Uff Baby de K4OS
Me escondo entre sombras
No me ves, lo intenté
Y no puedo porque te apunté
Y le erré al blanco, le fallé
Borré los rastros, sigue atormentándome
No, no, no
Sos mi objetivo prohibido.
Willet
«No entendía lo que Ethan y Lu discutían, Garret a mi lado me hablaba sobre algo pero solo estaba enfocado en alguien más. Debería ser absurdo la forma en la que no podía apartar la vista de Sal. Nos encontrábamos en un bar. Él estaba con sus amigos, los mellizos y Jessica sentada a su lado. Podía ver lo tenso que estaba, como es que daba cortos sorbos a su bebida mientras intentaba evitar tanta cercanía con su novia.
—Will te estoy hablando —se quejó Garret y volví mi atención a él.
—Te estoy escuchando.
Frunció los labios con molestía y se alejo.
—Mentiroso, estás mirando como un idiota al grupo de los perfectos.
Rodé los ojos, sin prestarle atención a su comentario. Sabía que a Garret no le caían bien, que le molestaba no ser parte de su grupo.
—Deja de estar tan pendientes a ellos y termina tu bebida —murmure dando los últimos tragos a la mía.
Lu pareció dar por finalizada la pelea con Ethan, quien terminó enfurruñado de brazos cruzados. Sus ojos se posaron en mí y sonrió.
—El rojo te queda bien —dijo halagando el nuevo color de mi cabello.
Le di una sonrisa dulce y pase una mano por los mechones que había teñido el día anterior, aún tenía la punta de mis dedos rojizas debido a la pintura.
—¿Crees? Sigo prefiriendo el azul —dije y oí el resoplido de Garret.
Lo ignore. Últimamente su malhumor comenzaba a generar mal ambiente en el grupo. Lu entrecerró sus ojos en su dirección, apenas soportando su comportamiento.
—El azul es icónico —cedió—, es realmente tu color pero me encanta cuando juegas con otros tonos.
—El rojo te hace un tomate —murmurro por lo bajo el idiota a mi lado.
Me levanté de repente y con una sonrisa ladeada me acomode la campera de cuero.
—Voy al baño, vuelvo enseguida.
Apenas dije esas palabras salí disparado al baño. Realmente estaba comenzando a cansarme del comportamiento de Garret así que iría a refrescarme el rostro y tratar de buscar un poco de calma. Con mi costado empuje la puerta del baño de hombres, la luz miserable apenas alumbraba lo suficiente.
Abrí el grifo e hice un hueco en mis manos, tomando el agua fría con ellas, acercándolo mi rostro y dejarla correr. Repetí la acción unas cuantas veces. Con los ojos cerrados me quedé apoyado en el lavabo, mis manos húmedas se aferraba al cerámico cuando la puerta se abrió con un chirrido agudo.
Me gire a ver quién había ingresado y en la poca luz que el baño ofrecía pude distinguir la sonrisa amable.
Y ahí estaba. Con esa sonrisa. Con ese maldito temblor que me hacía olvidar cómo respirar.
—Sal —murmurre y dio un paso hacia mí».
—¿Cómo te ha ido? —Wanda me sonrió, dándome un cálido abrazo cuando llegue.
Me ablande contra ella y deje caer mi cuerpo como un peso muerto. Apoye la barbilla en su hombro, sin ganas.
—Bien, lo necesitaba. Me ayudó. Mucho —susurre y también correspondi a su abrazo.
—Me alegro —su mano acarició mi cabello y tiro un poco de él—. Tengo que cortarlo un poco.
—Ni se te ocurra —masculle con diversión, alejándome—, no voy a dejar que te acerques a mi cabello otra vez con unas tijeras.
—La última vez que lo hice te lo deje espectacular y lo tenías rojo —bufo con molestía y oí las risas de la cocina.
—Por eso mismo, no cometo un error más de dos veces —ella hizo un gesto ofendido y reí, caminando hacia donde Wendy y su prometido me esperaban.
La noche había caído rápido, el tiempo en la sesión había sido más de lo esperado y al regresar había caminado, disfrutando un poco de la paz de las calles tranquilas. De lo que podía ver a mí alrededor, oír o sentir. Había respirado hondo y dicho que todo estaría bien. Tomé un bocado rápido del plato de mi hermana, bese su mejilla y fui directo a mi cuarto.
Luego cenaría, aún no tenía hambre. Con mi pie cerré la puerta de la habitación y desabotone la camisa hasta sacarla, dejándola tirada sobre una silla del escritorio.
Saqué los envoltorios de mi bolsillo y tomé el viejo álbum. Estaba algo explosivo cuando lo abrí, pasando las páginas llenas de colores, imágenes, dibujos y tipografías diferentes.
Mi pequeña colección. Me encantaba. Un pasa tiempo extraño quizás pero lo disfrutaba. Con cuidado separé los nailon del álbum para agregar los nuevos. El olor a chocolate inundó el aire de mi habitación, inhale un poco y suspiré, disfrutando. Amaba el chocolate.
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Editado: 12.03.2026