Receta rápida y deliciosa de Sal para galletas de chocolate.
Ingredientes:
1 taza de harina
1/2 taza de azúcar
1/2 taza de mantequilla derretida
1 huevo
1 cucharadita de polvo de hornear
1 cucharadita de esencia de vainilla
1 taza de chocolate negro picado
Salim
«—Así que te enamoraste del protagonista de tu novela romántica trágica, ¿eh?
Taylor no esperó mucho más para bromear, dándome un leve codazo en el costado. Sonreí, algo sonrojado.
—Taylor… —Martín se quejó desde la mesa, se encontraba jugando a un juego mientras su hermano trataba de ayudarme a cocinar.
—No, en serio. Mirá, si esto fuera una serie, ya deberías haberle dado un beso. Y una crisis existencial. Y después otro beso —dijo como si fuera obvio, Martin rodó sus ojos y seguí revolviendo la mezcla.
—Me estás jodiendo —murmuré y oí su risa.
—Claro que sí pero tenés que hablar con él.
Su tono fue autoritario, como si fuera un general. Su mentón se elevó y negué.
—¿Hablar de qué?
—De lo que te pasa —dijo con obviedad y escuché como Martín dejaba de lado el teléfono para escucharnos—. De lo que les pasa.
Deje de revolver la mezcla y me quedé mirando un punto fijo, los grumos que aún no había logrado deshacer. El chocolate a medio fusionarse con el resto. Caótico. Dude un minuto antes de decir algo, aún había partes de mi que les costaba terminar de abrirse.
—¿Y si lo arruino?
—¿Y si no? ¿Y si lo que tienen es de verdad? —fue un murmullo, algo suave. Una verdad que trataba de adentrarse en mi pecho.
¿Y si lo nuestro era verdad? La posibilidad sólo alteraba mi mente. Temía. Tenía tanto miedo que no sabía qué hacer.
—¿Y si lo que lo arruina es callarse para siempre?
Ahí iba Taylor, como siempre, agregando el último detalle para que todo cayera a la perfección. Apreté con fuerza la cuchara y luego relaje la mano, tratando de controlar lo que se me escapaba.
Mire el techo, respirando hondo. Si me callaba y perdía a Will. Si hablaba y también se alejaba. Pase mi antebrazo por mi frente, secando el sudor inexistente. Cerré los ojos.
—Lo peor es que quiero hacerlo. Solo no sé cómo. ¿Y si lo arruinó? —dejé escapar un fragmento de lo que más temía.
—Decírselo cómo hacés los bizcochuelos —dijo Martín y la silla hizo un leve ruido cuando se levantó.
—¿Qué? —lo mire sin entender.
—Con cuidado. Pero sin miedo a que se te desborde la mezcla.
Me reí ante lo absurdo que se oía y ellos también. Había comenzado a contener la respiración durante la conversación y cuando exhale, el aire aflojó algo en mí.
—¿Sabes lo que pensé cuando nos contaste lo de Will?
—¿Que estoy loco?
—Que era hora. Llevabas esa mochila solo y ya se te notaba en los hombros. Estabas todo encorvado del miedo.
—Porque da miedo, Mar. ¿Qué pasa si él no siente lo mismo? ¿Si solo estás jugando a fingir?
—Entonces lo vas a saber. Y te va a doler. Pero vas a dejar de vivir en pausa, Sal. A veces el no es el rechazo lo que más duele, es el ni siquiera intenté.
—A veces odio cuando se complementan para decir las cosas correctas —resoplé, sintiendo como sus palabras se sentaban en lo profundo de mi ser».
Me estaba quedando sin aire. Mis músculos dolían y se rompían por el esfuerzo. Traté de mantener mi ritmo mientras daba otra vuelta a la pista.
—¡Sigan corriendo muchachos! —ordenó el profesor y tuve que apretar la mandíbula.
Desde el banco, Will me hacía señas para que siguiera. Achiqué los ojos y él sonrió con inocencia. Había fingido una lesión con tal de no hacer ejercicio. No era inusual, siempre buscaba la manera de evitar participar en la clase. Agradecí sabiendo que solo faltaban un par de minutos para que terminara. Me esforcé en mantener un buen ritmo de trote, mi cuerpo parecía quemar por dentro pero no me queje. Lo necesitaba.
Aún estaba teniendo muy presente la conversación con los mellizos, que se habían tomado muy en serio la situación. Incluso habían tomado una hoja y dibujado un intento de plan que descarte por completo. No haría nada de eso.
El silbato del profesor cortó el aire y me deje encorvar sobre mi estómago, mis palmas cayeron en mis rodillas mientras trataba de recuperarme.
—He oído rumores —la voz arrogante de Gustav llegó por detrás—. Muy interesantes sobre ti.
Me enderece con un semblante serio, cruce mis brazos sobre mi pecho, aún un poco agitado. El sudor caía por mi frente y tardé un poco en poder concentrarme como quería.
#785 en Joven Adulto
#2689 en Otros
#669 en Humor
romance joven drama, lgtb amor romance hombres, boys love bl romance
Editado: 27.04.2026