El interior del club de literatura era más tranquilo de lo que Takashita había imaginado.
No era ruidoso.
No era caótico.
Era… cálido de una forma extraña.
Había estantes con libros, una mesa grande en el centro y algunos papeles organizados con cuidado.
Diana caminaba por el espacio con naturalidad, como si ese lugar fuera parte de ella.
—Bueno —dijo ella, girándose hacia Takashita—. Así es el club.
Takashita observó el lugar en silencio.
—Es… tranquilo —murmuró.
Diana sonrió de inmediato, como si esa palabra le gustara demasiado.
—¿Verdad? Yo quería que fuera así. Sin presión, sin ruido… solo personas que quieran escribir o leer a su ritmo.
Mientras hablaba, sus manos se movían un poco con emoción, como si le costara quedarse quieta.
Takashita la miró en silencio.
No solo lo que decía… sino cómo lo decía.
Diana seguía explicando con energía.
—A veces hacemos lecturas en voz alta, otras veces solo escribimos y compartimos ideas, y si alguien quiere… puede mostrar poemas o historias.
Su voz tenía entusiasmo real.
No forzado.
No actuado.
Solo… pasión.
Takashita bajó un poco la mirada al cuaderno que llevaba consigo.
—Suena… bien —dijo.
Diana lo miró un segundo, como si buscara alguna reacción más grande.
Pero él seguía calmado.
Entonces siguió hablando, esta vez con más emoción.
—Yo quería que el club se sintiera como un lugar seguro para escribir sin miedo a equivocarse.
Mientras hablaba, sus ojos brillaban un poco más.
Takashita la observó.
Y por alguna razón, esa emoción tan sincera le pareció…
tiernamente exagerada.
No se dio cuenta cuando su boca soltó una pequeña risa suave.
—…
Fue casi un sonido invisible.
Pero Diana lo escuchó.
Se quedó quieta un segundo.
Y luego lo miró.
—¿De qué te ríes? —preguntó, entre sorprendida y un poco confundida.
Takashita parpadeó.
—No es nada…
Pero Diana se cruzó de brazos, fingiendo molestia.
—Oye, eso fue de mala educación.
Takashita bajó un poco la mirada.
—Lo siento… es que…
Se detuvo un segundo.
—Te emocionas mucho.
Silencio.
Diana lo miró fijo.
Y por un momento… su expresión cambió.
Se notó un pequeño sonrojo en sus mejillas.
—Yo… no me emociono tanto —dijo, intentando sonar seria.
Pero no le salió del todo.
Takashita la miró otra vez.
Y esta vez fue él quien soltó una sonrisa leve.
Diana lo notó.
—¡Oye! —dijo, medio molesta otra vez.
Pero al segundo siguiente…
se le escapó una pequeña risa.
Y el ambiente cambió.
Ya no era formal.
Ya no era distante.
Solo dos personas empezando a entenderse, sin darse cuenta.