La noche era demasiado silenciosa, demasiado, no era un silencio normal… era uno de esos silencios que pesan, que se sienten en el pecho y que hacen que cada pensamiento suene más fuerte de lo que debería.
Alex estaba acostado mirando fijamente el techo de su habitación, con el celular finalmente cargado entre sus manos… pero sin haber enviado ningún mensaje, ni uno solo.
El número seguía ahí, el de Ruby, intacto, esperando, como si el mismo dispositivo lo estuviera observando y desafiándolo a hacer algo que, por primera vez en su vida, no sabía cómo hacer.
Sus dedos se movieron lentamente sobre la pantalla, titubearon por un instante y finalmente se detuvieron.
—Esto es ridículo… —murmuró con una voz baja, casi irreconocible incluso para él.
Él no dudaba, nunca lo hacía dudar era para los débiles para los indecisos, para la gente común… pero esto no era control, no era parte de su perfección, era otra cosa.
Algo incómodo, algo que se sentía fuera de lugar dentro de él, algo que no podía dominar, ni calcular, ni convertir en algo perfecto.
Cerró los ojos lentamente y, por primera vez en mucho tiempo, no pensó en sí mismo, no pensó en su imagen, ni en su reputación, ni en su perfección… pensó en ella.
Pensó en Ruby, en su voz, en su mirada, en ese beso, un gesto tan pequeño y aun así tan devastador.
—¡NO! —se incorporó de golpe, como si quisiera expulsar esos pensamientos de su cuerpo—. ¡Yo no soy así!
En su mente, el “comandante Alex” apareció golpeando la mesa con furia, como si estuviera liderando una guerra interna.
—¡ESTO ES UNA AMENAZA! ¡ESTAMOS PERDIENDO CONTROL!
Otro Alex más pequeño, nervioso y casi temblando, gritaba desesperado: —¡SEÑOR! ¡EL SISTEMA DE PERFECCIÓN ESTÁ FALLANDO! ¡LOS NIVELES DE CONTROL ESTÁN BAJANDO! ¡ACTIVEN PROTOCOLO DE FRIALDAD INMEDIATAMENTE!
Todo era caos dentro de su mente, alarmas invisibles sonaban, luces rojas parpadeaban y su mundo interno, ese que siempre había sido perfecto y ordenado, estaba colapsando.
REALIDAD: Alex respiró profundamente una vez, luego otra y otra más, intentando recuperar el control que siempre lo definía.
—Mañana… todo volverá a la normalidad —susurró, más para convencerse a sí mismo que por certeza real.
Spoiler: no pasó.
AL DÍA SIGUIENTE, el instituto Silverwood estaba más vivo que nunca, las voces, las risas y los pasos elegantes llenaban el ambiente como siempre, pero algo había cambiado… algo dentro de él.
Alex caminaba por los pasillos sin mirar a nadie, no buscaba atención, no analizaba a los demás, no dominaba el entorno como siempre, no proyectaba esa presencia que hacía que todos giraran a verlo… solo caminaba, como una persona normal, y eso era un problema.
Max fue el primero en notarlo.
—Oye… ¿te pasa algo? —preguntó, mirándolo con sospecha.
—Cállate.
Pero no fue un “cállate” como los de antes, no hubo frialdad real, no hubo autoridad, no hubo ego… fue vacío.
Max frunció el ceño. —Estás raro.
Alex no respondió, porque sabía que era verdad.
EN CLASE, Ruby estaba ahí, y eso lo arruinaba todo.
No importaba cuánto intentara ignorarla ni cuánto intentara concentrarse, nada funcionaba, cada vez que ella movía el cabello, cada vez que respiraba, cada pequeño gesto… él lo notaba.
—Esto es estúpido… —susurró, apretando los dientes.
Ruby lo miró, y por primera vez… él apartó la mirada primero.
Silencio.
Un gesto pequeño, casi insignificante, pero suficiente para cambiarlo todo.
EN EL RECREO, Ruby pensó: —No me habló… ¿hice algo mal?
Dudó un momento, pero luego caminó hacia él lentamente, decidida.
Alex la vio acercarse y su corazón se tensó.
—Hola… —dijo ella, simple, natural, real, sin máscaras ni perfección.
Alex abrió la boca, pero nada salió.
Su mente gritaba desesperadamente: —¡DI ALGO PERFECTO! ¡DI ALGO INTELIGENTE! ¡NO PAREZCAS DÉBIL! ¡NO ARRUINES TU IMAGEN!
Pero su voz lo traicionó.
—Hola…
Silencio.
Desde lejos, Max observaba la escena y murmuró: —Oh no… se enamoró.
—Ayer… —dijo Ruby, nerviosa, jugando ligeramente con sus dedos— lo del número…
Alex tragó saliva. —Sí…
—¿Por qué no escribiste?
Boom, golpe directo, sin filtro, sin rodeos.
El Alex de antes habría respondido perfecto, sin errores ni dudas, pero este Alex no pudo.
—No sabía qué decir.
Silencio absoluto.
Ruby parpadeó sorprendida. —¿…en serio?
—Sí.
Honesto, crudo, real.
Ruby sonrió, y ese fue el problema, porque en ese instante Alex sintió algo en el pecho, algo nuevo, algo peligroso, algo que no podía controlar.
Dentro de su mente, el caos regresó: —¡SEÑOR! ¡ESTAMOS PERDIENDO IDENTIDAD! ¡LOS NIVELES DE PERFECCIÓN ESTÁN COLAPSANDO! ¡ESTO ES CRÍTICO!
El comandante gritó con furia: —¡RETIRADA! ¡RETIRADA EMOCIONAL INMEDIATA!
REALIDAD: Alex dio un paso hacia atrás.
—Tengo que irme.
Ruby se quedó quieta. —Ah… claro…
Pero no sonó bien, y él lo supo, lo sintió.
Se dio la vuelta decidido a irse, a huir, a recuperar el control, pero algo lo detuvo.
Ese maldito sentimiento otra vez, ese calor en el pecho, esa necesidad inexplicable volvió y no lo dejó avanzar.
—Oye…
Ruby levantó la mirada inmediatamente. —¿Sí?
—Hoy… después de clases…
Silencio.
—¿Quieres… hablar?
…
Ruby sonrió, y esta vez no fue una sonrisa fría ni una máscara, fue completamente real.
—Sí.
Alex caminó alejándose, pero su mente estaba en completo caos, sus pensamientos chocaban entre sí y su identidad se desmoronaba poco a poco.
—Esto no es control… esto no es perfección… entonces… ¿qué es?
El narrador susurra suavemente:
Esto… Alex… no es debilidad.
Esto es el inicio de algo que no podrás dominar.
Y cuando eso pase…
Tu mundo perfecto… se va a romper.