Dulce Tentación

4. Propuesta inesperada

Narrado por Deacon

No soy un hombre fácil de sorprender, pero ese testamento logró hacerlo.El abogado lo leyó con su voz monótona, y por un momento creí haber entendido mal.

—¿Qué dijiste? —pregunté, inclinándome hacia adelante.

—Que su abuela estipuló una condición para que usted conserve las propiedades —repitió el hombre, ajustándose las gafas—: “Deacon debe casarse antes de cumplir treinta años. De lo contrario, todos los bienes pasarán a la fundación familiar.”

Silencio.Mi trigésimo cumpleaños estaba a seis meses exactos.

—¿Estás bromeando? —dije, medio riendo, medio al borde del colapso.—Temo que no. Su abuela fue muy clara.

“Muy clara.”Sí, sonaba a ella.La mujer que me crió con mano firme y un corazón enorme… pero también con una obsesión enfermiza por la estabilidad.

“Un hombre no construye nada solo con dinero, Deacon. Necesita raíces.”Solía decirlo cada Navidad. Y ahí estaba su venganza póstuma.

Me pasé una mano por el rostro, intentando procesarlo.Casarme.En seis meses.O perder todo lo que había trabajado.

—Genial. —Me recosté en la silla—. ¿Y qué se supone que haga? ¿Buscar esposa por catálogo?

El abogado se encogió de hombros.—Solo cumplo con informarle.

El resto del día fue un caos mental. Intenté concentrarme en reuniones, en números, en contratos, pero mi cabeza volvía una y otra vez al mismo punto: casarme.

Por la tarde, sin saber muy bien por qué, terminé en el café.El café de ella.

Sarabeth estaba de espaldas, amasando algo con concentración. El local ya olía a canela y a hogar, ese tipo de olor que te desarma sin permiso.

La observé un momento desde la puerta. Había algo hipnótico en su forma de moverse, en cómo arrugaba la nariz cuando pensaba o tarareaba bajito una canción.Y entonces, una idea —descabellada, imprudente, pero funcional— se instaló en mi cabeza.

Si necesitaba una esposa… ¿por qué no buscar a alguien que ya estuviera cerca?Alguien que no esperara amor ni cuentos de hadas. Solo un trato.

—¿Vas a quedarte mirándome o vas a pedir algo? —preguntó sin girarse, haciéndome sonreír.

—Depende. ¿Tenés algo que arregle los problemas legales?

Ella se dio vuelta, arqueando una ceja.

—Solo muffins y café. Aunque con suficiente azúcar, todo parece menos grave.

—Perfecto —dije, acercándome al mostrador—. Entonces dame uno de esos y un poco de tu tiempo.

—¿Mi tiempo? —repitió, desconfiada.

Asentí.

—Necesito hablarte de algo… inusual.

Me senté en una de las mesas y la vi acercarse, todavía con las manos enharinadas.

—No soy buena escuchando problemas amorosos, si eso es lo que traés —dijo con un deje de burla.

—Curioso —contesté, entrelazando las manos—. Justamente es un problema amoroso.

Su expresión cambió.

—¿Qué?

Respiré hondo.

—Necesito casarme.

—¿Perdón? —parpadeó, riéndose nerviosa.

—Lo que escuchaste. Necesito casarme antes de cumplir treinta o pierdo todas mis propiedades.

Su cara fue un poema.

—Esto es una broma, ¿no?

Negué despacio.

—No. Es un asunto legal. Y pensé que… podríamos ayudarnos mutuamente.

—¿Ayudarnos? —repitió, cruzándose de brazos—. ¿Y cómo encaja eso conmigo?

La miré directamente.

—Te dejaría el local sin pagar alquiler por un año. A cambio, fingirías ser mi esposa hasta que todo esté resuelto.

El silencio se hizo eterno.Sarabeth me miró como si acabara de confesar un crimen.

—Estás completamente loco.

—Probablemente —admití—. Pero también soy práctico.

Ella negó con la cabeza, todavía incrédula.

—Esto no puede ser en serio.

—Lo es. —Apoyé los codos en la mesa—. No te estoy pidiendo amor, Sarabeth. Solo un trato.

Su respiración se volvió más rápida, y vi en sus ojos la tormenta de pensamientos que le cruzaban por dentro.Orgullo. Miedo. Curiosidad.

—Necesito pensarlo —dijo al fin, poniéndose de pie.

—Claro —respondí, sonriendo apenas—. Pero no tardes demasiado. Los plazos corren.

La vi marcharse hacia la cocina, con el corazón latiendo más rápido de lo que debería.No sabía si era por la adrenalina del plan… o porque, de pronto, imaginar a Sarabeth como mi esposa no sonaba tan descabellado como debería.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.