Receta de Salim para un pollo al curry con arroz y verduras
Ingredientes:
1 pechuga de pollo cortada en trozos pequeños
2 cucharadas de aceite de oliva
1 cebolla picada
2 dientes de ajo picados
1 cucharadita de curry en polvo y de comino en polvo
1/2 cucharadita de cúrcuma en polvo y de pimienta negra
1 taza de arroz blanco
2 tazas de agua
1 taza de verduras
Sal al gusto
Salim
Regresar a casa estaba siendo más complicado de lo que pensaba. Luego de despedirme de Will caí en lo tarde que se me había hecho. ¿Mamá habrá ido a buscar a Sol y Sylvain? Sentí un fuerte sentimiento de culpa. Esperaba que si.
Corrí aún más rápido, solo faltaban unas dos cuadras y podía sentir mi celular vibrar en mi bolsillo. Mierda. Iban a matarme.
Doble en la esquina y casi me golpee contra uno de los postes de luz.
Me había distraído con Will. Con el escaso brillo de felicidad en sus ojos. Me había quedado ahí incluso después de que la torta se terminará y sus hermanas aparecieran. Me había sentido tan agusto que el pasar del tiempo se me olvidó. El sol se escondió y a pesar que Wendy había insistido en que me traía me negué. Mamá iba a matarme. Forzar una escena en medio de la calle apenas me viera. Esperaba que mis hermanos ya estuvieran acostados así no tendría que presenciarlo.
Me detuve en la acera. Mire el pórtico de la casa, las luces del primer piso estaban prendidas. El calor de la cocina de Will aún se sentía en mis manos. El eco de su risa, de la suya y la de Wendy, todavía flotaba en mis oídos. Pero aquí, de pie frente a mi casa, todo eso se desvaneció. No llegué a dar un paso dentro del jardín delantero cuando el frío me tocó antes de que mi madre ni siquiera dijera mi nombre.
—¡Salim Muñoz! —grito mi madre, su tono era furioso. Su rostro se tornó rojizo.
Me encogí de hombros y apreté la mandíbula. Camine el resto del camino, sintiéndome cada vez más pequeño. Fui incapaz de mantener la cabeza en alto. Mamá era volátil. Este último tiempo parecía que cada grano de cordura la había abandonado.
—Hola mamá —dije por lo bajo al pasar a su lado. Me miró con molestia, podía percibirlo en su postura y en la forma en la que apretaba los labios.
—¿Dónde estabas? No quiero mentiras —cerró de un portazo la puerta una vez que nos encontrábamos dentro.
Metí las manos en el bolsillo. Lo decía como si alguna vez hubiera dicho una. Aunque últimamente todo parecía llevarme a ello. Tenía que tener cuidado con lo que iba a decir. Respiré hondo, evitando que mis dedos se apretaron en puños dentro de mis bolsillos
—Fui de Will —dije con voz suave. Dócil.
—¿Entonces reunirte con tu amiguito es más importante que tus deberes? —su voz se elevó, cargada de indignación.
Di un paso atrás, pero no sirvió de nada. Mamá avanzó hasta que mi espalda chocó contra la pared.
—¿Sabes qué pasó con tus hermanos? Dos horas, Salim. Dos horas esperando afuera del instituto.
Abrí la boca, pero no encontré qué decir. Tenía razón, ¿Y si les hubiera sucedido algo? Si algo malo les sucedía cuando yo debía haber ido por ellos, eso me volvía el culpable. Pude visualizar los rostros de confusión de ambos. Seguramente Sylvain sujetaba a Sol fuertemente de la mano, sin despegarse de su lado. Mirando con el ceño fruncido a todos los que pararan de más cerca. Mientras que Sol se impacientaba, llegando a las lágrimas al sentirse abandonada. Dios. No podía cargar con eso. No sabía cómo lidiar con esa imagen.
Me sentí ahogarme pero era inútil. Era mi culpa. Agaché la cabeza, intentando que mamá no percibiera el temblor en mis labios.
—Mientras que tú —continuó, clavándome la mirada—, ¿qué hacías? ¿Perdías el tiempo?
—No se sentía bien y… —trate de excusarme, con la voz entrecortada. No había forma de defenderme. Me había equivocado. La había jodido.
Mamá resopló con ironía. Escuché como sus palmas golpearon contra sus piernas, es un gesto de molestia. Seguro intentando controlar las ganas de darme una cachetada. No lo había vuelto a hacer desde la última vez, desde que papá la vio y puso un grito en alto.
—Oh, claro. Qué buen amigo eres —se cruzó de brazos y negó con la cabeza, como si intentara contener su frustración—. Me pregunto si él haría lo mismo por ti.
Su mirada se afiló. Mi corazón latió más fuerte. Esto no terminará bien.
—Yo… no pensé que…
—¡Ese es el problema! No piensas —su voz se alzó, y di un paso atrás. No podía retroceder más, estaba completamente acorralado.
—Mamá, yo solo…
—¡Tienes diecisiete años! ¡No puedes seguir haciendo lo que te da la gana!
El grito cortó el aire, sentí como sus dedos tomaban mí rostro entre ellos, clavándose en mis mejillas. Me obligó a levantar la mirada, apenas unos centímetros más alto que ella.
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Editado: 26.02.2026