su lado, Fox y Marcus atentos a cada detalle, y Andreisis, que había viajado desde Eltrix específicamente para esta reunión, dispuesta a participar en cualquier decisión que involucrara al fragmento con el que ya había hablado directamente.
—Un ancla que atrae, no que fija —repitió Tilio, procesando la información—. ¿Dónde la construiríamos?
—El texto sugiere un lugar de significado profundo, cargado de energía que el fragmento reconozca —explicó Yorvenn—. El cráter donde Paul cortó el vínculo de Nalia sería el candidato más obvio, dado que ya sabemos que el fragmento se siente atraído hacia ahí.
—¿Y la voluntad compartida? —preguntó Seraphine—. ¿Quién debe ofrecerla?
—Alguien con la capacidad de comunicarse directamente con la entidad, y con la fuerza suficiente para sostener el contacto durante el tiempo que tome el ritual —respondió Eril—. Paul sería el candidato natural, dada su experiencia previa. Pero su corazón...
—No puede soportarlo —completó Martina, que había insistido en acompañar a su hija a Draxcan, decidida a no perder de vista a ninguno de los dos mientras discutían planes que ponían en riesgo sus vidas—. Ya lo hemos hablado. No permitiré que arriesgue su vida en algo tan incierto.
—Entonces yo lo haré —dijo Andreisis, sin vacilar—. Ya establecí contacto una vez. El fragmento, o al menos la parte de él con la que hablé, mostró algo parecido a la voluntad de considerar una alternativa a la conquista. Soy la persona más indicada para intentar esto.
Tilio la observó con una mezcla de admiración y preocupación genuina.
—Es un riesgo enorme, Andreisis. Si el ritual falla, si la voluntad que ofreces se convierte en una puerta abierta para que se apodere de ti en lugar de reunificarse pacíficamente...
—Lo sé. Y lo acepto. Pero también sé que si no lo intentamos, seguiremos enfrentando fragmentos cada vez más desesperados, cada vez más peligrosos, hasta que uno de ellos logre completarse con toda la ambición y ninguna de las dudas que la reunificación podría ofrecerle.
El silencio que siguió tuvo el peso de una decisión que ninguno de los presentes tomaba a la ligera.
Los Preparativos
Durante los días siguientes, Yorvenn y Eril trabajaron juntos en la construcción del ancla, un proceso meticuloso que requería materiales específicos: piedra tallada con runas que combinaban elementos de la tradición élfica y la tradición mágica de Draxcan, imbuida con la energía combinada de ambos templos.
—Necesitamos también protección para Andreisis —dijo Yorvenn, mientras supervisaba el tallado de las runas—. Si algo sale mal durante el ritual, necesitamos una forma de romper el contacto de inmediato, sin dañarla en el proceso.
—Un anillo de contención —sugirió Eril—. Similar al que usamos para el cristal de Darmir, pero diseñado para proteger a una persona viva, no para contener a una entidad ya separada.
Marcus, mientras tanto, coordinaba la seguridad de la expedición al cráter, esta vez con un contingente más numeroso que el anterior, consciente de que si el fragmento —o los fragmentos— decidían atacar durante el ritual, necesitarían una defensa sólida.
—¿Cuántos soldados llevamos? —preguntó a Tilio, durante una de las reuniones de planificación.
—Veinte, además de Yorvenn, Eril, Andreisis, Fox y yo. Seraphine se queda en Draxcan, coordinando desde aquí.