Duele corazón

Un saludo entre libros

El sol ya estaba bajando cuando la jornada escolar empezó a terminar.
Los pasillos del colegio se llenaban de pasos rápidos, mochilas al hombro y voces cansadas después de un día largo.
Takashita, Souta y Mickey caminaban juntos hacia la salida, hablando de cosas pequeñas sin mucha prisa.
—Hoy sí entendí eso de las ecuaciones —dijo Mickey con orgullo.
—Milagro —respondió Souta con una sonrisa burlona.
Takashita solo caminaba en silencio, con su cuaderno dentro de la mochila.
Pero algo dentro de él estaba un poco más ligero que antes.
Tal vez porque ya no caminaba solo.
Al salir por la puerta principal, el aire fresco los recibió de golpe.
Y fue ahí cuando la vieron.
Cerca del portón del colegio, sentada en un pequeño borde, estaba una chica.
La presidenta del club de literatura.
Diana.
Tenía un gato entre los brazos, acariciándolo con calma, como si el mundo alrededor no existiera.
El gato se movía tranquilo, disfrutando de las caricias.
Por un segundo, todo parecía demasiado silencioso para ese lugar.
Souta bajó un poco la voz.
—Esa es la presidenta del club…
Mickey asintió.
—Sí, la he visto antes.
Takashita la observó en silencio.
Diana levantó la mirada en ese momento.
Sus ojos se cruzaron con los de ellos.
No fue una mirada intensa ni exagerada.
Solo… tranquila.
Natural.
Ella sonrió un poco y levantó la mano en señal de saludo.
—Hola —dijo con voz suave.
Los tres se quedaron medio quietos un segundo.
Souta fue el primero en reaccionar.
—Hola —respondió levantando la mano también.
Mickey hizo lo mismo, algo nervioso.
Takashita solo inclinó ligeramente la cabeza.
Diana acarició al gato una última vez, se puso de pie con calma y acomodó su mochila.
—Nos vemos —dijo con una sonrisa ligera.
Y sin decir nada más, caminó hacia el interior del colegio otra vez, perdiéndose entre los pasillos.
El silencio volvió.
Souta soltó una pequeña risa.
—Ok… eso fue raro pero tranquilo.
Mickey miró hacia donde ella se fue.
—Es más calmada de lo que imaginaba.
Takashita seguía mirando el lugar donde estuvo.
Sin decir nada.
Pero algo pequeño quedó en su mente.
Como una escena que no termina de irse.




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