Draxcan: Lo que Perdimos en la Guerra

Capítulo XVI: El Peso de la Espera

Las semanas que siguieron al ritual del cráter trajeron consigo una calma que Draxcan no había conocido desde antes del inicio de esta nueva guerra silenciosa. El fragmento reunificado no volvió a manifestarse, ni en la capital ni en Eltrix, y aunque Yorvenn insistía en mantener la vigilancia con la misma intensidad de siempre, incluso él admitía, en sus reportes semanales a Tilio, que la ausencia de actividad resultaba tan inquietante como reconfortante.

—El silencio puede significar dos cosas —dijo, durante una de las reuniones rutinarias del consejo—. Que está reconstruyéndose, decidiendo con calma quién quiere ser, tal como prometió. O que está preparando algo que aún no comprendemos.

—¿Alguna señal del fragmento rebelde? —preguntó Marcus.

—Ninguna. Sigue debilitado, según nuestras estimaciones. Pero debilitado no significa inofensivo.

Tilio escuchaba con atención, aunque su mente, cada vez más, se dividía entre las preocupaciones de estado y el peso creciente del embarazo de Seraphine, que ya entraba en su quinto mes, con el vientre todavía sin mostrar el cambio que cualquier mujer humana habría exhibido a esas alturas, pero con una fatiga que, según Aelindel, era completamente normal para el proceso de gestación Elemens.

Eltrix: La Vida Sigue

En Eltrix, Andreisis se había convertido, casi sin proponérselo, en una figura de referencia entre los jóvenes guardianes del templo, quienes acudían a ella con preguntas sobre el ritual que había logrado reunificar al fragmento, un logro que ya circulaba como leyenda entre los círculos más informados de los cuatro clanes.

—No lo hice sola —insistía ella, cada vez que alguien le atribuía el mérito completo—. Eril, Yorvenn, mi padre con su experiencia previa, todos contribuyeron.

Paul, cuya salud había mejorado ligeramente gracias al descanso forzado que Martina le imponía con firmeza inquebrantable, observaba a su hija con un orgullo que no intentaba disimular.

—Te has convertido en algo que ni siquiera yo esperaba, Andreisis —le dijo, una tarde, mientras caminaban juntos por los jardines del templo—. Una guardiana por derecho propio, no solo por herencia.

—Aprendí de ti —respondió ella, con una sonrisa cansada—. Aunque preferiría que mi aprendizaje no hubiera requerido enfrentar directamente a una entidad fragmentada capaz de robar secretos de la mente.

—La vida rara vez nos da las lecciones que pedimos, hija. Solo las que necesitamos.

Lantro, el hermano menor de Andreisis, se unió a ellos poco después, con la energía inquieta de un joven que sentía que el mundo avanzaba sin él mientras permanecía relegado a entrenamientos básicos.

—¿Cuándo podré participar en algo así? —preguntó, con la impaciencia típica de sus diecisiete años—. Llevo meses entrenando con Eril, y todavía me tratan como si fuera incapaz de sostener una conversación con algo más peligroso que una gallina.

—Cuando estés listo —respondió Paul, con la paciencia de un padre que ya había enfrentado esa misma impaciencia en sí mismo, décadas atrás—. Y créeme, Lantro, no hay prisa en enfrentar lo que tu hermana enfrentó.

El Sur: Un Silencio Distinto

En las ruinas de la Convención, Kidtez experimentaba su propio tipo de calma, aunque una calma cargada de una inquietud que no lograba definir del todo. Desde su rechazo explícito al fragmento, semanas atrás, la entidad no había vuelto a visitarlo, y aunque debería sentir alivio por ello, algo en el fondo de su ser permanecía en vilo, como si esperara que la ausencia fuera solo el preludio de algo mayor.

Nalia, por su parte, había comenzado a mostrar hacia él una atención distinta, más cercana, casi maternal en un sentido que Kidtez no recordaba haber experimentado desde su infancia, en los tiempos anteriores a que la guerra y la ambición consumieran cada aspecto de la existencia de su madre.

—Hiciste bien —le dijo ella, una noche, en una de las pocas conversaciones directas que habían compartido en meses—. Al rechazar al fragmento.

—Solo hice lo que Darmir me pidió.

—Y confiaste en tu hermano, pese a la distancia, pese a la incertidumbre. Eso también dice algo de ti, Kidtez.

Él la miró con una mezcla de sorpresa y cautela, poco acostumbrado a recibir de su madre palabras que sonaran genuinamente afectuosas en lugar de estratégicamente calculadas.

—¿Sabes algo de él? ¿De Darmir?

Nalia guardó silencio un momento, con una expresión que Kidtez no lograba descifrar del todo.

—Sé que sigue contenido. Sé que Yorvenn mantiene el sello con la misma diligencia de siempre. Más allá de eso, no puedo sentir gran cosa a través de las barreras que Draxcan ha construido a su alrededor.

—¿Crees que algún día lo liberarán?

—No lo sé —respondió ella, con una frialdad que regresaba a su voz habitual—. Pero si algún día encuentra la forma de liberarse por sí mismo, Kidtez, quiero que sepas que tu hermano es mucho más de lo que Draxcan cree contener.

La frase quedó flotando en el aire de la noche, cargada de un peso que Kidtez no comprendería del todo hasta mucho tiempo después.

Draxcan: El Sexto Mes




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