Cuando el sol se apaga y el rojo del cielo se vuelve ceniza, nadie puede afirmar que el duelo haya concluido. Tal vez los cuerpos se alejaron, pero el combate quedó sembrado en la tierra.
Hay noches en que el polvo vuelve a elevarse sin viento, y el eco del acero atraviesa el monte como un lamento. Entonces se sabe que la historia sigue viva.
Porque mientras haya honor sin descanso, mientras la llanura recuerde, los gauchos regresarán. Y el jinete, eterno guardián, volverá a interponerse entre la vida y la muerte, sosteniendo un combate que no busca vencedor, sino eternidad.
Editado: 05.01.2026