Receta de Salim para realizar una deliciosa pasta:
Ingredientes:
Pasta corta seca 300 g
Nata líquida para cocinar 300 ml
Tomate triturado 300 ml
Jamón cocido 100 g
Perejil
Queso parmesano
Salim
Volver a casa era abrumador. Deje caer las bolsas con las bandejas vacías a un costado de la cocina. Más tarde las lavaría. Fui al congelador y saqué un par de hielos, sintiendo un par de pasos acercarse.
Terminé de envolverlo con un trapo cuando vi la cabeza de Sol asomarse por la puerta. Llevé el hielo a mi mejilla y le sonreí, agachándome para abrazarla. Mi hermanita dejó caer su cabeza en mí hombro mientras la alzaba con una mano.
—Llegas tarde —susurro mientras nos llevamos al living.
—Perdona —bese su cabello desordenado—, tuve un problema pero ya estoy aquí.
Deje caer el trapo en el sillón y luego me tumbe al lado con cuidado. Sol se removió, bostezando. Se limpió con el puño sus ojos de forma adormilada.
—Tengo hambre —dijo y me reí.
—Cuando Sylvain se despierte, les haré un rico almuerzo —ella se bajó de mí regazo y tomó el control de la televisión.
—Que se apure —su vocecita infantil sonó molesta—. Tengo hambre.
—Ven aquí —dije levantándola, apenas un poco, para tenerla más cerca— ¿Donde hay un cepillo?
Se encogió de hombros y suspiré, levantándome en busca de uno. La casa estaba hecha un caos, el desorden predominaba por la ausencia de atención de mis padres. Contuve las ganas de mandar todo al carajo y me calme. Fui hasta el baño y busqué ese cepillo, regresando a mi lugar.
Mi mejilla ardía y dolía pero era capaz de ignorarlo, debía hacer como si no estuviera ahí.
—¿Porque tienes pedazos de pastel en la camisa? —Sol se giró a verme con curiosidad, dejando de prestarle atención al documental infantil.
—Nada importante, girate, debo peinarte antes de llevarte a la escuela —me hizo caso y con cuidado de no hacerle daño comencé a desenredar la maraña de pelos. Para tenerlo corto y lacio tenía unos nudos imposibles de deshacer.
—Buenos días —la voz adormilada de Sylvain, mí otro hermano se oyó a mis espaldas.
Me giré para verlo, venía hacia nosotros en su pijama de ranas. Se tiró sobre el respaldo del sillón y fue deslizándose lentamente hasta caer a nuestro lado. Con sus pies descalzos trato de hacerle cosquillas a Sol que se carcajeó, desarmando la trenza que estaba haciendo.
No les dije nada, permitiendo que una guerra de cosquillas se iniciara, en el medio aún trataba de domar el cabello de Sol.
Volver a casa después de una mañana de mierda era abrumador, me dolía la cabeza y la mejilla, no podía evitar sentirme humillado aunque nunca haría algo contra Jessica más allá de frenar su carácter. De no ser por Will…
No quería pensar demasiado en ello, una vez que comenzará a darle vueltas al asunto nunca me detendría y aún tenía mucho que hacer.
Sylvain se enderezó limpiando las lágrimas de risa, se sentó deteniendo su pelea dejándome al fin terminar la trenza de Sol.
—¿Y mamá? —pregunto.
—En el restaurante —menti y la levanté de nuevo en brazos—. Vamos, es hora de arreglarse, Sylvi —lo llamé por el apodo que odiaba, lo escuché bufar— ¿Puedes ayudarla? Iré a hacerles el almuerzo.
Mi teléfono vibró en el bolsillo trasero. No le presté atención, rogándole con la mirada a mi hermano que me ayudara. De los dos, a sus once años era el más consciente y sabía que era mí responsabilidad cuidarlos en ausencia de nuestros padres pero no podía preparar la comida y vestir a Sol al mismo tiempo. Una vez eso ya resuelto volví a la cocina, abriendo nuevamente la heladera, viendo las posibles opciones.
Tomé un poco de salsa casera y recordé los fideos comprados. La saque, dejando el franco sobre el mármol y me estiré apenas para sacar los fideos de la alacena.
El resto fue historia, un conjunto de reflejos que había adquirido con los años. Cómo hijo de una chef había pasado más tiempo cerca de unas hornallas que de un parque. Era sencillo y lo disfrutaba, me distraía. Calmaba mi mente tormentosa y definitivamente se me daba bien. Incluso, hacía muchos años, papá me dijo que si seguía así superaría el talento de mamá.
Mí celular seguía vibrando así que lo saqué y lo silencie. Dejándolo sobre la encimera de mármol.
No me llevó mucho rato, serví dos porciones justas en los platos y lo llevé al living. Ahí, ambos se encontraban colocando lo que faltaba en la mesa.
—No llegó —ni a Sol tratando de subir a la silla, Sylvain apareció detrás suyo y le dio un empujón ayudándola—. Gracias.
Se sonrieron y él también se sentó a su lado, deje los platos humeantes frente suyo y me senté en el otro extremo.
—Se viene tu cumpleaños —le dije a Sol y sus ojitos miel brillaron con alegría— ¿Que vas a querer?
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Editado: 26.02.2026