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Tanto Bonnie, Stella y yo, estamos sentadas en las gradas del coliseo de la preparatoria, viendo a los dos equipos de básquet jugar. No sé en qué momento los rumores llegaron a todas partes. No paro de escuchar murmullos sobre lo que pasó en la cafetería con el presidente del consejo estudiantil.
—¿Es tu novio? —cuestiona Bonnie, ganándose una mirada airada de mí—. Tranquila. Solo preguntaba.
—¿Olvidas que debo traerte pruebas que él es gay?
—Sí, pero juzgando su comportamiento, hace que piense otra cosa —Encoge los hombros y mira a los equipos que están jugando—. Es guapo. No solo eso, tiene calificaciones excelentes. Posee todo lo que una chica desea. —Suspira de manera soñadora—. Olvidando la apuesta, espero que no sea gay.
Prefiero que sea gay.
O ese el pensamiento que viene a mi mente.
Echo un vistazo a donde juegan, viendo nada menos al protagonista de nuestra conversa. Cuando está con su uniforme de jugador estrella, no carga lentes. Su cabello lo luce rebelde y no portado. El presidente del consejo estudiantil, llama mucho la atención en sus dos versiones.
Me tenso al ver que voltea directo a mi dirección.
—Oh, Dios mío. Volteo a ver acá, Serena —musita Stella a mi lado—. Siento mi corazón hacer doki doki.
No solo ella está en ese estado, sino yo también.
Mi corazón no para de latir en mi pecho. Es normal. Siento nervios que un chico popular me vea. Quedo sin aire al ver que sonríe a mi dirección. Mueve sus labios, diciendo en silencio: “Deséame suerte”.
—Dime que no estoy imaginando cosas —murmura Bonnie—. ¿Dijo “deséame suerte”? ¡Lo entendí claro!
—Sí. Movió sus labios con lentitud y se entendió todo —concuerda Stella. Todos los alumnos voltean a ver mi dirección—. Siento que se avecina problemas.
Ni que hablar.
El partido suena, mientras los jugadores se ubican en sus posiciones. Algunos de sus compañeros, palmean sus hombros y ríen entretenidos por lo que hizo.
—Nunca….Jamás hizo esto con sus exnovias —comunica Bonnie—. Vaya, al parecer le hiciste algo.
—Nunca lo he visto tan sonriente con una mujer —prosigue Stella. Las tres no dejamos de ver el juego de básquet—. Ni se notaba que salía con sus exnovias, pero esto es nuevo.
—Coquetea sin importarle nada.
—Totalmente cierto.
¿De qué sirve que siga investigando? Si las dos están seguras que es heterosexual. ¿O quizás es bisexual? ¡Ya no estoy segura que pensar!
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El partido termina con la victoria del equipo del presidente. Lo celebran feliz entre ellos, mientras que las fanes que tienen los carteles gritan emocionadas por la hazaña ganadora. Trato de retirarme sin llamar la atención, pero mis dos amigas sostienen de mis ambos brazos hasta llevarme hasta donde están los chicos.
—¡¡Oigan!!
—Debemos felicitarlo —dice Stella—. ¿Lo olvidas? Él nos invitó. Además, quiere tener una cita después de esto.
—¡Si tanto piensan que es heterosexual no lo investigaré!
—Yo estoy segura al setenta por ciento —declara Bonnie a medida que me lleva hacia el presidente que está con los demás chicos—. Vive esta etapa de tu vida. No te arrepientas después.
—¡¡Suéltenme!!
—No tengas miedo. Él no te hará nada malo. Lo máximo que te puede hacer, es darte besos y….
Quiero gritarle que deje de decir babosadas, pero nos detenemos al ver a un grupo de chicas con letreros. Un escalofrío rodea mi cuerpo. Son las fanes tóxicas del presidente.
Recuerdo que hicieron un altar extraño.
Oh, cielos. Estoy en problemas.
—¿Qué tienes con el presidente? —pregunta una de ellas. Tiene el cabello recogido en una coleta y en sus manos hay una especie de….¿Ruda?—. Dudo que seas su novia. No encajas en ese papel.
Lo sé.
—¿Qué dices, chica chamana? —pregunta Bonnie molesta—. ¿Por qué mi amiga no puede ser la novia del presidente? ¿Es por su peso? —Me empuja para atrás—. Puede que parezca una papa rellena, pero es sexy y candente, ¿entendido?
Sí. Así es ella.
Todas ríen.
—¿Es una papa rellena sexy?
—Un platillo que un hambriento come con ganas —recalca mi amiga, haciendo que todas rían—. ¿Por qué se ríen, pandilla de dementes?
Dejan de reírse y se ponen en guardia.
Tanto Stella y yo nos miramos aterradas. Siempre Bonnie se mete en problemas con otros. Su modo de ser no ayuda en llevar una conversación pacífica.
—¿Qué acabas de decir, loca descarada?
—¿A quién le llamas loca descarada? —pregunta Bonnie entre dientes—. Todos sabemos que las dementes, son ustedes por estar haciendo cosas macabras.
—¿Macabras?
Oh, no.
—Esos altares y lo que hacen con los animales —cuenta Bonnie en un resoplido—. Sé que tienden a agarrar los pelos del trasero de los gatos para ponerlos en sus cosas satánicas.