El amanecer llegó con una claridad brutal que ninguno de los habitantes de Draxcan olvidaría jamás: un cielo despejado, casi burlonamente sereno, que contrastaba con el terror colectivo que se había apoderado de cada rincón de la capital durante la noche de preparativos finales. Los centinelas de la muralla sur avistaron el avance del ejército enemigo poco después de que el sol comenzara a asomarse sobre el horizonte, una masa oscura que se extendía hasta donde la vista alcanzaba a distinguir, sobre la cual, mucho antes de que cualquier detalle específico pudiera confirmarse, dos siluetas alares se recortaban contra el cielo con una presencia que helaba la sangre de quien las observara.
—Ahí están —dijo Ismenia, con la voz firme pese al peso evidente del momento, observando desde su posición de mando junto a Elroan—. Exactamente como anticipamos.
—Formación completa —ordenó Elroan, con una autoridad que reflejaba meses de preparación cuidadosa convergiendo finalmente en este momento decisivo—. Cada unidad a su posición asignada. Que los dioses, si escuchan las plegarias de mortales tan pequeños ante amenazas tan vastas, nos concedan la fuerza necesaria.
Tilio, posicionado en un punto elevado de la muralla desde donde podía coordinar la respuesta general sin exponerse directamente a las primeras oleadas de combate, sintió que el peso de cada decisión de los últimos meses se concentraba en este instante único, la culminación de tanta preparación, tanto sacrificio, tanta determinación colectiva.
El Avance de Darmir
Darmir lideraba el avance montado sobre Thordrac, con Sudrac volando junto a Kidtez a cierta distancia, ambos hermanos proyectando una autoridad que se sentía físicamente opresiva incluso desde la distancia considerable que aún los separaba de las murallas de Draxcan. Tras ellos, el ejército combinado avanzaba con una disciplina que confirmaba meses de entrenamiento intensivo, soldados humanos que habían jurado lealtad a la causa de Nalia marchando junto a criaturas revividas de la antigua guerra contra las bestias, cada elemento coordinado con una precisión que Draxcan había subestimado gravemente en sus cálculos anteriores.
—Su fuerza terrestre es mayor de lo esperado —observó Theron, examinando el avance desde su posición junto a los arqueros élficos—. Necesitamos ajustar el despliegue de reservas.
—Coordinado —confirmó Fox, transmitiendo la orden a través del sistema de señales luminosas que Ophelia había desarrollado, viendo con satisfacción cómo cada unidad recibía la actualización estratégica con una fluidez que meses de simulacros habían perfeccionado exitosamente.
Ophelia y Yorvenn, posicionados en un punto central desde donde podían coordinar el apoyo mágico general, sintieron que el peso de la batalla que se avecinaba confirmaba, con una certeza aterradora, cada preparación que habían realizado durante los meses recientes.
El Primer Contacto
La batalla comenzó cuando las fuerzas terrestres de Darmir alcanzaron el perímetro exterior de las defensas de Draxcan, encontrándose de inmediato con las brigadas humanas de Ismenia, cuyas formaciones defensivas revisadas resistieron el impacto inicial con una efectividad que superó considerablemente lo que cualquier enfrentamiento anterior había demostrado.
—¡Mantengan la formación! —gritó Ismenia, dirigiendo a sus soldados con la misma determinación feroz que la pérdida de su propio hijo, años atrás, había forjado en cada aspecto de su liderazgo militar—. ¡Recuerden el entrenamiento!
Cedrick, luchando entre las filas junto a los soldados equipados con la armadura y armamento que había producido durante meses de trabajo incansable, sintió que su propia contribución a la defensa cobraba un significado tangible mientras observaba cómo las armaduras reforzadas resistían golpes que, sin ellas, hubieran resultado fatales para incontables soldados.
Theron, coordinando sus arqueros élficos con una precisión calculada, dirigió ataques concentrados hacia los puntos vulnerables que meses de estudio anatómico habían identificado en las bestias revividas que acompañaban al ejército enemigo, cada flecha imbuida con el tratamiento resistente a la magia que Cedrick había perfeccionado específicamente para este propósito.
Vorn y Ventisca se Elevan
En el cielo, Vorn, montado sobre Ventisca en pleno poder tras meses de recuperación completa, se elevó junto a Filaen y Espina, ambos dragones coordinándose con una fluidez táctica que reflejaba semanas de entrenamiento conjunto, dirigiéndose directamente hacia el punto donde Sudrac patrullaba con Kidtez sobre él.
—¡Concéntrate en Sudrac! —gritó Vorn a Filaen, mientras Ventisca ganaba altura con una agilidad que su poder recientemente restaurado le permitía desplegar completamente—. ¡Deja que Fuego y Seraphine se encarguen de Thordrac cuando lleguen!
Seraphine, elevándose poco después con Fuego transformado por el ritual de fortalecimiento reciente, sintió que la promesa que había hecho a Tilio la noche anterior resonaba en cada decisión táctica que tomaba mientras se aproximaba al combate aéreo que ya comenzaba a desarrollarse entre las criaturas defensoras y las creaciones oscuras de Darmir.
—Vamos —murmuró a Fuego, sintiendo el poder renovado de su dragón vibrar bajo ella con una intensidad que nunca había experimentado antes de esa noche—. Es hora.
El Enfrentamiento entre Vorn y Kidtez