Dulce Willet

Capítulo 17 Un cigarrillo en la esquina

Please Please Please de Sabrina Carpenter

Please, please, please (please, don't prove I'm right)

Don't prove I'm right

And please, please, please

Don't bring me to tears when I just did my makeup so nice.

Willet

Sylvain era un torbellino que me encantaba molestar. Entonces, cuando me abrió la puerta y sus cejas se fruncieron con molestía no pude evitar despeinar su cabello, sabiendo que lo odiaba.

—¡Will! —grito dando un pisotón, intentó sacar mi mano de su cabello y lo deje—, ¿Que haces aquí?

—Vine a ver a Sal —me encogí de hombros fingiendo calma. Metí las manos en mis bolsillos y me balanceé de un lado a otro.

El pequeño se quedó apoyado en la puerta y resopló.

—No está, tuvo una discusión con mamá hace un rato, algo sobre lo que sucedió en la escuela y salió —se encogió de hombros—. Debe estar en la esquina.

Hice una mueca. Si había discutido con su madre es porque se había enterado de lo sucedido. Me sentí un poco culpable así que le agradecí a Sylvain que me sonrió antes de cerrar de nuevo la puerta. Baje el pórtico y camine por el jardín delantero hasta la vereda en silencio.

En mi bolsillo tenía dos cosas, el papel amarillo y una bolsa de caramelos de miel que había comprado en la tarde. Quería agradecerle, cuando se marchó sin decir nada, no se veía bien. Completamente fuera de sí.

Mire hacía una de las esquinas de la cuadra, sabiendo que había un pequeño parque en la esquina. Un farol apenas iluminaba lo suficiente así que ver su figura era bastante difícil.

Lo vi apoyarse en el poste de la esquina. Estaba tenso, sus hombros cuadrados y su cabello terriblemente despeinado. Se veía cansado, el humo del cigarrillo escapó de sus labios, creando una nube blanca que se desvaneció. Me quedé un segundo absorbiendo esa imagen. Era algo inusual ver a Salim romper la imagen de perfección que siempre llevaba y mucho más raro encontrarlo con un cigarrillo. Pero no era la primera vez. Volvió a darle una calada, sus hombros fueron perdiendo rigidez a medida que reanudaba el paso, no se había percatado de mi intromisión todavía. Lo agradecía porque me permitía disfrutar de la vista.

Su remerón amarrillo ancho escondía su cuerpo y el pantalón de jean también ocultaba parte de sus zapatillas. Salim tiró su cabeza hacia atrás, descansando en el poste. Su mirada se centró en las estrellas. El cielo apenas dejaba verlas. Demasiada luz que las eclipsaba. Se volteó en mi dirección, sus ojos estaban cansados, podía verlo. Estaban entrecerrados.

—¿Qué haces ahí parado, Will? —su tono fue bastante neutral mientras me miraba de arriba a abajo.

No me había dado cuenta que me detuve, está vez, quedando como un idiota a la vez que lo miraba fijamente. Mi boca se estiró en una sonrisa y tragué parte de mis nervios mientras me acercaba. La vista era demoledora.

—Ya sabes, estaba de paso y dije ¿Oh, habré molestado lo suficiente a Sal hoy? —exagere y la satisfacción me inundó cuando vi sus comisuras alzarse en una leve sonrisa.

El cigarrillo en su mano se movió, dejando caer la ceniza a un costado.

—¿Y tu respuesta fue que no lo habías hecho? —se enderezó un poco y seguí manteniendo cierta distancia.

Aún con las menos en el bolsillo, sentí el plástico de la bolsa de caramelos, suave y frío. Lo saqué, llamando su atención y lo alcé, mostrándolo, apenas balanceándolo para que haga un poco de ruido.

—Adivinaste y como premio te traje esto —al fin termine de acortar lo que nos separaba, parándome a menos de un brazo de distancia.

Sal ladeo la cabeza y no los tomo. Le dio otra calada al cigarrillo y tiró la colilla al suelo, pisando con fuerza. Molesto, como si esa pobre colilla fuera la responsable de todo lo que seguramente le estaba atormentando. Me quedé ahí, sosteniéndolo, esperando pero se tomó su tiempo. Podía oír los engranajes de su cabeza trabajar a toda marcha.

Cuando pensé que no lo iba a tomar y que estaba haciendo el ridículo él se estiró, sus dedos rozaron los míos, un contacto breve y casi efímero. La bolsa de caramelos fue sujetada con cuidado y su vista bajo a ella.

—Gracias Will —no había una nota de humor o de molestía, fue un susurro casi vacío.

Apreté los labios en una línea, tratando de mantener la calma.

Sus ojos volvieron a mí, su rostro enfrentándome, aunque teníamos poca luz, si me concentraba más podía ver las marcas de los golpes. Levemente rojizos alrededor de su mandíbula. Sentí una chispa de enojo, debí reaccionar más rápido cuando Gustav gritó. No sabía bien cuál había sido el intercambio de palabras que habían tenido antes de eso pero ya había notado que Sal estaba molesto. Que algo le habían afectado y que cuando se giró. Carajo. Cuando se giró fue como ver a Salim por primera vez. La imagen que siempre mantenía se había roto no solo para mí, sino para todos.

Había una vergüenza que teñía sus iris cuando volvió a mirarme, como si supiera en lo que estaba pensando. No dijo nada cuando abrió la bolsa para tomar dos caramelos. Sus dedos temblaban apenas al abrir el envoltorio, como si ni siquiera los caramelos pudieran quedarse quietos entre sus manos. Los llevó a su boca y guardó el resto en el bolsillo. El mismo donde saco la cajita de cigarrillos y un encendedor.




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