Habían pasado tres días.
El colegio seguía igual de ruidoso, igual de vivo… pero para Takashita, algo había cambiado.
Souta ya no caminaba a su lado como antes.
Ahora estaba en el club de fútbol.
Y Mickey había encontrado su lugar en el club de baloncesto.
Cada uno había tomado un camino.
Cada uno, excepto él.
Takashita caminaba solo por los pasillos, con una hoja doblada dentro de su cuaderno.
Era su carta de inscripción.
El papel se sentía más pesado de lo normal.
No por su peso… sino por lo que significaba.
Club de literatura.
Sus pasos lo llevaron hasta una puerta diferente del colegio.
Más silenciosa.
Más tranquila.
El tipo de lugar donde no había ruido innecesario.
Respiró hondo.
Y tocó.
—Adelante —se escuchó desde dentro.
Takashita abrió la puerta.
Y ahí estaba ella otra vez.
Diana.
Esta vez no estaba en el patio ni con un gato.
Estaba sentada en una mesa, con algunos libros organizados a su lado.
Más tranquila que la última vez.
Pero igual de presente.
Cuando levantó la mirada y lo vio, parpadeó un poco sorprendida.
—¿Tú…?
Takashita dio un paso adelante, algo inseguro.
—Vengo a entregar esto.
Le extendió la carta de inscripción.
Diana la tomó con cuidado, mirándola un segundo antes de dejarla sobre la mesa.
Luego lo observó a él con más atención.
—No esperaba verte aquí —dijo con sinceridad.
Takashita bajó un poco la mirada.
—Yo tampoco estaba seguro de venir.
Silencio corto.
Diana sonrió suavemente.
—Me alegra que lo hicieras.
Takashita no respondió, pero escuchó con atención.
Ella se levantó con calma, acomodando un poco sus papeles.
—Por cierto —dijo—. Creo que no nos habíamos presentado formalmente.
Lo miró directo.
—Me llamo Diana. Tengo 16 años, estoy en segundo año… y soy la presidenta del club de literatura.
Su tono era tranquilo, seguro… pero sin imponerse.
Takashita la miró un segundo.
Luego asintió.
—Takashita.
Diana sonrió un poco más.
—Bienvenido al club.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue… nuevo.
Como si algo acabara de empezar sin hacer ruido.