Tarea para la próxima clase:
Investigación: Elige dos filósofos que hayan abordado el tema de la mentira (por ejemplo, Kant, Nietzsche, San Agustín, Arendt, Bentham, entre otros) y explica brevemente su postura.
Análisis: Compara sus ideas y reflexiona sobre sus diferencias y similitudes.
Aplicación: ¿Crees que en la sociedad actual la mentira es más aceptada? Justifica tu respuesta con ejemplos.
Reflexión personal: Expón tu opinión sobre la mentira en la vida cotidiana. ¿Siempre es inmoral mentir o hay situaciones en las que puede justificarse?
Formato: Ensayo breve (1-2 páginas) o presentación argumentativa.
Willet
Salim era terriblemente inteligente, moral y ético, así que podía ver el conflicto en su rostro y no sabia que hacer para acallar lo ruidosos pensamientos. Jugué con los anillos en mis dedos, los movía de un lado a otro, ansioso. Cambia de tema, Will, cambia el tema antes de que alguno de los dos termine aún más atormentado.
—¿Alguna vez probaste la catchu? —le pregunté de repente. Sal se detuvo a mitad de pasillo y se giró a verme, confundido.
—¿La que?
—La catchu.
—No entiendo —acortó la distancia que nos separaba, esquivando a los demás alumnos que deambulaban en los pasillos.
—Esa cosa roja, que es como la mayonesa pero roja —dije, a medida que iba hablando su rostro adquirió un semblante más divertido, fue la razón por la que comencé a hablar con más confianza dejando quietos mis anillos—. Tu sabes, eres el genio de la cocina, sabes de qué hablo.
—Te refieres al ketchup —hizo una pausa y su cabeza se inclinó, muy leve, hacia el lado izquierdo. Unas arrugas aparecieron en los contornos de sus ojos por la sonrisa que cargaba—, claro que lo he probado. Es una salsa agridulce china hecha de tomate, azúcar y vinagre, con condimentos y varias especias.
Si, definitivamente era un sabelotodo. Me encantaba eso de él. A veces quería abrirle la cabeza solo para ver y oír todos los conocimientos que tenía acumulados. Se oía tétrico, ahora que lo pensaba.
—Bueno, si, eso que dijiste —señale con confianza—, ¿Pero te gustó?
—No es mí aderezo preferido —se encogió de hombros.
—A mí me gusta mucho —admití.
—Lo sé, te he visto ponerlo en la mayoría de tus comidas. En gran cantidad —lo último fue dicho como si no pudiera entenderlo.
—¿Por qué siento que me estás juzgando en silencio? —estreché los ojos, acercándome aún más, dejé caer un dedo acusador en su pecho, haciendo una leve presión en el pulover verde oscuro del uniforme—. Salim Muñoz, ¿Acaso consideras de mal gusto mí preferencia excesiva por el catchu?
—No pongas palabras en mí boca que no he dicho —se defendió.
—Me gustaría poner otra cosa en tu boca, gracias —dije sin pensar y ver su cara pasar de ese bonito color bronceado para convertirse en un fuerte carmín fue increíble.
—¡Will!
—¡¿Qué?! —exclame y fue mi turno de defenderme, me crucé de brazos, ofendido—. No puedo creer que seas tan mal pensado, hablaba de otra cosa.
—¿Si? ¿De que? —dijo y su voz tembló apenas.
—Bueno —alargue la palabra mientras pensaba una excusa para justificar mí arrebato—, de que, ya sabes. Eso.
—Dios, eres terrible —rodó sus ojos pero el color carmín no dejó sus mejillas. Luego con una sonrisa de labios, cambió de tema—. Pense que ibas a hacer un chiste tonto sobre el catchu —no pudo evitar reírse al decirlo de mí misma manera—, porque cat es gato en inglés y chu es algo similar a cuando alguien estornuda.
—No —mierda, no lo pensé. Me reprendí—. Mí coeficiente es mucho más elevado que esos chistes simplistas.
—Está bien, chico inteligente —se burló—, vayamos por algo de comer antes que él recreo termine.
Mostré una gran sonrisa y pase un brazo por sus hombros, a pesar que Sal era más alto, solo por unos centimentros.
—Vamos, tengo ganas de comprar un alfajor.
Salim se rió y se inclinó ligeramente hacia mí, permitiendo que mi brazo se mantuviera alrededor de sus hombros. Su sonrisa era cálida y relajada, y por un momento, olvidé que este acercamiento que tuvimos en las últimas semanas era solamente una mentira.
—Un alfajor, ¿eh? —dijo, sonriendo—. Tienes un gusto excelente.
Caminamos juntos hacia el kiosco. Algunos compañeros de otros cursos con los que no compartimos clase nos saludaban levemente, incluso Sal se cruzó con sus otros amigos quienes le dijeron que lo encuentren en las mesas del patio.
Una de las chicas le dijo algo en broma, él negó, dejando que sus cabellos cayeran sobre su frente con el gesto.
—Después —sonrió y siguió caminando a mí lado.
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Editado: 26.02.2026