Draxcan: Renacer Dentro de las Cenizas

Capítulo II: La Espada de los Símbolos

El forjado de la espada llegó a su etapa final tres semanas después de que Darmir hiciera su propuesta, con Yorvenn supervisando cada momento del proceso final en el templo del Sabio del Tiempo, mientras el herrero jefe de Draxcan, un hombre corpulento llamado Bramwell que había servido al reino durante más de treinta años, completaba los últimos detalles de la hoja.

—Nunca había trabajado con instrucciones como estas —comentó Bramwell, examinando el acero recién templado, cuya superficie mostraba un brillo apagado similar al de la tinta que el fragmento había usado en sus pergaminos meses atrás, aunque de una tonalidad ligeramente distinta, más profunda, más antigua—. Es como si el metal mismo respirara.

—Es exactamente eso lo que debería sentir —confirmó Yorvenn, examinando la hoja con el cristal de comunicaciones activado—. Los símbolos están asentados correctamente. La energía es estable, coherente con lo que Darmir describió desde el principio.

¿Puedo verla? —preguntó Darmir, desde el interior del cristal, con una impaciencia que sonaba casi infantil en su nueva claridad.

Yorvenn sostuvo la espada frente al cristal, permitiendo que la energía contenida en su interior examinara el trabajo terminado.

Es perfecta —dijo Darmir, con una satisfacción genuina—. Exactamente como la imaginé. Ahora necesita un nombre.

—¿Un nombre? —preguntó Bramwell, sorprendido por la solicitud.

Las armas imbuidas con símbolos del Caos necesitan un nombre para anclar su propósito. Sin él, la energía podría dispersarse con el tiempo, perdiendo la efectividad que hemos trabajado tanto en construir.

El Nombre de la Espada

Tilio, convocado de inmediato para presenciar la etapa final del proceso, consideró la solicitud con la misma seriedad que había dedicado a cada decisión relacionada con este proyecto incierto.

—¿Alguna sugerencia? —preguntó, dirigiéndose tanto a Yorvenn como al cristal donde Darmir permanecía contenido.

Quizás algo que refleje su propósito —sugirió Darmir—. Un arma diseñada para repeler lo que no ha encontrado su forma, lo que se resiste al orden natural del equilibrio.

—Rompefragmentos —propuso Marcus, que había llegado poco después que Tilio, con la practicidad directa que siempre lo caracterizaba.

—Demasiado literal —objetó Fox, con una media sonrisa—. Necesita algo con más peso, considerando de dónde viene.

Seraphine, que observaba el proceso con un interés genuino pese a la cautela persistente que sentía hacia cualquier cosa relacionada con Darmir, ofreció su propia sugerencia.

—Vigilia —dijo, con una convicción tranquila—. Porque su propósito es vigilar contra lo que aún no ha elegido su lugar en el equilibrio. Como Equimio vigila la balanza, esta espada vigilará contra quienes intenten romperla desde las sombras.

El nombre resonó entre todos los presentes con un peso que se sentía correcto, y hasta Darmir, tras un momento de consideración silenciosa, expresó su aprobación.

Vigilia —repitió—. Me parece apropiado.

Las Pruebas

Antes de considerar la espada lista para su uso, Yorvenn insistió en someterla a una serie de pruebas rigurosas, verificando que su efectividad correspondiera exactamente a lo que Darmir había prometido, sin ningún efecto secundario oculto que pudiera representar un peligro para quien la empuñara.

—Necesitamos probarla contra algo real —dijo, durante una reunión con Tilio y Marcus—. El fragmento rebelde, contenido en su propio cristal, sería la prueba más directa disponible.

—¿Es seguro? —preguntó Marcus, con la cautela habitual ante cualquier procedimiento que involucrara acercarse a una entidad contenida.

—Con las precauciones adecuadas, sí. Propongo un contacto controlado: acercar la espada al cristal del fragmento rebelde, sin liberarlo, solo para observar la reacción de su energía ante la proximidad del arma.

La prueba se organizó dos días después, en la misma cámara del templo donde ambos cristales permanecían bajo vigilancia constante. Tilio sostuvo la espada, acercándola lentamente al cristal que contenía al fragmento rebelde, mientras Yorvenn observaba con el cristal de comunicaciones en alto, listo para intervenir ante cualquier señal de peligro.

El efecto fue inmediato y dramático: la energía dentro del cristal del fragmento rebelde se retorció violentamente, como si la proximidad de la espada representara una amenaza física real, un dolor que ninguno de los presentes esperaba presenciar con tanta claridad.

Aléjenla —dijo la voz del fragmento, distorsionada por el sufrimiento evidente—. Duele. Duele de una forma que no había sentido antes.

—Funciona —confirmó Yorvenn, con una mezcla de satisfacción y algo parecido a la inquietud ante la efectividad demostrada—. La espada repele activamente la energía de entidades como el fragmento, con una intensidad considerable.

Tilio alejó la espada de inmediato, sintiendo el peso de lo que acababan de presenciar: una herramienta genuinamente poderosa, capaz de causar daño real a amenazas que hasta ahora solo habían logrado contener.

La Prueba Definitiva




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