Dulce Willet

Capítulo 24 Tic tac, el reloj avanza

Salim

Decir que todo el cuerpo me dolía no era suficiente pero al menos la vista me aliviaba el alma. Le tendí mi mano a Will que la tomó con una sutileza, luego sentí la fría punta del fibrón contra mi piel. Debía concentrarme en los ejercicios de matemáticas, terminarlos y así evitar tener tarea pero Will se robaba cada gramo de mi atención.

Pronto se cumpliría una semana.

—¿Qué te gustaría almorzar? —pregunté cuando volví a ver mi hoja. Fruncí el ceño tratando de comenzar a armar el cálculo en mi cabeza.

—¿Vas a cocinar para mí? —dijo con alegría.

—Lo que tú quieras, la única condición es que entretengas a Sol mientras lo hago —comencé a escribir los números, ya habiendo resuelto el problema—, hoy no tienen clases y no sé cómo voy a sobrevivir a la tarde con ellos.

Vi de reojo su sonrisa, algo en mi se calentó al saber que Will adoraba a mis hermanos tanto como yo. Había querido darle un almuerzo como regalo, invitarlo a casa para estar juntos pero las cosas se habían torcido esa mañana y saber que la presencia de Sol y Sylvain no le molestaba me llenaba de alivio. Al fondo de cuentas, los tres eran las personas más importantes de mi vida.

—Acepto, aún tengo que tomar el té con ella, ¿Pueden ser hamburguesas? Me encantan —pregunto y sonreí, habiendo intuido que esa sería su respuesta.

—Lo que desees, estoy a tus órdenes —suspire con fingido dramatismo. Se rió y siguió pintando mi mano—. Gracias —dije dejando de lado los números.

—No seas tonto —se encogio de hombros con una sonrisa—, si vas agradecerme preferiría que fuera por otra cosa.

—¿Cómo que? —pregunte sin ocultar mi diversión.

—Mmm, no lo sé, déjame pensarlo —llevo el fibron a sus labios, con la tapa incrustada en la otra punta golpeó de forma pensativa su boca. Contuve el escalofrío y sonreí de lado.

—Cuando lo sepas me lo dices —mi voz bajó una octava—, así estaré muy agradecido contigo.

Will no pudo esconder su sonrojo, su sonrisa se volvió nerviosa y se carcajeó, llamando la atención de varias miradas.

—Idiota —mascullo y me dio un suave empujón.

«Me acerqué a mi mamá, estaba con un montón de papeles a su alrededor sobre la mesa. Se veía cansada, estresada así que dude pero ella ya me había notado.

—¿Qué pasa? —dijo y llevé mis manos tras mi espalda, torciendo mis dedos de los nervios.

—Quería hablar contigo —estaba un poco incómodo mientras me sentaba frente suyo.

—Hace mucho que no lo haces —reconoció y vi como hizo una mueca que no pude interpretar. Se recostó en el respaldo—. Antes solías hacerlo siempre conmigo.

Era verdad. Siempre había sido el niño de mamá pero este último tiempo nos habíamos alejado. Ya no cocinábamos juntos, ni hablamos o mirábamos películas. Había sentido su ausencia y me había obligado a sobrellevarla. Levanté la vista, mirándola con cuidado, midiendo mis palabras.

—Lo sé —murmuré lamiendo mis labios. Oía a Sol en el segundo piso, jugando con sus muñecas, ajena a todo lo que sucedía. Me recordé que luego tenía que ir para jugar como se lo había prometido.

—¿Qué querías contarme?

Tragué saliva, regresando a la minuciosa atención de mamá.

—Bueno, es algo complicado —comencé con nervios. No sabía cómo decirle a mamá, temía su reacción.

Mis latidos taladraban mis oídos. Estaba asustado, no lo iba a negar, me asustaba que nuestra relación terminara de fracturarse.

—¿Tiene algo que ver con la pelea? —su tono se volvió un poco más serio y volví a hacer una mueca.

—Si y no —dije en voz baja—, yo sé que quizás esto no vaya a agradarte pero quiero decírtelo. Tiene que ver con Will.

La oí resoplar y me tense.

—Ese amigo tuyo, últimamente te estás metiendo en problemas por él… —masculló y me negué a que siguiera hablando así.

—Will y yo estamos juntos —dije con firmeza, sus ojos se abrieron con sorpresa—. Tenemos una relación.

Intenté controlar mi voz, para que no temblará, que se mantuviera fuerte. Ignore la punzada cuando note que algo cambiaba. Mamá se puso incómoda y me mantuve en silencio, buscando la fuerza para continuar. Aún me dolía el cuerpo por la caída del domingo y mi corazón aún se estaba recuperando de la conversación con papá. Hubiera preferido que la decepción de ambos no fuera tan de golpe pero era mejor enfrentar todo junto, sufrir ahora para luego poder tratar de cuidarme solo. Si los decepciona a ambos no tendría que cumplir sus expectativas. Podía lidiar con eso. Aunque doliera.

—Has cambiado mucho… —dijo en un susurro y me tensé, apretando la mandíbula—. Pensé que querías a Jessica, que lo suyo volvería a funcionar. Nunca creí que tú podrías llegar a…

No continúo pero la conocía suficiente para saber lo que diría, para poder leer las notas de decepción en su voz que por alguna razón se había tornado lenta. Había esperado otra reacción, algún que otro grito o queja pero no sabía cómo tomar esto.




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