Los primeros tres días de reposo transcurrieron sin incidentes, y Aelindel visitaba a Seraphine cada mañana con la misma rutina meticulosa: revisar sus signos vitales, escuchar el latido del corazón elemental que generaba su poder, confirmar, una y otra vez, que el bebé seguía desarrollándose con normalidad pese al susto del distrito sur.
—Todo parece estable —confirmó, al final de la tercera revisión, con un tono que, sin embargo, no lograba disipar del todo la cautela profesional que la caracterizaba—. Pero quiero mantener las revisiones diarias durante al menos una semana más. Un impacto como el que sufrió puede tener efectos que no se manifiestan de inmediato.
—¿Qué tipo de efectos? —preguntó Tilio, que no se había separado de Seraphine desde el incidente, delegando cada vez más responsabilidades de gobierno en Fox y Marcus para poder permanecer cerca de ella.
—Sangrados internos menores que el cuerpo logra contener al principio, pero que pueden agravarse con el tiempo. Desprendimientos parciales que no siempre muestran síntomas inmediatos. Prefiero pecar de cautelosa antes que lamentar no haberlo hecho.
Seraphine, recostada en la cama con una pila de informes de estado que Fox le enviaba cada tarde para mantenerla al tanto de la búsqueda del fragmento rebelde, asintió con una obediencia que, semanas atrás, hubiera sido impensable en ella.
—Haré exactamente lo que digas, Aelindel. No voy a arriesgarme más.
La Búsqueda Continúa
Mientras Seraphine guardaba reposo, Marcus y Fox coordinaban una búsqueda intensiva del fragmento rebelde, esta vez con la ayuda directa de Vorn y varios dragones de la guardia Elemens, cuyos sentidos, según había prometido semanas atrás, resultaron más efectivos que cualquier método humano o mágico para rastrear presencias ocultas entre las sombras.
—Fuego siente algo —informó Vorn, durante una de las reuniones diarias en el despacho de Tilio, refiriéndose al dragón que, pese a permanecer en tierra por instrucciones de Aelindel, mantenía un vínculo con Seraphine que le permitía comunicar inquietudes incluso sin volar—. Una presencia dispersa, débil, moviéndose entre el bosque norte y los campos que ya inspeccionamos semanas atrás.
—¿Puede rastrearla con precisión? —preguntó Tilio.
—No completamente. La presencia se mueve, evita patrones predecibles. Pero cada vez que se manifiesta, deja tras de sí el mismo tipo de residuo que encontramos en la criatura del mercado.
Yorvenn, presente en la reunión pese al cansancio acumulado de días de trabajo casi ininterrumpido, añadió su propia observación.
—Creo que está experimentando. Como hizo antes con los pergaminos, con el círculo del almacén. Ahora experimenta con crear extensiones de sí mismo, criaturas que pueden actuar en su lugar mientras él permanece oculto, recuperando fuerzas.
—Entonces cada ataque que sufra Draxcan será solo un síntoma de algo mayor que se gesta en las sombras —concluyó Fox, con el peso de la implicación asentándose sobre todos los presentes.
—Necesitamos encontrarlo antes de que perfeccione esa capacidad —dijo Tilio, con una urgencia renovada tras el incidente del mercado—. Antes de que sus criaturas se vuelvan más numerosas, más fuertes, más difíciles de contener.
El Cuarto Día
Fue en la madrugada del cuarto día de reposo cuando algo cambió. Seraphine despertó con un dolor sordo en el vientre, distinto a cualquier molestia que hubiera experimentado durante el embarazo hasta ese momento, un dolor que se instaló primero como una incomodidad menor, pero que fue creciendo con cada minuto que pasaba.
—Tilio —susurró, despertándolo con una mano temblorosa sobre su hombro.
Él se incorporó de inmediato, alerta al tono de su voz.
—¿Qué pasa?
—Algo no está bien. Duele. No como antes, algo distinto.
Tilio no perdió un segundo. Envió a un guardia a buscar a Aelindel de inmediato mientras ayudaba a Seraphine a mantenerse lo más cómoda posible, con el terror ya instalándose en su pecho, un eco del mismo miedo que había sentido en el mercado días atrás.
—Va a estar bien —dijo, más para convencerse a sí mismo que para tranquilizarla—. Aelindel viene en camino. Va a estar bien.
Seraphine no respondió, concentrada en respirar a través del dolor que crecía con cada minuto, con una mano firmemente apoyada sobre su vientre, buscando, como había hecho instintivamente desde el incidente del mercado, cualquier señal de que la vida dentro de ella seguía presente.
La Llegada de Aelindel
La curandera llegó en cuestión de minutos, con dos asistentes cargando instrumentos y hierbas que Tilio no reconocía, y su expresión, habitualmente serena, mostraba una tensión que no hacía nada por calmar el terror que ya lo consumía.
—Necesito espacio para trabajar, Gran Sabio —dijo, con la firmeza profesional que siempre empleaba en momentos de crisis—. Por favor, espere afuera.
—No voy a dejarla sola.
—Gran Sabio, por favor. Cada segundo que discutimos es un segundo que no dedico a atenderla.
Tilio, con el corazón desgarrándose entre el instinto de proteger y la necesidad de confiar en la experiencia de Aelindel, finalmente cedió, besando la frente de Seraphine antes de salir al pasillo, donde Fox ya esperaba, alertado por los guardias.