Un mes después de la batalla, con Draxcan asentándose en una nueva normalidad marcada por la reconstrucción constante y la vigilancia renovada, Seraphine finalmente encontró la oportunidad que había estado buscando para obtener información sobre los planes de sus enemigos: un canal de comunicación que, aunque arriesgado, podría ofrecer respuestas que ninguna otra estrategia había logrado proporcionar.
—Necesito que me ayudes a contactar a Nalia directamente —le dijo a Paul, quien había viajado a Draxcan tras recibir noticias de la propuesta, su corazón ya considerablemente más fuerte tras meses de recuperación cuidadosa—. No a través de canales indirectos, sino un contacto directo, uno a uno.
—Es peligroso —advirtió Paul, con la cautela de quien había pagado un precio físico considerable por intentos similares en el pasado—. Y no hay garantía de que ella proporcione información honesta, considerando que sus hijos acaban de declarar abiertamente sus intenciones.
—Lo sé. Pero necesito intentarlo. Como madre, quizás pueda apelar a algo en ella que ningún argumento estratégico logre alcanzar.
El Contacto de Seraphine
Con Tilio presente, aunque reticente ante el riesgo que la propuesta implicaba, y con Yorvenn preparando cada precaución posible, Seraphine se sentó en el mismo templo donde Paul había establecido contacto en numerosas ocasiones anteriores, buscando, por primera vez, comunicarse directamente con la diosa que había definido tanto sufrimiento a lo largo de la crisis.
—Nalia —dijo, con la voz firme pese al nerviosismo evidente—. Soy Seraphine. Comandante de Draxcan. Madre de la niña que tu hijo Kidtez estuvo a punto de matar.
El silencio que siguió se extendió durante un momento incómodo, antes de que la presencia familiar de Nalia se manifestara, con una energía que llevaba consigo una calidad distinta a los encuentros anteriores que Paul había mediado.
Comandante Seraphine —dijo la voz, con una frialdad calculada—. Un contacto directo. Inusual.
—Quiero preguntarte algo, de madre a madre —continuó Seraphine, sin dejarse intimidar—. ¿Vale la pena todo esto? ¿El poder que buscas, la dominación que planeas, vale el riesgo de perder a tus propios hijos en el proceso?
Hubo otro silencio, más largo esta vez, y cuando Nalia finalmente respondió, su voz llevaba consigo algo que Seraphine no esperaba: una nota de melancolía genuina, entremezclada con la determinación fría que definía cada una de sus acciones.
Mis hijos ya están perdidos, comandante, en el sentido que probablemente imaginas. Fueron forjados, desde su creación, para este propósito. No hay versión de Darmir o Kidtez que exista fuera de la ambición que les inculqué. Preguntarme si vale la pena es como preguntarle a un escultor si vale la pena crear la estatua que siempre tuvo en mente.
Una Grieta en la Armadura
—¿Y si te equivocaste? —preguntó Seraphine, sintiendo que quizás había encontrado, en la respuesta de Nalia, una vulnerabilidad genuina que podría explotar—. ¿Y si Kidtez, en algún rincón de sí mismo, desea algo distinto a lo que tú planeaste para él?
Kidtez cumplirá su papel —respondió Nalia, aunque la firmeza de su voz llevaba consigo, por primera vez, algo parecido a la duda—. Como siempre lo ha hecho.
—Vi los reportes de su comportamiento durante la construcción del Asentamiento del Amanecer —insistió Seraphine—. La gente que reunió, las vidas que genuinamente mejoró, incluso si fue parte de un plan más amplio. Eso no se puede fingir completamente, Nalia. Ni siquiera para el hijo más leal.
El silencio que siguió a esa observación se extendió durante lo que se sintió como una eternidad, y cuando Nalia finalmente respondió, su voz llevaba consigo una frialdad renovada que confirmaba que había alcanzado, quizás, el límite de la vulnerabilidad que estaba dispuesta a mostrar.
Este contacto ha terminado, comandante. Aprecio tu intento, pero no cambiará el curso de lo que ya está decidido.
El canal se cerró abruptamente, dejando a Seraphine con más preguntas que respuestas, pero también con una certeza nueva: había encontrado, aunque fuera brevemente, una grieta genuina en la determinación aparentemente absoluta de Nalia.
Fox y una Nueva Estrategia
Basándose en la información que Seraphine había obtenido, Fox propuso, durante la siguiente reunión del consejo, una estrategia que combinaba preparación militar continua con un enfoque renovado hacia la posible fractura entre los hermanos.
—Si existe alguna duda genuina en Kidtez, por pequeña que sea, podríamos aprovecharla —argumentó—. No para negociar directamente, lo cual probablemente resultaría inútil considerando la lealtad que ha demostrado hasta ahora. Pero sí para sembrar información que pueda, eventualmente, ampliar esa grieta.
—¿Qué tipo de información? —preguntó Elroan, con la practicidad militar que definía su nuevo papel como General Supremo.
—Recordatorios. De las vidas que salvó en el Asentamiento del Amanecer. De las familias que encontraron refugio bajo su liderazgo. Necesitamos encontrar formas de mantener esas memorias presentes en su mente, contrarrestando la influencia constante de Darmir y Nalia.
Tilio consideró la propuesta con la misma cautela estratégica que había definido cada decisión importante desde el inicio de la crisis.