El sol de la mañana se metió por las cortinas de lujo de la casa de Alex, pero esta vez no iluminó la perfección habitual. Alex abrió un ojo, luego el otro, y lo que vio lo dejó confundido. Su habitación, ese santuario de orden y lujo, parecía el escenario de una guerra de almohadas contra un cayllu de categoría 5!!. Ropa de diseñador tirada por el suelo, libros del instituto desparramados y su lámpara de trozos de cristal torcida.
—Maldición… —susurró con la voz ronca, frotándose el cabeza aun confundido —. ¿Qué demonios pasó ayer?
Se quedó sentado en la cama durante veinte minutos exactos, procesando el desastre. Su cerebro intentaba actualizarse cómo él, el ser más “perfecto” del planeta, había permitido tal desastre. Finalmente, chasqueó los dedos con autoridad de un dios.
—¡Elena! ¡Sofía! —gritó, recuperando su tono de mando—. ¡Vengan ahora mismo! Mi habitación requiere un mantenimiento inmediatamente. No quiero ver ni una pisca de polvo en cinco minutos. ¡Muévanse!
Las criadas entraron disparadas, acostumbradas a sus órdenes perfectas, y empezaron a trabajar como un equipo de competencia. Alex las observaba desde su cama, cruzado de brazos, deslumbrando esa superioridad que solo alguien con su perfección podía permitirse.
Narrador: mmmm?? Esto es real… mejor vallamos a ver como esta el cerebro de Alex
En una sala de control futurista, llena de pantallas gigantes y luces rojas parpadeantes, cientos de pequeños Alex con batas blancas corrían de un lado a otro. El Alex comandante, sentado en una silla giratoria, golpeó la mesa.
—¡Señor! ¡Esto no es lo que usted imagina! —gritó un técnico con gafas, señalando una pantalla de radar—. Los registros de memoria dicen que Alex NO llamó a las sirvientas. ¡Repito! No hubo comando de voz para el servicio doméstico.
—¿Qué? —rugió el comandante—. ¿Entonces qué estamos viendo?
—¡Los sensores oculares indican que el cuerpo principal está sosteniendo una Tablet y.… ¿¡está limpiando su cuarto!?...repito si está limpiando su cuarto—gritó otro técnico—. ¡Se está alborotando todo! ¡La lógica de la "Perfección Absoluta" está colapsando! ¡Ajusten los niveles de narcisismo, ahora!
La sala de control se sacudió como si un terremoto la golpeara. Los pequeños Alex se caían de sus sillas mientras las alarmas sonaban sin cesar.
Narrador: que adorables cositas…. Mmm digo parece que los Alex están teniendo sus dificultades…
Alex bajó las escaleras, todavía tratando de recuperar su compostura de "Dios". Iba tan distraído con el desorden de su propio caos mental que no vio a una de las sirvientas nuevas que cruzaba el pasillo con una bandeja.
¡CLANG!
El choque fue inevitable. Alex tropezó y en un movimiento que parecía sacado de un anime, terminó sosteniendo a la chica por los hombros para no caer. Se quedaron mirándose a los ojos durante tres segundos eternos. El aire se detuvo.
—Perdón —soltó Alex, parpadeando.
Se levantó de inmediato, se ajustó el saco y se alejó a paso rápido sin mirar atrás. La sirvienta se quedó allí, extrañamente tranquila, suspirando con una sonrisa soñadora.
—¿Qué... qué fue eso? —se preguntó Alex a sí mismo, sintiendo un escalofrío-Necesito dormir... o un psicólogo.
En el comedor, su madre lo esperaba con una sonrisa cargada de veneno y agotamiento.
—Vaya, el heredero ha despertado —dijo ella, tomando un sorbo de su café—. Dime, Alex, ¿quieres que te llevemos hoy en la limusina? Ya sabes, para que presuman tu enorme auto y todos vean lo "grande" que eres.
Lo decía con esa burla fina que siempre le picaba el orgullo.
—No, gracias —respondió Alex con arrogancia—. Iré caminando. Necesito que el aire fresco refresque mi rostro.
Narrador: estarán contentos las demás Alex vallamos a ver…
—¡ALERTA DE EMERGENCIA! —gritó el técnico—. ¡Caminar implica sudor! ¡Sudor implica bacterias! ¡Bacterias implican imperfección! ¡PRESIONEN LA PALANCA DE SEGURIDAD!
Cinco pequeños Alex se colgaron de una palanca gigante etiquetada como "COMODIDAD EXTREMA".
REALIDAD
—Bueno... —Alex cambió de opinión en un milisegundo, poniendo su cara más perfecta y encantadora—. Si tanto insistes, madre, mejor llévame. No quiero que el pavimento de la ciudad se desgaste con mi caminar.
Ya en clases, algo era diferente. Alex entró al salón y, para sorpresa de todos, no sacó su spray desinfectante. Ni siquiera miró con asco los pupitres. De hecho, cuando pasó junto al chico “impopular”, el que siempre estaba hostigándome, Alex levantó la mano.
—¿Qué tal, Max? —dijo con una sonrisa natural.
Max, se quedó con la boca abierta. Nadie sabía que Alex siquiera sabía su nombre.
--estas bien?? Dijo Max con una cara de preocupacion
¡ESTO ES UNA CRISIS DE NIVEL 10! —el comandante estaba al borde del colapso—. ¡Acaba de saludar a un "común"! ¡El sistema de castas sociales se está desmoronando! ¡No podemos permitir que Alex sea... sea...!
—¡Señor, el protocolo de defensa no responde! —gritó un técnico.
—¡Solo hay una opción! —el Comandante abrió una caja de cristal con una llave dorada—. ¡PRESIONEN EL BOTÓN DE EMERGENCIA!
—¿El botón de emergencia, señor? —preguntó el técnico, temblando.
—¡SÍ! ¡EL BOTÓN DE EMERGENCIA! ¡AHORA!
REALIDAD
Max todavía estaba procesando el saludo de Alex cuando, de la nada, la mano de Alex que estaba levantada para saludar se cerró en un puño y le dio una bofetada en la mejilla.
¡ZAS!