Los meses siguientes transcurrieron con una normalidad que Draxcan no había experimentado en mucho tiempo, marcados por el comercio constante con el Asentamiento del Amanecer, la vigilancia rutinaria de Yorvenn sobre los cristales gemelos y la espada Vigilia, y una recuperación gradual que se extendía tanto al reino como a las personas que lo gobernaban.
Seraphine, en particular, había alcanzado un punto de estabilidad que Aelindel calificaba como "completamente recuperada", con su poder elemental finalmente restaurado a la plenitud que había perdido tras el embarazo de Elyra, un logro que celebró volando con Fuego por primera vez en casi un año, surcando los cielos sobre Draxcan con una libertad que había extrañado profundamente.
—Se siente como respirar de nuevo —le dijo a Tilio, esa noche, tras aterrizar en los establos con las mejillas encendidas por el viento y una sonrisa que él no le veía desde antes de la pérdida—. Como si una parte de mí que había estado dormida finalmente despertara.
—Te ves feliz —observó él, con una calidez genuina ante el cambio evidente en su ánimo.
—Lo estoy. Más de lo que he estado en mucho tiempo.
Se sentaron juntos en el patio, observando las estrellas emerger sobre Draxcan, y Seraphine, con una determinación suave pero firme que Tilio reconoció de inmediato, retomó una conversación que ambos habían dejado suspendida meses atrás.
—Estoy lista, Tilio. Para intentarlo de nuevo.
La Decisión Compartida
Él la miró con una mezcla de esperanza y cautela, sintiendo el peso de la conversación con la misma seriedad que había caracterizado cada decisión importante entre ellos desde la pérdida de Elyra.
—¿Estás completamente segura?
—Lo estoy. Mi cuerpo está recuperado. Mi corazón, aunque nunca dejará de cargar el peso de lo que perdimos, ha encontrado espacio también para la esperanza. Quiero que intentemos de nuevo, Tilio. Quiero que construyamos la familia que soñamos, sin dejar que el miedo nos paralice para siempre.
Tilio sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos, una mezcla de alegría y el recuerdo persistente del dolor que habían compartido, y la abrazó con una ternura que llevaba consigo meses de espera silenciosa.
—Entonces lo intentaremos —dijo, con la voz quebrada por la emoción—. Juntos, como siempre.
Aelindel, informada de la decisión al día siguiente, revisó a Seraphine con la misma meticulosidad de siempre, confirmando que su cuerpo, efectivamente, se encontraba en condiciones óptimas para un nuevo embarazo.
—Todo indica que está completamente sana —confirmó la curandera—. Pero esta vez, comandante, quiero que ambos entiendan algo importante: no puedo garantizar que una tragedia similar no vuelva a ocurrir. La vida, incluso con todos los cuidados posibles, siempre lleva consigo cierto grado de incertidumbre.
—Lo entendemos —respondió Seraphine, con una madurez forjada por la pérdida—. Y estamos dispuestos a aceptar ese riesgo, con toda la precaución que podamos ofrecer.
El Consejo de los Cuatro Clanes
Mientras tanto, el comercio con el Asentamiento del Amanecer continuaba fortaleciéndose, con Kidtez demostrando, mes tras mes, un compromiso genuino con la construcción de algo distinto a la ambición de su madre. Fox, quien había continuado liderando las visitas periódicas de vigilancia, reportaba con una confianza creciente el progreso pacífico del asentamiento.
—Han comenzado a cultivar sus propias tierras —informó, durante una de las reuniones rutinarias del consejo—. Ya no dependen exclusivamente de nuestros recursos. Kidtez ha organizado un sistema de gobierno local, con representantes elegidos entre los propios refugiados que se han asentado ahí.
—¿Algo sospechoso? —preguntó Marcus, con la cautela que definía su papel como portador de la espada Vigilia.
—Nada que haya podido detectar. Si acaso, mi mayor preocupación sigue siendo la ausencia total de información sobre Darmir en cualquier comunicación con Kidtez. Es como si evitara deliberadamente el tema cada vez que lo menciono.
Yorvenn, presente en la reunión, consideró la observación con seriedad renovada.
—Podría ser simplemente incomodidad, considerando la historia de su hermano. O podría ser algo más deliberado. Mantendré mi vigilancia sobre Darmir con la misma intensidad de siempre, sin importar cuán genuina parezca su transformación.
Eltrix: Andreisis y el Templo
En Eltrix, Andreisis había continuado profundizando en sus estudios bajo la guía de Eril, alcanzando un nivel de comprensión sobre los textos antiguos que, según el propio guardián, rivalizaba ya con la experiencia que Paul había acumulado a lo largo de décadas.
—Tu progreso es extraordinario —le dijo Eril, durante una de sus sesiones habituales—. Pocos guardianes alcanzan este nivel de comprensión en tan poco tiempo.
—Tengo una motivación fuerte —respondió Andreisis, con una determinación que no había disminuido desde el ritual del cráter—. Quiero estar preparada, si algo como el fragmento vuelve a surgir en el futuro.
Lantro, que finalmente había comenzado a participar en entrenamientos más avanzados tras meses de insistencia, se unió a ellos con la energía característica de su juventud.