Dulce Willet

Capítulo 27 Hermanas time

Salim

«—¿Tu madre lo sabe? —papá preguntó de brazos cruzados. No lo había escuchado acercarse, estaba ocupado vigilando a su novia que trataba de acercarse a Sol.

No me agradaba.

—¿A qué cosa? —dije y le di otro sorbo a mi bebida. Nos había traído a un restaurante infantil para tratar de repasar un momento familiar.

Deje de mirar a Sol, y busque a Sylvain con la mirada. Estaba con su amigo Max, al que había logrado invitar, cerca de las máquinas tragamonedas, discutiendo qué muñeco iban a intentar sacar.

—A tu nueva relación —hizo una pausa—, ¿Se llamaba Wil, cierto?

Suspiré. A veces me sorprendía la nula capacidad que tenía para memorizar nombres. Lo dijo como si Will fuera una persona reciente en mi vida y no mi mejor amigo de años.

—Si —dije sin humor—, mamá ya lo sabe y está de acuerdo. Si lo que estás intentando es que busqué tu aprobación —lo mire con seriedad—, déjame decirte que no lo estoy haciendo.

—Esa no es forma de hablarle a tu padre —dijo de mal humor—. No importa, los traje aquí para que podamos pasar un buen momento. Al menos se bueno y hazlo por mi. Trata bien a Magie, ella solo quiere conocerlos.

Resoplé y vi a la mujer joven que trataba de hacer reir a mi hermana pero no lo conseguía. Podía ver la frustración en su cara.

—No vine por ti —señale a Sol y a Sylvain—, si estoy aquí es por ellos. Son lo único que me importa.

—Entonces, colabora —apreté la mandíbula alejándome.

Me acerqué a mí hermano, tratando de disimular mi malestar, me recosté en la máquina viéndolos renegar con la garra.

—Esto es imposible —se quejó Max, y pasó sus manos por su rostro, estirándose de forma graciosa, Sylvain metió otra moneda, con el rostro confundido.

—¿Cuántos intentos llevan? —pregunte.

—Diez —dijeron al unísono.

—Conozco un truco —dije mirando el costado de la máquina. Había venido varias veces a este restaurante, conocía cada rincón y lo caprichosas que eran los juegos—, comienza a jugar.

Ambos me hicieron caso y cuando la garra sujetó el muñeco, golpee la parte baja, justo el lugar indicado que Martín me había enseñado cuando éramos más chicos. La máquina se tambaleó pero la garra no soltó hasta que estuvo en el hueco.

El muñeco de estrella era suyo. Ambos festejaron con pequeños gritos de emoción, llamando la atención. Sol no tardó en aparecer con una gran sonrisa, queriendo sumarse al festejo, ella abrazó a Sylvain y también comenzó a saltar.

Sonreí de lado y saque mi celular del bolsillo para tomarles una foto rápida. Se la envié a mamá, que me había pedido que la mantuviera informada. Volví a guardarlo en mi bolsillo cuando Magie se acercó con una sonrisa tensa y ambas manos juntas.

—Eso fue increíble, chicos —dijo pero ninguno le prestó atención, su mirada se posó en mí—, ¿Cómo lo hiciste?

Me encogí de hombros.

—Conozco un truco —no tenía muchas ganas de hablar con ella. Despeine un poco a Sol, mi mano se movió en una caricia rápida en su cabeza y se quejó—, voy a ir afuera un rato.

Fue lo único que dije antes de volver a alejarme, sentí la mirada de papá clavada en mi espalda cuando empujé la puerta. Solo caminé unos metros hasta apoyarme en la pared y sacar la caja de cigarrillos. Encendí uno rápido y le di una suave calada. Descanse mi cabeza en la pared y cerré los ojos, suspirando y tratando de mantener la calma.

—No sabía que fumabas —no lo escuché aparecer, papá se quedó parado en medio de la vereda. Las luces de la calle nos alumbraban, con ese amarrillo cálido que en realidad no alumbraba un carajo—, ¿Hace cuanto?

—Años —respondí con sequedad.

El hice una mueca, notablemente frustrado por mi comentario. No sabía qué esperaba de mi, trataba de no pensar en ello. Estaba cansado, solo quería terminar con esto y acostarme a dormir. Se acercó y me tensé en respuesta, tuve que contener el impulso de volver a darle una calada al cigarrillo, no quería tentar mi suerte a su alrededor. Había algo en sus ojos mientras me miraba, la forma en la que inclinaba apenas su rostro. Me estaba estudiando, me sometía a un análisis.

—Cuando termines eso, vuelve adentro, Sol no quiere comer sin ti.

Fue todo lo que dijo pero debí saber que quería decir más. Se dio media vuelta y volvió a entrar. Me quedé ahí, solo. En el silencio de la noche y con una tormenta en mi pecho».

Me gustaba estar en la casa de Will. Tenía algo cálido en el ambiente, tan hogareño. El aire aquí no pesaba. No tenía que cuidar cada palabra. Solo podía existir. Estaba sentado en el sillón con Wanda mientras que Will se encargaba de ayudar a Wendy sobre cómo quería estar maquillada el día de su boda.

—Sigo sin saber porque no contratas a un profesional —lo oí murmurar al girarse a buscar algún producto de su estuche.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.