Antes del primer choque de los cuchillos, la llanura ya había hablado.
El viento, antiguo y sabio, recorrió los pastos secos y llevó consigo el presagio. Bajo el cielo abierto, donde la luz cae como sentencia, la tierra aguardó. Porque todo duelo verdadero nace mucho antes del gesto y sobrevive mucho después del último aliento.
Estas páginas no cuentan un hecho aislado, sino un designio. Aquí no hay comienzo claro ni final seguro. Solo hombres que caminan hacia su sombra y un destino que se repite como un rezo oscuro. Quien avance, que lo haga con respeto: está entrando en territorio de leyenda.
Editado: 05.01.2026