Con el consejo de los cuatro clanes coordinando esfuerzos sin precedentes hacia el fortalecimiento militar y mágico de Draxcan, Elroan encontró, entre las responsabilidades administrativas de su nuevo papel como General Supremo, un momento de reflexión que había estado postergando desde su nombramiento formal semanas atrás: el peso de liderar no solo la defensa presente de Draxcan, sino de honrar genuinamente la memoria de todos aquellos que habían caído bajo su mando, directo o indirecto, a lo largo de una crisis que parecía extenderse indefinidamente.
—Necesito visitar el monumento a los caídos —le dijo a Fox, una tarde particularmente pesada tras horas de coordinación logística—. Antes de sumergirme completamente en los preparativos de las próximas semanas.
Fox, comprendiendo el peso emocional que tal visita implicaba, ofreció acompañarlo, y ambos caminaron juntos hacia la plaza donde Draxcan había erigido, tras la batalla contra Darmir, un monumento que ya llevaba grabados ciento cuarenta y tres nombres, con espacio deliberadamente dejado para honrar a quienes, inevitablemente, se añadirían en los enfrentamientos futuros que todos sabían se aproximaban.
El Nombre de Marcus
Elroan se detuvo frente al nombre de Marcus, grabado en una posición de honor cerca de la base del monumento, sintiendo el peso de una amistad forjada a través de años de servicio militar compartido.
—Servimos juntos desde antes de la guerra contra las bestias —dijo, con una voz que llevaba consigo el peso genuino de la pérdida—. Discutíamos constantemente sobre tácticas, sobre estrategia, sobre casi cualquier tema que pudiera generar desacuerdo entre dos generales con perspectivas distintas. Pero confiaba en él más que en cualquier otro oficial que haya conocido.
—¿Cómo se conocieron? —preguntó Fox, sintiendo que la pregunta ofrecía a Elroan un espacio genuino para procesar su duelo de una forma que las responsabilidades constantes de liderazgo rara vez permitían.
—Durante una escaramuza fronteriza, décadas atrás, mucho antes de que cualquiera de las crisis actuales comenzara. Ambos éramos jóvenes oficiales, ansiosos por demostrar nuestro valor. Una emboscada nos separó del resto de nuestra unidad, y pasamos tres días evadiendo patrullas enemigas, dependiendo completamente el uno del otro para sobrevivir. Esa experiencia forjó un vínculo que ninguna diferencia de opinión posterior logró debilitar genuinamente.
La Responsabilidad de Continuar
Fox, escuchando la historia con un respeto renovado hacia la profundidad de la pérdida que Elroan cargaba silenciosamente tras la fachada disciplinada que proyectaba ante sus tropas, sintió que comprendía mejor la determinación feroz con que el nuevo General Supremo había asumido cada responsabilidad desde la muerte de su viejo amigo.
—¿Te sientes preparado para esto? —preguntó, con una honestidad que la confianza mutua desarrollada durante meses de crisis compartida permitía—. Para liderar la defensa final, cuando llegue el momento.
Elroan consideró la pregunta con una seriedad que reflejaba semanas de introspección privada.
—No sé si alguien puede sentirse genuinamente preparado ante una amenaza como Darmir. Pero sé que Marcus habría querido que continuara, que hiciera todo lo posible por proteger lo que él sacrificó su vida defendiendo. Esa certeza, más que cualquier confianza en mi propia capacidad, es lo que me permite seguir adelante cada día.
Ismenia y las Brigadas Fortalecidas
Mientras Elroan procesaba su duelo personal, Ismenia Draeth completaba, con una eficiencia que sorprendía incluso a los oficiales más experimentados del alto mando, la reorganización completa de las brigadas humanas, incorporando no solo las nuevas formaciones defensivas que había desarrollado, sino también un programa de entrenamiento intensivo diseñado específicamente para maximizar la coordinación con las fuerzas de otras razas.
—Cada soldado humano ahora conoce las señales básicas de coordinación con arqueros élficos y magos de apoyo —informó, durante una revisión de progreso ante Elroan y Tilio—. Ya no dependemos de comunicación improvisada durante el combate. Cada unidad sabe exactamente cómo integrarse con las fuerzas de los otros tres clanes.
Tilio, observando una demostración práctica de las nuevas formaciones en el campo de entrenamiento, sintió una satisfacción genuina ante el progreso tangible que semanas de preparación acelerada habían producido.
—Es notable, coronela. Este nivel de coordinación no existía antes de esta crisis.
—La necesidad forja capacidades que la comodidad nunca hubiera desarrollado —respondió Ismenia, con la practicidad que la caracterizaba—. Aunque preferiría, sinceramente, no haber necesitado esta lección de una forma tan costosa.
Cedrick y la Producción Masiva
En los talleres del Distrito Humano, Cedrick, trabajando ahora junto a un equipo considerablemente ampliado de aprendices reclutados de cada distrito, había logrado establecer una línea de producción que superaba considerablemente sus capacidades individuales anteriores.
—Cien armaduras completas por semana —reportó a Fox, durante una visita de inspección—. Y las dagas imbuidas con el eco de la espada Vigilia, aunque más lentas de producir, ya suman cuarenta unidades disponibles para distribución entre nuestros mejores guerreros.