Draxcan: Renacer Dentro de las Cenizas

Capítulo VI: La Heredera

El trabajo de parto comenzó al amanecer, diez días después de que Aelindel confirmara que el nacimiento podía ocurrir en cualquier momento. Seraphine despertó con una contracción que le arrancó un gemido bajo, distinto a cualquier molestia que hubiera sentido en las semanas anteriores, y supo, con la misma certeza instintiva que la había guiado en cada batalla de su vida, que este era el momento.

—Tilio —dijo, sacudiendo suavemente su hombro—. Es hora.

Él despertó de inmediato, con los reflejos de años de guerra activándose antes incluso de que su mente terminara de procesar las palabras.

—¿Estás segura?

—Completamente.

No hizo falta más. Tilio se levantó, envió a un guardia a buscar a Aelindel y a Yselle con una urgencia que resonó por todo el castillo, y en cuestión de minutos, la habitación que habían preparado durante semanas para este momento exacto comenzó a llenarse de actividad organizada: curanderas moviéndose con precisión, instrumentos dispuestos según el protocolo que Aelindel y Yselle habían desarrollado meticulosamente, y Seraphine, en el centro de todo, respirando a través de las contracciones con la misma disciplina que había aplicado a cada desafío físico de su vida.

Las Horas de Espera

—Va a tomar tiempo —advirtió Yselle, tras la primera revisión, confirmando lo que ya habían anticipado sobre la naturaleza más prolongada de un parto de herencia mixta—. El cuerpo Elemens resiste, incluso en el proceso de dar a luz. Necesitamos paciencia.

Tilio, a quien le habían permitido permanecer en la habitación esta vez, a diferencia de la crisis devastadora que había vivido meses atrás con la pérdida de Elyra, se sentó junto a la cama, sosteniendo la mano de Seraphine con una firmeza que buscaba transmitir toda la fuerza que pudiera ofrecerle.

—Estoy aquí —dijo, con cada contracción que la sacudía—. No voy a irme a ningún lado.

—Más te vale —respondió ella, entre dientes apretados, con un humor que, pese al dolor evidente, no la abandonaba del todo—. Si sobrevivo a esto, exijo que estés aquí para presenciarlo completo.

Las horas transcurrieron con una lentitud que puso a prueba la paciencia de todos los presentes. Fox, Marcus y Yorvenn esperaban en el pasillo contiguo, con la misma vigilia silenciosa que habían mantenido meses atrás, aunque esta vez cargada de una anticipación distinta, más esperanzadora que temerosa.

—¿Alguna noticia? —preguntó Marcus, cuando Aelindel salió brevemente para buscar más suministros.

—Progresa según lo esperado —confirmó ella—. Lento, pero saludable. Ambos están bien.

El Nacimiento

Pasaron casi doce horas antes de que el momento decisivo llegara. Seraphine, exhausta pero decidida, encontró en las últimas reservas de su fuerza física y su determinación guerrera la capacidad de completar el proceso que su cuerpo había sostenido con una resistencia notable durante todo el día.

—Casi está —dijo Yselle, con la voz cargada de urgencia profesional—. Un esfuerzo más, comandante. Solo uno más.

Tilio, sosteniendo su mano con una intensidad que reflejaba cada emoción que había cargado durante meses de espera, sintió que el mundo entero se concentraba en ese instante preciso.

—Puedes hacerlo —dijo—. Eres la mujer más fuerte que conozco. Puedes hacerlo.

Seraphine, con un último esfuerzo que combinaba dolor y una determinación feroz, completó el proceso, y el silencio que siguió, apenas un instante, se sintió eterno hasta que un llanto, agudo y vital, resonó por toda la habitación.

—Es una niña —anunció Aelindel, con la voz cargada de una emoción que trascendía su profesionalismo habitual—. Una niña sana, fuerte.

Shaissa

Envolvieron a la bebé con cuidado, y Aelindel la colocó directamente sobre el pecho de Seraphine, que la recibió con lágrimas corriendo libremente por su rostro, mezclando el agotamiento físico con una alegría que no lograba contener.

—Hola —susurró, con la voz quebrada por la emoción—. Hola, pequeña.

Tilio se inclinó junto a ellas, observando a su hija por primera vez, sintiendo que el peso de meses de espera, de esperanza cautelosa, de recuerdos dolorosos de Elyra, se transformaba, en ese instante, en una alegría pura que no había experimentado con tanta intensidad en toda su vida.

—Es hermosa —dijo, con la voz igualmente quebrada—. Absolutamente hermosa.

La bebé tenía el cabello oscuro de Tilio, pero los ojos, incluso recién abiertos, mostraban ya un tono grisáceo que recordaba directamente a los de Seraphine, una mezcla visible de ambas herencias que, según había explicado Yselle semanas atrás, se resolvería gradualmente hacia la naturaleza Elemens con el paso de los años.

—¿Cómo la llamaremos? —preguntó Tilio, aunque ya conocía la respuesta, habiéndola discutido con Seraphine en numerosas ocasiones durante los últimos meses.

—Shaissa —respondió Seraphine, sin dudarlo—. Como decidimos.

La Noticia

Fox, Marcus y Yorvenn, esperando en el pasillo, escucharon el llanto del bebé con un alivio que se extendió inmediatamente por todo el castillo, propagándose hacia los cuatro distritos con una rapidez que reflejaba la esperanza colectiva que Draxcan había depositado en este momento.




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