Willet
—Sal está llorando —la voz de Sylvain fue un susurro. Me giré a verlo y lo oí, un débil sollozo.
Sol abrió un poco los ojos sorprendida y llevó sus manos a su boca.
—¿Sal? —pregunto con duda e intercambié una mirada con el niño.
—Oye, Sol, mira esto, vamos a jugar a algo —dije llevando mis manos a mi corbata verde deshaciendo el nudo, la saqué de mi cuello y la estire—. Te voy a cubrir los ojos y tú nos tienes que encontrar, ¿Qué te parece?
Tenía que distraer a la niña, no sabía que estaba sucediendo ahí dentro pero aunque me moría por ir y averiguarlo tenía que controlar la situación aquí. Sylvain no tuvo que recibir ninguna instrucción, entendió enseguida lo que estaba haciendo.
—Vamos, Sol, será divertido —dijo y me quitó la corbata de la mano. La niña olvidó lo que había escuchado y contagiada de nuestro entusiasmo fingido se animó.
Sylvain fue delicado haciendo el nudo, atando la corbata sobre sus ojos. Le explicaba en susurros lo que tenía que hacer y ella asentía feliz, dando pequeñas palmadas.
Así logramos sobrellevar la situación, incluso Sylvain pareció olvidar lo que sucedía y se reía mientras huía de su hermana. De vez en cuando daba rápidos vistazos a la puerta de la cocina. Juego con mis anillos de forma ansiosa cuando un par de manos pequeñas se aferraron a mi pantalón.
—¡Te atrapé! —grito feliz y levantó la corbata de sus ojos.
—Oh no —exagere agachándome a su altura—, la princesa me atrapó.
Ella se rió y alzó los brazos triunfante.
—¿Viste, Sylvi? Lo logré —festejo corriendo a su otro hermano justo en el momento en el que su madre aparecía por la puerta. Me tensé un segundo, esperando que Salim también apareciera.
—¿Que lograste, mí cielo? —pregunto y se oía un poco abatida pero tenía una sonrisa. Sol cambió la dirección y corrió a sus brazos. Su madre la levantó y le dio un sonoro beso en la mejilla.
—Atrapé a Will, mami —dijo con una risa.
Me levanté, escuchando como hablaban entre ellas. Luego, su mirada se posó en mi y le di una pequeña sonrisa.
—Gracias —dijo y asentí, sin saber muy bien que decir—, Sal está haciendo la comida, quizás te gustaría ir con él.
Sylvain tomó esas palabras al mismo tiempo que yo, musité algo rápido y fui hacia donde mi novio. Cruce el umbral y lo encontré de espaldas, con la camisa blanca del uniforme arremangada y el cabello, al menos una parte, sujeta en una coleta evitando que cayera sobre sus ojos. Me quedé ahí, paralizado, nunca lo había visto con el cabello así y se veía mucho más atractivo.
—Muévete, Will —Sylvain me empujó un poco para poder pasar y me sacó de mi burbuja. Lo vi plantarse al lado de su hermano, con las manos en sus caderas y dando un suave pisotón.
—¿Que te sucede, terremoto? —su voz era baja, un poco cansada y apagada. Lo vi colocar los medallones de carne en una plancha.
Di un paso hacia adelante, quería estirar mis dedos y pasarlos por su rostro, terminar de borrar el rastro de lágrimas.
—A mi nada —protesta—, ¿A ti qué te pasa?
Me acerqué más, viendo como las comisuras de Sal se elevaban apenas.
—¿Quieres saber? —dijo, está vez logré percibir un poco de diversión.
—Claro que sí, por algo te pregunto —fue divertido presenciar eso, podía sentir cómo la emoción aún se mezclaba con la preocupación en mi pecho.
—Que nadie puso la mesa aún y me preocupaba muchísimo —exagero, soltando un dramático suspiro—, además debo cortar el pan de forma perfecta pero solo tú sabes hacerlo tan bien. ¿Me harías ese favor?
La cara de desconcierto de Sylvain fue mágica, se cruzó de brazos con un resoplido pero aún así hizo lo que su hermano le pidió.
—Tonto —mascullo tomando los vasos y platos. Luego, desapareció dejándonos solos.
Por fin los ojos color miel de Salim se encontraron conmigo, acorté la distancia, precipitándose a su lado, estiré mi mano a su mejilla y limpié lo que parecía haber sido una lágrima. Él me sonrió de lado, tranquilo y la tormenta que llevaba días dando vueltas en sus iris parecía haberse lastimado.
—Tengo ganas de besarte —lo dije bajo, solo para nosotros dos, sus mejillas doradas se colorearon y giró su rostro lo suficiente para dejar un rápido beso en mi palma.
—Siempre tan dulce, Willet —susurro y el crepitar de las hamburguesas llamó su atención, con cuidado, las dio vuelta.
—¿Qué pasó? —dije, apoyando la cadera en la mesada, cruce mis brazos en mi pecho y me dediqué a verlo cocinar. Sus manos se movían de forma precisa mientras tomaba el tomate para cortar varias rodajas. No dudaba en ninguno de sus movimientos.
Esto era lo suyo. Su zona.
—Tuve una conversación con mamá —tragó saliva y lo vi dudar—. Creo que me siento un poco más ligero después de todo.
Asentí, sabía cada uno de los sucesos que habían acontecido en los últimos días. Desde la pelea con su padre, la caída y la conversación de ayer con su madre. También conocía el porqué no estaba siendo explícito en sus palabras, podía ver la cabeza asomada y lo que sea que hubieran hablado no era algo que Sylvain tenía que saber.
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Editado: 05.06.2026