Receta de Salim para realizar unos exquisitos panqueques:
Ingredientes
3 huevos
250 g harina 0000
1/2 L leche
1 cucharadita sal
1 chorrito aceite
Y no menos importante, mucho dulce.
Cuatro años antes
Willet
Jugué con el anillo en mi dedo mientras acomodaba la correa de mi mochila sobre mi hombro. La pantalla del celular solo mostraba las notificaciones que tenía sin leer.
Mensajes de mis hermanas preguntándome si compraban el tinte azul para teñirme en la noche cuando volviera a casa.
De mi tía avisando que no pasaría por mí al salir de clases. Maldición.
Casi mil mensajes en un grupo escolar. Fruncí el ceño, tratando de leer sobre la barra de notificaciones ¿Qué tanto hablaban?
No le presté mucha más atención, me moví a un lado, esquivando a unas chicas que caminaban en mí dirección y no parecían tener la intención de esquivarme, iban muy entretenidas en su charla, como para tener en cuenta que había más personas en el pasillo.
Resople con cierta molestia y acomodé nuevamente la mochila para poder teclear cómodamente, apreté la notificación de mi hermana mayor para responderle.
Wanda
Will, rápido o me voy sin llevarte nada.
Will
Espera. Por favor, Wand, ya se están notando las raíces y se ven horribles.
Pude imaginar cómo mí hermana suspiraba, tratando de mantener su paciencia. Me reí ante la imagen cuando el celular sonó en un nuevo mensaje suyo.
Wanda
¿Qué tono tenías?
Will
Uno oscuro.
Wanda
Podrías ser más específico.
Will
No recuerdo cual compré la última vez.
Wanda
Llevó cualquiera, si te queda horrible le diré a Wendy que deje conectada la máquina para raparte.
Gire por el pasillo para poder bajar las escaleras, seguía estando concentrado en el celular, en tratar de recordar cuál había sido el último tono que había comprado y evitar que alguna de mis hermanas pudiera raparme. Volví a acomodar la maldita mochila que se caía de mí hombro, tratando de mantener la postura recta y no tambalearme, así evitar caer al vacío.
En ningún momento noté que alguien más se encontraba subiendo. Ni escuché el eco de sus zapatillas contra el escalón ni su respiración irregular por la prisa que llevaba. Lo que si note fue cuando pise uno de mis cordones, ahora si, definitivamente, caí al vacío.
Todo se movió en cámara lenta. Sentí como mis pies se enredaban entre sí, haciendo que mí cuerpo sea impulsado hacía adelante de forma abrupta.
—¡Mierda! —maldije al ver que mi celular se escapó de mis manos y el impacto de alguien contra mi pecho junto a su grito de sorpresa me quitaron el aire.
Mí vista se volvió borrosa y cuando ambos colisionamos, todo volvió a suceder a una velocidad aún más rápida, juntos nos estrellamos contra la pared con un ruido seco que me dejó quejándome como un idiota.
Cerré los ojos un instante soltando un quejido, sabiendo que el chico se había llevado la peor parte del golpe.
Lo sentí moverse debajo mío, soltando pequeños gemidos y tratando de sacarme de encima. Abrí nuevamente los ojos y sentí mi boca secarse ante a quien tenía enfrente mío.
Salim Muñoz me miraba adolorido con sus ojos miel y una sonrisa medio torpe en el rostro.
Mierda y más mierda. Con rapidez me levanté con torpeza, dando unos traspiés hacia atrás, nervioso.
—¿Estás bien? —logre formular estirando mi mano para ayudarlo a levantarse.
Lo vi asentir pero la mueca de sus labios no me pasó desapercibido.
—Podría estar mejor.
Dejé escapar una risa aguda viendo nuestras manos aún entrelazadas.
Si bueno, así comenzó nuestra historia.
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Editado: 05.02.2026