Dulce Caos (en español)

CAPÍTULO 4: DÍA 2

Hoy me levanté y, como siempre…pero por primera vez en mi vida me sentía “abrumado”, el mundo parecía una sesión de fotos. Todas las criadas me miraban con esa mezcla de adoración y deseo mientras me lavaba los dientes con una precisión geométrica. Me vestí, me peiné y cada fibra de mi ropa gritaba "perfección. Sin embargo, por dentro, me sentía abrumado y no me quede tiempo demás como los anteriores días no me quede luciéndome solo me sentí decepcionado.

Las imágenes de ayer se repetían en mi cabeza como una película de terror: las miradas que me ignoraban, el profesor frío, el vacío. Desde que amaneció, sentía que mi ego pesaba una tonelada sentí que mi perfección no valía nada.

Bajé a desayunar y, mientras masticaba con elegancia, no podía dejar de escribir frenéticamente en una pequeña libreta.

—¿Qué haces, Alex? —preguntó mi madre, observándome con curiosidad.

—Un plan —respondí sin mirarla, mis dedos apretando el bolígrafo—. Un plan para que todos en ese maldito lugar me reconozcan. No pueden seguir ignorándome. No a mí...

Mi madre dejó su taza de café y me miró con una sonrisa extraña, casi burlona. —¿Por qué tanto esfuerzo? ¿No prefieres ir a jugar con las sirvientas un rato o simplemente mirarte en el espejo por un par de horas? Eso es lo que hace el Alex que conozco o simplemente puedes hacer una presentación de lo “perfecto” que eres

—No lo necesito por ahora—respondí cortante y sarcástico—. Mirarme al espejo…creo que no lo necesito. -ahora solo quiero escribir como me pueden hacer caso…

Vi de reojo cómo mi madre se daba la vuelta para ocultar su rostro. «Por fin...», pensó ella con una alegría genuina, «por fin está cambiando. Ya no se esfuerza obsesivamente por lucir perfecto ante mí ni ante las demás que les trae locas».

Caminé hacia el colegio sin prestar atención a los lujos de la calle ni a los halagos de la gente. Iba abrumado, escribiendo en mi libreta mientras caminaba. —No, esto no funcionará...”es muy raro” —tachaba una línea—. Pero esto... ¡ajá! Sí, esto podría servir…esto tiene mucho potencial —murmuraba para mí mismo, como un científico loco tratando de resolver una ecuación imposible.

En clases, el mundo dejó de existir. El profesor hablaba sobre fórmulas, pero yo solo tenía ojos para la ventana. Allí abajo, en el patio, estaba ella. La chica de pelo rojo en clase de educación física. Al verla correr, recordé su mirada de ayer, esa que me llamó "barato". El odio y la fascinación se mezclaban en mi pecho.

Llegó el recreo. Me senté con el chico de los lentes, el único que parecía notar mi existencia, aunque fuera por lástima. —¿Solo llevas un día y ya pareces haber envejecido diez años…créeme mientras te acostumbras es mejor? —dijo él, limpiando sus gafas. —

Cállate —le dije abrumado, cerrando mi libreta de golpe.

La siguiente hora era Química. El profesor anunció que otro curso se uniría al nuestro para un experimento especial. La puerta se abrió y mi corazón dio un vuelco. Era ella. La de pelo rojo. —He solicitado un cambio de clase —dijo ella con voz plana y arrogante—. Hubo un... incidente en mi sección anterior parecían <<no entenderme>> murmuro.

El profesor asintió y anunció que debíamos formar grupos de dos para el experimento. El silencio fue sepulcral. Nadie quería hacerse con ella por su aura de inalcanzable, y nadie quería hacerse conmigo porque... bueno, seguía siendo uno más para ellos. —Buena suerte —susurró el chico de lentes, levantándose rápido del asiento mío. —¿Por qué? —pregunté, pero él ya se había ido, huyendo como un personaje de caricaturas cuando sabe que algo explosivo va a pasar.

Me quedé solo, mirándolo con rabia y maldiciéndolo internamente. Entonces, ella caminó hacia mi mesa. - ¿¿puedo hacer grupo contigo?? No me quedaba otra opción. Nos pusimos a trabajar en silencio, pero la tensión era insoportable y aburrida. Mi mente estaba hecha un caos por lo de ayer. Por primera vez en mi vida, no pude mantener mi personaje.

—Soy Alex —dije en voz baja, mirando el tubo y al frasco del laboratorio de clase. No fue una presentación real, no hubo arrogancia, ni mención de mi apellido. Fue una presentación... normal y algo aburrida.

De inmediato, mi mente entró en pánico. «¡NO PUEDE SER! ¿Cómo me presenté así? ¡Va a pensar que soy un mediocre! ¡Mi perfección! ¡La acabo de arruinar!». Me castigué internamente, sintiendo que había fallado a mi propia reputación.

Ella se quedó congelada, mirándome fijamente. «No puede ser...», pensó ella, sorprendida, «es... es ¿normal? No hay rastro de arrogancia ni “perfeccionismo». Nos quedamos mirándonos fijamente, perdiendo la noción del tiempo, pero con diferentes pensamientos.

—Si van a estarse mirando todo el día, para eso existen las citas o las cárceles—soltó el profesor con voz ronca.

Toda la clase estalló en abucheos y risas mientras yo bajaba la cabeza despacio asentando mi mejilla en el escritorio-otra vez… Sentí que la cara me ardía de vergüenza. El resto de la clase fue un error solo lo decían para llamar la atención de los demás. Dos horas después, en la salida, caminaba rápido con el chico de lentes solo para no parecer un perdedor solitario. -otra vez aquí… Seguía escribiendo en mi libro: "Error 402: Presentación fallida. Falta de impacto y perfeccionismo. ¿Cómo ser perfecto de nuevo?”. Mientras miraba al suelo con decepción de mí mismo.

—¿Qué estás haciendo ahora? —preguntó el de lentes, asomándose. —Anotando mis errores normales y lo que necesito cambiar, pero en un 100%—respondí con amargura, sin darme cuenta de lo que decía ni de lo que escribía.

-hay pero que perfeccionismo que hasta debes ¿mejorarte? Dijo con una voz sarcástica mientras yo lo veía con desprecio mientras seguía escribiendo.

Seguimos caminando de regreso a casa mientras no notamos que, unos pasos atrás, la chica de pelo rojo nos seguía en silencio. Sus ojos se abrieron de par en par al escuchar mis palabras. —¿Dijo que... es normal? —susurró ella para sí misma, con una expresión indescifrable queriendo descubrir algo…



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En el texto hay: romance, harem, vida escolar

Editado: 29.04.2026

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