Jessica
Querido diario, haría que Salim y Will terminarán, no me importa si debo encerrar a Willet y hacerlo desaparecer. Haré cualquier cosa por recuperar a mi novio.
—Creo que no deberíamos estar aquí —Gustav se quejó mientras nos alejabamos de la gente.
Tenía que encontrar a Salim. No me daría por vencida aún. Tenía que haber algo que pudiera hacer para que abriera los ojos. ¡Éramos perfectos juntos! ¿Porque le costaba tanto admitirlo? Lo que sea que haya hecho Will lo tenía confundido y era mi trabajo hacerlo darse cuenta de su error. Al final, me lo agradecería.
—Callate, Gus, solo hazme caso —dije molesta.
Aún me dolía su rechazo. Pensé que si lo acorralaba él recordaría. Haría memoria de los buenos momentos que pasamos juntos.
Seguí el camino que los había visto tomar. Se alejaron de todos, como si tuvieran que charlar sobre algo importante. Rezaba para que Salim le terminará, que recapacitara y volviera a dónde pertenecía.
—Creo que ahí están —señaló Gus, en las sombras entre los árboles se veían dos figuras, dos sombras que parecían discutir.
Sonreí. Tenían que ser ellos.
—En silencio —le hice un gesto y mi hermano rodó los ojos. Sabía que no estaba aquí porque él quisiera pero Gus me debía una serie de favores que lo obligaban a hacerme caso.
Me escondí detrás de un árbol para poder oír.
—¡Que estoy enamorado de vos, Will! —explotó—. Que ya no puedo seguir fingiendo. Que no quiero más esta mentira, este juego. ¡Quiero algo real! Y lo quiero con vos.
—¿Me estás jodiendo?
—No. Lo único que fue mentira todo este tiempo era decir que no quería tomar tu mano sin razón todo el maldito tiempo.
—¿Entonces por qué dijiste que no podías seguir con esto? ¿Por qué sonaste como si quisieras alejarte?
—Porque me da miedo, Will —confesó—. Porque nunca dije esto en voz alta. Porque no sabía cómo hacerlo sin arruinarlo todo.
—Si esa es tu forma de confesarte es pésima.
—Lo siento. Déjame volver a intentarlo.
—Adelante.
—Me gustas, Willet —suspiro—, eres lo más dulce que tengo en mi vida y pensar que ya no estés me llena de miedo. Yo… Te quiero, Will.
Las lágrimas caían por mis mejillas mientras con mi mano cubría mí boca. Tuve que contener un sollozo, no podía ser. Lo que acababa de escuchar no podía ser cierto. No podía respirar. Mi corazón se estaba rompiendo a la mitad y la mano de Gus en mi hombro era lo único que me mantenía estable.
—¿Jess? —susurro agachándose un poco para mirar mi rostro con preocupación. Su mandíbula se encontraba tensa, incómodo por lo que habíamos oído.
Estaba temblando. Cerré los ojos y más lágrimas cayeron. Me lo pagarían. Salim y Will pagarían por esto.
El pecho me dolía, era como sentir que me habían arrancado un órgano y no quedaba nada. Solo vacío. Mí mente era un caos. Quería regresar y empujar a Willet. Alejarlo de Salim. Golpear, herir. Quería vengarme.
Comencé a caminar de regreso a la fiesta, con todo el maquillaje corrido y los puños apretados. La rabia hervía a fuego alto, cada paso asentaba más y más el dolor. Solloce, soltando un gemido largo y lamentero.
—Los haré pagar —dije con toda la furia que podía albergar en mi corazón. Gus me seguía de cerca. Sus pasos se oían y la respiración tensa que dejaba escapar con sus largas zancadas.
—Lo haremos, Jess —dijo a mis espaldas y me gire a verlo con seriedad—. Esto no quedará impune.
Sonreí, sintiendo como todas las piezas comenzaban a acomodarse en mi cabeza.
Willet
«Traté de concentrarme en la música para encontrar un ritmo adecuado. Lo vi comenzar a mecerse al compás de la música y lo imité.
Me dejé llevar, aunque mis piernas estaban más ocupadas en no temblar que en seguir el ritmo. Salim tampoco bailaba como si supiera demasiado, pero sus movimientos eran suaves, lentos, como si la música no le importara tanto como a mi.
Se acercó un poco. No demasiado. Lo justo para que su perfume, esa mezcla familiar de humo, miel y algo más, me envolviera. Me hizo un gesto con la cabeza, como si quisiera que me acercara. Y lo hice.
—¿Estás seguro que querés bailar conmigo? —bromeé, con una sonrisa apenas disimulando lo nervioso que estaba.
—Si me dejas elegir, siempre elijo bailar con vos —murmuró.
Y ahí estaba otra vez, el absurdo nerviosismo y mis latidos enloquecidos. Era como si hubiera recibido un flechazo.
Nuestros cuerpos se mecieron al ritmo de una canción que no reconocía. La música era apenas un murmullo entre nosotros. Todo mi enfoque estaba en la forma en que sus dedos, que apenas rozaban los míos, parecían querer quedarse ahí».
Me removí incómodo en mi cama. Había menos espacio de lo usual. Me estire aún con los ojos cerrados y sentí una fuente de calor que me llamó lo suficiente para volver acurrucarme contra él. Abrí apenas los ojos en dirección a ese extraño calor y contuve el grito de sorpresa. Me levanté de golpe, casi cayéndome por el borde de la cama. Me tambaleé hacía atrás pero logré sujetarme de las sábanas.
#907 en Joven Adulto
#2877 en Otros
#685 en Humor
romance joven drama, lgtb amor romance hombres, boys love bl romance
Editado: 14.05.2026