Llegando al restaurante el olor de la grasa y papas fritas inundaba el ambiente del Wacdonal. Ahí estaba yo, Alex Miller, el ser supremo de la elegancia.
-que hacemos aquí…chico impopular. Dije con una cara de decepción y desanimo,
-estamos en el mejor lugar de la zona dijo el chico con una cara de alegría- y por cierto no me llames chico “impopular” llámame... Max, seré tu mejor amigo en esta larga… búsqueda de perfección jaja. Le miré con cara de curiosidad y le dije abrumado -aja, aja bueno chico impopular… mientras miraba el lugar con desanimo.
10 minutos después ya me quería ir, pero estaba sentado frente a una hamburguesa que probablemente contenía más enfermedades que la mismísima “isla de la basura”.
Mi amigo me miraba como si estuviera presenciando un momento de vulnerabilidad.
—Oye, ¿estás seguro de eso? —preguntó, señalando mi comida con una mueca—. ¿Eso no le hará daño a tu hermosa y elegante cara perfecta? Digo, la grasa y el acné… y los barros son enemigos mortales de tu... "perfección". Decía mientras comía sus papas
Lo ignoré perdidamente mientras le daba un mordisco perfecto a la hamburguesa. Pero por dentro, mi cerebro y mi ego gritaba: “auxilio, auxilio… jefe mírele ¿Qué diablos está haciendo? ¡Esto son 1000 calorías de grasa pura! Se va a engordar, va perder la línea, se mandíbula se va a esconder bajo una capa de lonjas DESPIERTENLO AHORA!
Dejé la hamburguesa de golpe en la bandeja, haciendo un ruido seco. —Anótalo —le dije a mi amigo con una seriedad aterradora—. Hoy tocan 100 abdominales extra. No, 200. No pienso dejar que una “hamburguesa” destruya mi legado.
A unas pocas mesas de distancia, oculta tras una gorra negra y unos lentes de sol que no pegaban para nada con el ambiente del restaurante, una chica de pelo rojo nos observaba. Estaba tan concentrada en nosotros que ni siquiera había tocado su refresco.
-no escucha nada qué diablos estarán haciendo… dijo con una cara de preocupación.
Mi amigo o lo que creía que era, que no sabe cuándo taparse la boca, se puso de pie y empezó a imitarme, estirando el cuello y poniendo cara de modelo de revista. —"Mírenme, soy Alex, soy perfecto, mi sudor huele a perfume de alta calidad" mi valiosa existencia vale más que todo el mismo continente —decía mientras hacía poses ridículas.
La chica de pelo rojo puso una cara de absoluta extrañeza tras sus lentes. —Por lo menos sé que el amigo no es normal... —susurró para sí misma, sintiendo un poco de alivio al ver tanta estupidez junta y al mismo tiempo un poco de risas.
Yo, mientras tanto, seguía abrumado, ignorando el show de mi amigo y volviendo a morder la hamburguesa con una mezcla de culpa y placer, sin enterarme de que tenía una espía a cinco metros y peor sin enterarme de las 1000 calorías mientras mi ego interior entraba en caos absoluto.
Al salir del restaurante, me despedí de mi amigo con un gesto rápido. Caminé hacia casa ignorando a dos chicas que se quedaron susurrando al verme pasar. Estaba abrumado, mi mente era un caos de culpa y autocrítica, pero sobre todo de desesperación.
La chica de pelo rojo, que me seguía desde la sombra, se detuvo en una esquina y sonrió para sí misma. —Se ve tan... normal, ignorando halagos, comiendo comida chatarra. Por fin alguien normal después de tanto tiempo. —Celebró con un pequeño puñetazo al aire antes de desaparecer en un auto negro.
Al caminar y llegar a su casa, la máscara de Alex Miller se rompió en mil pedazos. Entré a mi cuarto, cerré la puerta y solté un grito que debió escucharse hasta el jardín, parecía que estaba ocultando todo el desastre que creía que estaba pasando.
—¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ NADIE ME MIRA COMO YO QUIERO QUE ME MIREN?!
Me tiré al suelo y empecé a hacer abdominales como si mi vida dependiera de ello. 1, 2, 15, 40... Mi madre abrió la puerta un centímetro y suspiró con una sonrisa. —Bueno, parece que ya estamos de vuelta con el Alex que conozco —comentó, mientras las sirvientas pasaban por detrás mirando tímidamente y lujuriosamente al "joven amo" sudar en el piso con cara de loco.
--80,90,120… Conte mientras seguía haciendo abdominales como loco.
Media hora después, me desplomé en la cama, agotado. Saqué mi celular para revisar las redes, pero el cansancio fue más fuerte. El teléfono se me resbaló de las manos y ¡PUM!, me dio directo en la cara por la parte de la nariz.
—¡¡¡POR QUÉEEE!!! —grité, tirando las almohadas al piso.
__porque todo esta sucediendo como no debería pasar... MALDICION... arroje mi sabana y me puse a pelear con mi propio cuarto.
Bueno, bueno... parece que Alex está un poco sensible hoy. ¿Les parece si lo dejamos un momento con su drama y vamos a ver qué está haciendo nuestra chica misteriosa con su “misteriosa” vida?
TELETRASPORTANOS ESCRITOR…
Aparecemos en una habitación lujosa entre vapor y bolas de espuma, con decoraciones de oro y... ¡Oh, no! Se está bañando. Alerta roja…alerta roja ¡Salgan de acá, par de mirones! ¡Privacidad, por favor!
Tiempo después…
La chica sale del baño, secándose el cabello rojo con una toalla blanca. Se tira en su sillón, se pone el celular en el pecho y suspira mirando al techo. —Por fin alguien normal... —repite. Con una cara de satisfacción
Parece que nuestra invitada está satisfecha con lo que encontró o con lo que creyó encontrar les parece si volvemos con Alex…
En el cuarto de Alex
Mi cuarto está hecho un desastre, libros por el suelo, las sábanas revueltas, comida en el piso, lleno de un olor “extraño”. -parece que Alex tuvo una pelea con un “jefe” pero mírenlo se quedó dormido de lado, con la boca abierta y un hilo de saliva amenazando con caer en la almohada.
Bueno, parece que nuestro protagonista se cansó de... estar haciendo lo que sea que hizo. Mejor lo dejamos descansar y despedirnos de su “terrible” dia.
¡BOM!... sonó por toda la casa como me caía de la cama.